lunes, 26 de septiembre de 2011

Ley Glass-Steagall: ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Cuantas más defensas induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.

La crisis económico-financiera de 2008 pasará a la historia junto con la de 1929 como las dos más perniciosas del capitalismo. Y aunque ahora ya prácticamente no se hacen analogías entre la una y la otra, nosotros pensamos que cada vez se asemejan más. Por eso posiblemente sus soluciones también deban tener un gran parecido.
Ambas crisis surgieron de un período de alegría incontenida, de una época en la que todos creían que el bienestar estaba garantizado y que el capitalismo había conseguido encontrar la vía para un crecimiento sin límite; de un período en el que el sector real/productivo cedió su predominio al financiero/especulativo, y todos consideraron que era más rentable ganarse la vida invirtiendo en acciones, bonos, futuros… en vez de crear empresas y trabajar; y, sobre todo, de un sector financiero absolutamente desregularizado, del capitalismo salvaje.
Para hacer frente a la Gran Depresión una de las decisiones más importantes que se tomó –y probablemente una de las más desconocidas- fue el establecimiento en 1933 de la Ley Glass Steagall, que promovió la separación entre la banca comercial y la banca de inversión. De hecho, nosotros creemos que esta ley tuvo tanta trascendencia para superar la primera gran crisis del capitalismo como la política keynesiana del New Deal de Roosevelt. Un simple dato de su relevancia: durante los 67 años que estuvo vigente –hasta la aprobación por Bill Clinton el 12 de noviembre de 1999 del Financial Services Modernization Act, más conocido como Gramm-Leach-Bliley Act- el capitalismo sufrió varias crisis, pero ninguna de la entidad de la que se produjo en 1929; tras su derogación, introduciendo la plena liberalización del sistema financiero, este solo tardó 7 años en hundirse y arrastrar al resto de la economía a una crisis sin precedentes.
Pero, ¿qué significa la separación entre la banca comercial y la banca de inversión? ¿Qué son cada una de ellas? En la banca comercial, o banca tradicional, lo que las entidades hacen es coger el dinero que depositan los ahorradores y prestárselo a las empresas para llevar a cabo la actividad productiva, obteniendo un beneficio por esa labor. La diferencia entre lo que pagan y lo que cobran es positiva, y ahí reside su beneficio básico. Es el típico negocio de intermediación, cuyo beneficio es muy estable y hace extremadamente difícil que un banco comercial entre en pérdidas. Por su parte, la banca de inversión se dedica a sacar empresas a Bolsa, diseñar y ejecutar OPA's, fusiones, emisiones de bonos, operaciones de trading de gran volumen en los mercados financieros, etc. Es la parte creativa del negocio bancario, por lo que si bien sus beneficios pueden ser muy elevados también son mucho más inestables. En los momentos buenos de la economía gana mucho más dinero que la banca comercial, pero en los momentos de desaceleración puede sufrir grandes caídas de beneficios e incluso entrar en pérdidas.
La ola liberalizadora que surgió tras el Gramm-Leach-Bliley Act tuvo como resultado la fusión entre los dos tipos de banca, y todos se dedicaron a hacer de todo. De hecho, permitió a los bancos realizar una actividad denominada propietary trading consistente en invertir su propio dinero en todo tipo de activos, pero sobre todo en los más rentables y, consecuentemente, más arriesgados: certificados de depósitos, futuros… Su apalancamiento, es decir la inversión ligada a cada euro propio del banco, llegó a ser de entre 40€ en USA y 60€ en Europa. Pero el propietary trading tiene dos efectos perversos: el primero que pone en riesgo a la institución financiera, ya que ahora no invierte (y expone) el dinero de sus clientes sino el suyo propio. Y con esas tasas de apalancamiento cualquier desajuste puede provocar el caos; y en segundo lugar, como se demostró en el caso de Goldman Sachs, que la institución financiera puede actuar contra los intereses de sus clientes (les vendía Certificados de Depósito y con el dinero del banco “apostaba” a que el valor de esos CDOs iba a descender). Obama ha querido prohibirlo pero no ha podido.
¿En qué se traduce todo esto? Pues que en nuestra opinión no solo no se ha salido de la crisis de 2008 como se está intentando vender a todo el mundo, sino que lo que se está haciendo es una cura paliativa, se está tratando de aliviar los síntomas; pero el problema financiero que está en el origen no se ha corregido, no se ha hecho por falta de voluntad política. Y nuestra propuesta es sencilla: ¿por qué no retornamos a una renovada Ley Glass Steagall que ponga orden entre tanto caos especulativo? ¿Por qué no separamos nuevamente la banca comercial, que se dedicaría a su misión fundacional de intermediación y en esa medida permitiría que fluyese el crédito, de la de inversión, especializada en actividades más propias de un casino en la actualidad?
Los políticos europeos andan perdidos en sus nacionalismos y visión cortoplacista; parecen comportarse como un replicante ( Blade Runner,1982) desorientado en busca de respuestas .Y como en la genial novela de 1968 de Philip K. Dick habría que preguntarles: ¿sueñan los androides (europeos) con ovejas eléctricas?

© José A. Martínez y José L. Calvo 2011. No citar sin autorización expresa de los autores.

martes, 13 de septiembre de 2011

The Day After Greece. Imitation of Life

El que los adversarios vivan o mueran depende de ti; así pues, es como si fueras el director de su destino.
En la película dirigida por Roland Emmerich en 2004 The Day After Tomorrow el protagonista sugiere que el calentamiento global podría provocar un cambio brusco y catastrófico en el clima de la Tierra, al igual que sucedió hace diez mil años; por eso alerta a las autoridades del peligro, pero su advertencia llega demasiado tarde y graves eventos climatológicos comienzan a suceder alrededor del planeta.
Tenemos la impresión de que algo muy similar está pasando ahora mismo en la economía mundial (no sólo europea). Las señales están ahí: incertidumbre, volatilidad, derrumbe de las bolsas, problemas de deuda soberana y anuncios oficiales (FMI, OCDE, BM) de recesión o Gran Depresión. El Presidente Obama habló hoy sobre Grecia y señaló que es ahora mismo el "gran problema inmediato", aunque "el mayor problema" es, "lo que pase en España e Italia si los mercados siguen arremetiendo contra esos países muy grandes". Este lunes (12/09) las Bolsas vivieron una jornada negra, arrastradas por rumores de que Grecia se encuentra en quiebra, algo que, de confirmarse, podría suponer un problema de dos billones de euros en la banca europea. La Presidencia de Norteamérica piensa que las turbulencias del euro tienen un "impacto enorme en toda la economía, no solo en los Estados Unidos". El Presidente insistió: "nos encontramos en profundo contacto con los europeos para tratar de resolver esta crisis". Por su parte, Krugman, en un brillante artículo publicado hoy mismo, manifiesta lo siguiente: "España, en concreto, tenía superávit presupuestario y una deuda baja antes de la crisis financiera de 2008; se podría decir que su historial fiscal era impecable. Y aunque fue golpeada duramente por el fin de su boom inmobiliario, sigue siendo un país con una deuda relativamente baja y resulta difícil defender el argumento de que la situación fiscal subyacente del Gobierno de España sea peor que la de, por ejemplo, el Gobierno británico. Entonces, ¿por qué tiene España -junto con Italia, que tiene una deuda más alta…tantos problemas? La respuesta es que estos países se enfrentan a algo muy parecido a una espantada masiva bancaria, excepto por el hecho de que la retirada masiva de fondos afecta a los Gobiernos, en vez de…a sus instituciones financieras: los inversores, por la razón que sea, tienen miedo de que un país no sea capaz de pagar sus deudas. Esto hace que no estén dispuestos a comprar los bonos del país o, al menos, no salvo que se les ofrezca un tipo de interés muy alto".
Los últimos datos de la economía estadounidense y de la zona euro señalan la existencia de una nueva recesión en esta crisis que parece no tener final. Los “brotes verdes” europeos y americanos se han secado. Y mientras, el mundo académico y profesional se sume en un nuevo debate sobre si la crisis presenta forma de V, de U con un largo período en el “fondo”, en forma de W…
Consideramos este debate estéril, y seguimos manteniendo nuestra posición ya comentada en algunos posts: esta es una crisis sistémica, de forma que hasta que no se resuelvan las incógnitas que plantean el paso del sistema actual hacia una nueva forma de entender el capitalismo no será posible salir de la crisis. Dicho en términos que entendamos todos, en septiembre de 2007 el “muro” del capitalismo también cayó, y todavía no hemos encontrado el camino para manejarnos sin él.
Pero ¿qué es una crisis sistémica? Esta pregunta nos la han realizado algunos participantes en el blog –a quienes queremos agradecer públicamente sus comentarios-. A nuestro juicio una crisis sistémica se produce cuando una forma de entender el mundo –desde la perspectiva económica pero también social, política, de sistema de valores…- se queda obsoleta y la nueva concepción no se ha instalado plenamente. Ese confuso período de adaptación, con pasos en múltiples direcciones, muchas de ellas erróneas, es lo que define este tipo de crisis.
Centrémonos en cuatro aspecto que, nuevamente según nuestra forma de entender, van a resultar completamente transformados en este período de crisis: el modo de producción; la distribución de poder entre las potencias económicas; el papel del sistema financiero; y el estado del bienestar.
Por lo que se refiere al primero de los aspectos, el sistema productivo que funcionó desde la Revolución Industrial ha ido siendo sustituido paulatinamente por la Sociedad del Conocimiento. Esto supone no solo un cambio en la forma de entender la fabricación –por ejemplo en esta economía de sobreproducción el consumidor es “el rey” y ya no funciona la Ley de Say- sino también en las formas de competencia entre empresas –con el predominio de la diferenciación vía innovación-, de la invalidez de criterios tan en boga durante el siglo XX como las economías de escala e incluso de las relaciones laborales. La concentración de los trabajadores en grandes empresas ya no es necesaria en la mayoría de los sectores, y cada vez se hace un uso más intensivo del teletrabajo. Al final de esta crisis –concebida como período de transición- se habrá impuesto un nuevo modelo productivo y de relaciones laborales muy alejado del que predominó a lo largo del siglo XX.
La salida a la crisis actual verá una nueva distribución del poder económico y político. Dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Europea, aparecen como las grandes perdedoras, mientras que los BRIC, y en concreto Rusia y fundamentalmente China, son las más que factibles ganadoras. Para cuando la crisis actual haya terminado China habrá superado a EE.UU. como primera potencia mundial, marcando un nuevo devenir de la historia moderna. Por su parte, la Unión Europea está herida de muerte, y si bien es posible que sobreviva a esta crisis, aquél proyecto de una Europa unida tanto en lo económico como en lo político ha demostrado ser una entelequia. Hemos demostrado ser tan terriblemente diferentes no solo económica sino también social y culturalmente como para ser capaces de “remar juntos cuando la mar se pone mala”.
En cuanto al sistema financiero, este deberá renunciar a eso que tan alegremente se denominó “ingeniería financiera” y volver a sus a orígenes: la intermediación entre los ahorradores y los inversores. El nuevo sistema capitalista deberá imponer reglas muy estrictas al sistema financiero para evitar la especulación: volver, en suma, a la Ley Glass Steagall, de separación de la banca en la sombra.
Finalmente, hay que ser conscientes de que el Estado del bienestar que tan bien funcionó durante el siglo XX es insostenible en el futuro. En países como España la universalidad y gratuidad de la sanidad –como demuestra la tragedia de los comunes-; las jubilaciones a los 65 años –con una esperanza de vida de 85- y pensiones no ligadas a la riqueza de los individuos; el actual sistema de prestaciones por desempleo –con 4,5 millones de personas metiendo mano en la caja común por necesidad- o la práctica gratuidad de la enseñanza universitaria, entre otros, son inviables a medio y largo plazo. Y sería bueno que la socialdemocracia española lo reconociese y empezase a buscar soluciones imaginativas, porque los conservadores las tienen muy claras: privatización (como ya ha hecho con la educación y la sanidad en comunidades como Madrid y Valencia).
Esto son solo unas pinceladas de lo que para nosotros es una crisis sistémica como la actual. Hay, desde luego, muchos más puntos, y de los aquí comentados volveremos a hablar en el futuro. No obstante, esperamos haber hecho un poco de luz en un tema tan manipulado.
Terminamos con un comentario casero: Alemania ha vuelto a demostrar que solo tiene una forma de entender la convivencia entre los pueblos europeos: bajo su bota. Y señalando injustamente a culpables que no lo son. Porque, como muy bien dice Krugman: "Y el hecho de que el país deba refinanciar su deuda a tipos de interés altos empeora sus perspectivas fiscales, lo que hace el impago más probable, de modo que la crisis de confianza se convierte en una profecía que acaba cumpliéndose". Nadie sabe lo que pasará el día después de Grecia, nadie lo sabe, pero nosotros exigimos, desde aquí, responsabilidad a los políticos y que tengan en cuenta las palabras del Libro de la Sabiduría (LA SABIDURÍA Y EL DESTINO DEL HOMBRE): "Pues todo lo creó para que perdurase, y saludables son las criaturas del mundo". Imitemos a la vida, emulemos lo bueno y ayudemos a los demás: esperemos que el nuevo capitalismo sea, como mínimo, tan solidario como lo fue el del siglo XX.

© José L. Calvo y José A. Martínez, 2011.

viernes, 26 de agosto de 2011

Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones

"Lo que distingue al hombre de los otros animales son las preocupaciones financieras".
Jules Renard (1864-1910) Escritor y dramaturgo francés.
"La mejor victoria es la que se logra con una planificación inteligente". Sun Tzu.

El debate sobre el control del déficit público forma parte del análisis económico desde prácticamente su principio. A la necesidad de un presupuesto equilibrado anual se la conoce como la Regla de Oro del presupuesto clásico. Todos los grandes pensadores económicos, desde Adam Smith(1723-1790) a Keynes(1893-1946), pasando por Friedman(1912-2006) o los defensores de la herejía keynesiana como el Premio Nobel de Economía (2008), Paul Krugman han discutido sobre la necesidad de establecer una limitación estricta a los gastos públicos de forma que estos no superen los ingresos o, por el contrario, permitir un cierto “margen de maniobra” temporal. John Kenneth Galbraith, economista keynesiano, lo expresaba de forma certera en 1958, en su The Affluent Society, "…las tendencias dilapidadoras de príncipes y repúblicas fueron reprimidas a través de la norma que les obligaba indefectiblemente a ingresar tanto dinero como gastaban. Las consecuencias de la violación de esta regla han sido siempre desafortunadas a largo plazo, y a menudo también lo han sido a corto plazo". Nuevamente es Galbraith quién resume perfectamente la argumentación de aquellos que defienden la restricción total cuando señala que: “…la norma que requería un presupuesto equilibrado había sido concebida para gobiernos que eran irresponsables, por su naturaleza o porque la experiencia lo demostraba, en asuntos fiscales”; por su parte, los defensores de la posibilidad de un cierto déficit en situaciones de recesión económica consideran este necesario para impulsar la actividad económica y permitir la recuperación en los períodos “bajos” del ciclo económico. Kondrátiev (1892-1938) formuló diversas teorías sobre el ciclo económico, la más recomendable es la del ciclo largo, divulgada en occidente por Joseph Alois Schumpeter (1883-1950), como parte de su modelo tricíclico. La aportación más relevante de este gran economista (catedrático de Harvard desde 1932) fue la concepción cíclica e irregular del crecimiento económico. Hoy, en esta vieja Europa urge encontrar un camino que nos libere de los miedos irracionales, de la desconfianza y de esos factores psicológicos que están detrás del comportamiento de inversores, financieros y especuladores y que, como en el sueño de José (Génesis 1:41:1 - 1:41:36) debemos saber interpretar, porque nos pueden facilitar la vía de salida de esta cruel y despiadada crisis. José le habla al faraón de lo que en Teoría Económica se conoce como "ciclos" y de que hay que prepararse en los tiempos de bonanza para las épocas de escasez.
Todo esto viene a colación de la transcendental, y sorprendente, propuesta del Presidente Zapatero para llevar a cabo una reforma de la Constitución española que incorpore una limitación al déficit de las Administraciones públicas. Esto supone la primera modificación de nuestra Constitución desde 1978, por lo que debería ser analizada con sosiego y consultada a toda la población.
Partamos de un principio común: todos los economistas han sido, son y seremos partidarios de unas cuentas públicas saneadas en el medio y largo plazo. Por ello, el debate no es si debe o no existir déficit cero, sino de si esta medida se debe aplicar en todos y cada uno de los años fiscales y si debe consagrarse en la Carta Magna. Es en el primer punto donde también se centra la discusión entre el PSOE, que está más en la idea de permitir pequeños déficits –sin cuantificar- en períodos en los que la tasa de crecimiento de la economía española no supere el 2% del PIB, y el PP, partidario de la más estricta doctrina neoclásica de déficit cero en cualquier circunstancia. Recordemos que los criterios de convergencia de Maastricht ya señalaban una hoja de ruta fiscal más flexible que el equilibrio presupuestario permitiendo un déficit público del 3% del PIB.
Desde un punto de vista técnico, si los gastos de un país crecen a un ritmo superior a sus gastos la única forma de financiarlo es emitir Deuda. Esta, a su vez, genera unos intereses que es preciso pagar y que deben incluirse dentro del presupuesto de gasto. Si ese déficit se mantiene en el tiempo, la emisión de Deuda también lo hará, lo que llevará a que cada vez una mayor parte de los gastos del estado estén representados por los intereses de esa deuda, pudiendo dar origen a una situación explosiva –básicamente cuando el tipo de interés sea superior a la tasa de crecimiento de la economía-. Eso lo saben muy bien los mercados, que a partir de un determinado momento considerarán que el país empieza a tener problemas para pagar, por lo que, en un primer momento demandarán tipos de interés mayores para luego negarse a comprar esa deuda ante la perspectiva de no cobrar –el ya famoso default-. Por ello, la disciplina fiscal no solo es necesaria, sino imprescindible.
A esto, y en el caso español, hay que sumar una situación muy grave procedente de una utilización del gasto público en los últimos años que entra de lleno en los “gobiernos que eran irresponsables” de Galbraith. No deseamos insistir nuevamente sobre el hecho de haber pasado de un superávit del 2,2% del PIB en 2007 a un déficit del 11% en 2009, pero sin una política económica tan catastrófica España no se vería en la obligación, impuesta por sus socios europeos en la carta del BCE, de reformar su Constitución para evitar que nuevos políticos inconscientes aboquen al país a la quiebra. Algo muy similar, por otro lado, a lo que ha pasado en el resto de los PIIGS (ahora con Italia entre nosotros). Es, sencillamente, un problema de desconfianza europea y de los mercados hacia nuestra clase política, lo que les debería hacer reflexionar.
Pero si todos estos argumentos son ciertos, no vemos tanto la necesidad de que la disciplina fiscal deba ser consagrada en la Constitución y mucho menos que el cambio deba ser tan precipitado, tomando además la decisión los mismos “inconscientes” que nos ha llevado a la intervención de nuestra economía. Porque, por mucho que nos intenten vender, la actual reforma de la Constitución que se solicita está impuesta por los mercados –quienes quieran que sean- y nuestros socios europeos –estamos, en estos momentos en una situación de tutela económica ejercida por Merkel, Sarkozy y el BCE-. En esa medida nuestra soberanía y democracia se ven comprometidas.
En definitiva, si bien apoyamos el control de déficit para evitar que los “políticos irresponsables” vuelvan a hacer de las suyas, creemos que su inclusión en la Constitución es una medida que, en cualquier caso, debería ser discutida y explicada con más tiempo y en profundidad. La Constitución de 1978 no es algo que se modifique cada año, debe tener una solera, y es preciso entender que los principios económicos que ya la inspiran pueden entrar en contradicción con la reforma propuesta. Dudamos que consagrar una opción concreta de política económica en la Constitución, sea la vía correcta. Pero, si se hace, se debería o bien consultar a todos los españoles vía referendum, o conseguir un amplísimo acuerdo parlamentario de al menos el 80-90 % de las fuerzas políticas. Y decimos más: se debería aprovechar la ocasión para sentar las bases de un consenso político entre los dos grandes partidos de España para establecer las reformas necesarias de salida de la crisis. El Decálogo de ineludible cumplimiento de ese Gran Pacto sería el siguiente: 1º) Reforma del sistema financiero español con la vuelta a su labor fundamental de intermediación y control estricto de las actividades especulativas; 2º) Flexibilización del mercado de trabajo; 3º) Reforma de las Administracioens públicas para evitar duplicidades; 4º) Introducir criterios de eficiencia, eficacia y equidad en las decisiones públicas; 5º) Lograr los objetivos al mínimo coste; 6º) Desmantelamiento de los actuales 17 mercados, regulados cada uno por una autonomía; 7º) Flexibilidad y libertad de los factores de producción 8º) Reforma de las pensiones: edad de jubilación a los 70 años, supresión de las prejubilaciones; 9º) Incremento de la inversión en educación básica y superior y 10º) Interiorizar el principio de la emulación: inversión en investigación científica y técnica para el desarrollo industrial y tecnológico. Estos mandamientos se encierran en dos: 1º) no subirás impuestos pero reducirás gastos (en el propio Estado, las CCAA y las corporaciones locales) y 2º) Como decía el fundador de nuestra ciencia: Investigarás (y emularás) la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

© José A. Martínez y José L. Calvo, 2011.

sábado, 6 de agosto de 2011

La hora de los valientes. En lo esencial, unidad

En cuanto la tropa se halle fuertemente unida, el valiente no tiene ocasión de avanzar solo, el cobarde no tiene ocasión de retroceder solo. Este es el método para emplear a muchos hombres.
Los coetáneos de los grandes sucesos históricos no suelen ser conscientes de ellos, precisamente porque los están viviendo en ese momento. Nosotros creemos que el mundo está en uno de esos procesos de transformación histórica: el sistema económico vigente está mutando. Y esos cambios o transformaciones suelen ser dolorosas, si son radicales. Veamos tres escenarios posibles (hay más, lógicamente) uno el americano e internacional, otro el europeo y, finalmente, el español. Nuestro post de hoy es más largo de lo habitual, pero la ocasión lo merece: queremos dejar clara nuestra posición.
Primer escenario. Después del acuerdo forzado sobre el techo de deuda en USA, los mercados tienen dudas con los Estados Unidos: "La rebaja está motivada porque la consolidación fiscal acordada por el Congreso y la Administración se queda corta, de lo que sería necesaria para estabilizar la dinámica de deuda a medio plazo del gobierno", indicó Standard & Poor's en un comunicado oficial. Esta agencia de calificación crediticia acaba de rebajar la calificación de la deuda de EEUU por primera vez en la historia al pasarla de AAA, la máxima posible, a un escalón menos AA+. Además, la agencia china de calificación Dagong Global Credit ha rebajado la nota de solvencia de EE UU, hasta A desde A+ con perspectiva negativa, al considerar que el acuerdo alcanzado para elevar el techo de deuda no revierte la tendencia de crecimiento del endeudamiento del país por encima del ritmo de su recuperación económica. Con esto queremos decir que, excepto en Asia, concretamente en China, las grandes potencias o bloques económicos industrializados parecen tener problemas económico-financieros con la perspectiva de entrar, de nuevo, en una recesión global que será, necesariamente, sistémica. Y también irreversible. China desea desde hace tiempo la sustitución del dólar como moneda de reserva internacional por los derechos especiales de giro. China, con 1.300 millones de personas y un capitalismo de estado (gobernado por el partido comunista) está buscando el liderazgo político y económico del mundo en el siglo XXI.
Segundo escenario. La situación actual en Europa es complejísima: con unos diferenciales de deuda para Italia y España que rondan los 400 puntos, suponen que ambos países deben pagar tipos de interés por los bonos a 10 años en el entorno del 6%, habiendo llegado al 6,4% en el caso español. Como bien señalaba ayer el Presidente de la Comisión Europea, José Durao Barroso, y hoy mismo negaba el ministro de finanzas alemán, la actual situación ha sobrepasado a los países periféricos de la UE y está alcanzando el corazón de la Unión. Porque, y este es un argumento que nosotros hemos defendido desde hace mucho tiempo, nadie está libre de los ataques especulativos de los mercados. El patrón de ataque es evidente, primero se inventan el acrónimo PIGS, luego utilizan expresiones como los "periféricos", después se transmite al ciudadano una imagen errónea que asocia las políticas de austeridad fiscal con la inmunidad ante esos ataques del lado oscuro financiero. Nosotros defendemos las políticas de equilibrio presupuestario: debes hacerlas por principio, las debes tener en tu ADN fiscal; esto es, si te exigen el 3%, tener tú el déficit cero o incluso superávit. Pero lo que deben tener ustedes claro es que los ataques seguirán existiendo. La diana está puesta en el euro y la Unión Europea. Una vez derribados Grecia, Irlanda y Portugal, el objetivo hasta ayer mismo era España, pero hoy hemos visto como “nos sobrepasaba” Italia, y se está acercando muy peligrosamente Bélgica. Esto supone que el margen de maniobra para Francia, Alemania y el resto de la UE se va estrechando cada vez más, por mucho que lo nieguen los teutones. De hecho, los analistas sitúan ahora en primera línea de intervención a Italia, por encima de nuestro país. El motivo es muy claro si tenemos en cuenta que si bien ambas economías están prácticamente estancadas, con crecimientos mínimos, el porcentaje que representa la deuda pública sobre el PIB es muy superior en el país transalpino: un 120% del PIB frente a un 67% en el nuestro. ¿Cómo hacer frente a esta situación? Creemos que el título de este post es muy expresivo y refleja claramente nuestra posición. Es la hora de que alguien “coja el toro por los cuernos” en España y en la UE, que se enfrente a la situación con realismo. Es el momento de que la Unión Europea se haga creíble, actuando como una unidad, despejando las dudas. Es la hora de los valientes. De los que toman decisiones en beneficio de todos por encima de intereses personales, partidistas o de país. De esos políticos europeos que se den cuenta de que para frenar los ataques de los mercados ya no sirven las medidas neoclásicas de recorte del sector público y liberalización, sino que la única posible es la credibilidad del proyecto político de la Unión Europea. Y eso supone que ante la especulación contra uno de los 27 la actuación debe ser conjunta, unánime y perfectamente visible (otra cosa es que luego haya que “poner orden en casa”, con un férreo control de la política fiscal, aplicando estrictamente las normas del Pacto de Estabilidad, sin posibilidades de relajación). De esos personajes que sepan trasmitir el mensaje de que pase lo que pase la UE va a defender a sus miembros. Es la hora del todos o ninguno –se equivocan los alemanes si piensan que pueden salvarse solos tirando lastre. Para su desgracia en 2000 se embarcaron en el Eurosistema, y aunque aquél barco que parecía el de Vacaciones en el mar se ha convertido en una patera, la única posibilidad de llegar a la orilla es la de remar todos juntos. Alemania no tiene inmunidad ante los especuladores: igualmente podrá ser atacada.
Tercer escenario. Los ataques de los mercados a España son el reflejo de lo que se está haciendo mal en nuestro país y en la UE. La deuda pública española se situará en los 733.428 millones de euros en 2011 --94.661 millones más que en 2010--, lo que equivale al 67,2% del PIB, medio punto por debajo de la previsión recogida en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para este año, que la situaban en el 68,7%. Estamos todavía por debajo de la media europea (80%) y de los principales países de la UE: Francia con un 81,7% en 2010 y Alemania con un 83,2% para ese mismo año. Lo malo de nuestro deuda pública, en relación al PIB, se encuentra en su evolución y no en su cuantía: en 2007 era del 36,1%, en 2008 ascendió al 39,7%, en 2009 fue ya del 54,3 y, en 2010 del 60,1% del PIB. Esto se debe a una enloquecida política de gasto público –no queremos volver a insistir sobre el Plan D-espilfarro, al que ya criticamos muy durante en agosto de 2009- que hizo que pasásemos de un superávit público de un 2,2% del PIB en 2007 a un déficit del 4,1 en 2008 y al 11,1% en 2009. Dicho en cifras redondas, el gobierno dilapidó en dos años 13,3 puntos del PIB, unos 150.000 millones de euros (para que se hagan una idea comparativa, la reducción del sueldo de los funcionarios un 5% ha supuesto un ahorro de 10.000 millones); es decir, una clara muestra de incompetencia fiscal. No parece que esos ataques sean, en consecuencia, muy justificados, sino es por la falta de credibilidad de España por culpa de la imagen que transmiten nuestros políticos por el mundo: escaso talento, precariedad intelectual y nulo liderazgo. España necesita gigantes: estadistas como Sarkozy, Obama o Lula Da Silva, que en las dificultades saben tomar decisiones. Lula en un Brasil en peor situación que nosotros supo tomar el camino adecuado. Hoy Brasil tiene una gran imagen exterior, está metido en todos los foros internacionales y compitiendo (como BRIC) en cuota de mercado dentro de las grandes potencias emergentes. En el caso español parece que por fin nuestras propuestas van calando en algunos miembros de una clase política que hasta ahora ha vivido de espaldas a la realidad enfrascada en sus batallitas por ver quién se hace con la poltrona. Ayer, el Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, llamaba a un gobierno de concentración nacional –nosotros lo pedimos el 29 de enero de 2010 en este mismo blog- y a la suspensión de la política de “café para todos” de las autonomías –pueden consultar nuestro post del 15 de septiembre de 2008 sobre la propuesta de estado federal reduciendo el número de autonomías-.
Conclusión. Imaginen ustedes que estamos en una isla desierta: un avión se ha estrellado y ha dejado 27 supervivientes. Cada uno de ellos con talentos distintos, con diferentes cualidades, pero ninguno por sí mismo sería capaz de encontrar el camino de vuelta a casa si no tiene la ayuda de los demás. Tienen que entender, primero, que están en una situación de vida o muerte; después deben evaluar correctamente esa situación, comprenderla y poner las bases para salir de ella. Para lograrlo, entenderán que todos se necesitan mutuamente, que todos son necesarios, que (de muchos, uno) no hay nadie se pueda beneficiar individualmente a largo plazo. Y sólo trabajando unidos lo conseguirán.
(A) España necesita una política presupuestaria muy estricta y para ello es preciso interiorizar el concepto de austeridad total, desarrollar una nueva Ley de Estabilidad Presupuestaria que ponga techo al despilfarro autonómico, evitar duplicidades y reordenar el estado autonómico: no puede haber 17 unidades de mercado; debemos ir a un tamaño mínimo eficiente en las corporaciones locales (reduciendo su número); es precisa una reforma más contundente del sistema financiero, que se quiten las restricciones al crédito: el problema de España es de liquidez, no de solvencia; y, finalmente , necesitamos una simplificación del mercado de trabajo (contrato laboral único) .
(B) Para la Eurozona dos ideas: 1ª) Eurobonos que respalden la deuda de los países del Eurosistema y 2ª) Resulta imprescindible un Ministro de Finanzas Europeo que coordine la política económica común. Pero lo más necesario para Europa, lo primero, es estar unidos: en lo esencial, unidad (In Necesariis Unitas, San Agustín). Esto es lo realmente importante, porque como dice el Evangelio según San Mateo: "y todo lo demás se les dará por añadidura".
El futuro de España, de Europa y probablemente del mundo se dirime en estos días. Y solo a los valientes les hará justicia la Historia. El resto pasarán como esos personajes pusilánimes que no supieron anteponer los objetivos generales a sus obsesiones personales.

© José A. Martínez y José L. Calvo, 2011.

jueves, 21 de julio de 2011

Exuberancia Irracional

Perdona a tus enemigos, pero jamás olvides su nombre. John Fitzgerald Kennedy, 1917-1963.

El pasado jueves, el Presidente de la Reserva Federal de los EEUU manifestó su preocupación por la crisis europea, en concreto por Italia y España, y dijo que si esos países son rescatados "algo que no digo que vaya a suceder" la UE debería realizar una sustancial contribución a su estabilización. No obstante, tampoco es que los norteamericanos estén mucho mejor, ya que se encuentran inmersos (en palabras de Paul Krugman) en la inquietante posibilidad de impago de la deuda estadounidense. En el mes de mayo pasado el techo de la deuda americana superó el límite legal de 14,29 billones de dólares.
Europa está sumida en una crisis de deuda. La media de la deuda pública europea está en torno al 80% del PIB, pero la situación difiere mucho entre países. ¿Por ejemplo, qué pasa en Italia? La economía italiana es la tercera de mayor peso en la eurozona, pertenece al G-7, equivale a más de un 17% del PIB comunitario y contiene uno de los mayores stocks de deuda pública en Europa, además de un grandísimo nivel de economía sumergida, igualado con Grecia por cierto. La deuda es de 1,89 billones, un 120% del PIB, muy superior a la española. El problema de Italia es espectacular: la subida de su prima de riesgo ha sido galopante en apenas dos semanas, superando la barrera psicológica de los 300 puntos y casi igualando la española.
En el país transalpino había, en 2010, 1.156.000 familias en situación de pobreza absoluta -más de tres millones de personas- con 8.272.000 residentes que sobreviven con menos de 500 euros al mes, según datos oficiales. El motivo está en un país que lleva más de una década con un crecimiento medio del PIB del 0,25%, situándose en medio de la tormenta perfecta: sin crecimiento y sin estímulos reales para hacer crecer su economía todo hace pensar que seguirá el camino de Grecia y Portugal. La M1 italiana ha bajado un 7% lo que indica una señal clara de recesión. Aunque el gobierno de Berlusconi ha intentando tranquilizar a los mercados con un ajuste de 79.000 millones de euros (reducción del gasto público y privatizaciones) hasta 2014, es fácilmente previsible pensar que no va a conseguir transmitir esa tranquilidad.
Y es que volvemos a insistir en que en la actualidad, con los animal spirits desatados, no existe una relación causa efecto entre las medidas fiscales y presupuestarias y esa soñada inmunidad ante los ataques especulativos de los mercados financieros. Esa economía vudú de la que habla el Premio Nobel Krugman es realmente un claro efecto vendedor de humo: la misma Alemania (o Francia) puede ser atacada, nada lo impide, dada su exposición a la deuda helena. Miren, según datos del BIS (Bank for International Settlements) la cuantía de la deuda griega (privada y pública) en manos de la banca extranjera llega a 103.889 millones de euros, de los cuales la banca europea tiene el 93% del total. La primera acreedora es la banca francesa, con más de 40.000 millones de euros (38,5%), seguida por la banca alemana con más de 25.000 millones de euros (24,7%) y a mucha distancia la británica con una exposición de casi 10.000 millones euros. Si hubiese una quita de la deuda griega, los bancos que serían más perjudicados serían BNP Paribas con 5.000 millones, seguido por Dexia SA, con 3.500 millones, el Commerzbank AG, con 3.000 millones , Societé Generale con 2.700 millones, ING Groep NV, con 2.400 millones y Deutsche Bank AG, con 1.600 millones, según un informe de Goldman Sachs. Los bancos españoles solo tienen una exposición de 600 millones.
Sin embargo, si fuera Portugal quien estuviera en el ojo del huracán el problema sería muy grave para España: la deuda externa portuguesa en manos de bancos españoles asciende a 64.838 millones de euros, el 42,6 % del total. España es el principal acreedor de Portugal, seguido de Alemania (27.473 millones de euros) y Francia (20.401 millones de euros de deuda lusa en sus balances).
El problema financiero de la vieja Europa se resume en una crisis de deuda (griega) que se ha llevado por delante a Irlanda y Portugal y persigue ahora a Italia y, en menor medida, a España. El futuro de la zona euro está en peligro en estos momentos. El Fondo Europeo de Estabilidad debería emplear parte de sus recursos (440.000 millones de euros) para ayudar al país heleno. Eso habrá de acordar el Eurogrupo en su próxima reunión. Grecia debe quedarse con una deuda asumible y la Unión Europea ha de lanzar un mensaje de unidad de acción.
Un último aviso a navegantes: si España supera la barrera de los 400 puntos en la prima de riesgo, la situación para la UE sería similar a la de Lehman Brothers en septiembre de 2008. La deuda española comenzó esta semana con una rentabilidad del 6,37% y la prima de riesgo superaba los 370 puntos básicos. Muy cerca de esa delgada línea roja que marcaría la intervención o el rescate de nuestro país. Lo que pasa es que España e Italia son demasiado grandes para ser intervenidos “oficialmente”.
Vivimos momentos de convulsión a nivel mundial, con gravísimos problemas aquí y al otro lado del Atlántico. En esta vieja Europa urge encontrar un camino que nos libere de los miedos irracionales, de la desconfianza, de esos factores que están detrás del comportamiento de inversores, financieros y especuladores. Como señala Robert Shiller: ¿acaso la elevada valoración del mercado se debe a una suerte de exuberancia irracional; es decir, al pensamiento positivo de los inversores que por sus mismas características les impide ver la situación real?. Porque en la comprensión e interpretación certera de las burbujas especulativas está el camino a seguir para adoptar las políticas económicas correctas. Los que sigan ese camino serán amigos del proyecto europeo y los que lo dificulten sus enemigos. Alemania y Ángela Merkel tienen la palabra, no vaya a ser que de tanto apretar el cuello a los demás no puedan respirar ellos.

© José A. Martínez y José L. Calvo

jueves, 14 de julio de 2011

La Unión Europea: E Pluribus Unum (de muchos uno)

Lo sutil es tranquilo, lo misterioso es movimiento ,la tranquilidad es defensa, el movimiento es ataque.

Las turbulencias que está atravesando la Unión Europea en la segunda semana de julio de 2011 son tan graves que están poniendo en peligro su propia supervivencia. España es uno de los perjudicados: la rentabilidad del bono a 10 años ha llegado al 6% en el mercado secundario y el " riesgo país", esto es, el coste extra que debe pagar España frente a Alemania por vender su deuda pública, llegó este lunes a los 340 puntos básicos. El "contagio" ha llegado también ya a Italia: la prima de riesgo alcanzó los 295 puntos básicos, cayendo la Bolsa de Milán un 4,2%.
Dada la gravedad de la situación los ministros de finanzas de la Eurozona se reunieron para evitar el desastre. No obstante, no transmitieron una imagen de unión a los mercados: "No puede decirse que hayamos acordado algo importante" se lamentó el presidente del Euro-grupo, Junker. Sin un estudio de viabilidad económico-financiera de los tres países rescatados , sin tener claro el segundo plan de rescate a Grecia, los mercados financieros no tienen (ni pueden tener) confianza en Europa. Por eso, las probabilidades de que la Eurozona y el euro desaparezcan son, en la actualidad, muy elevadas y la preocupación es grande en todo el mundo. Dos cuestiones básicas surgen ante esta perspectiva: ¿por qué ha sucedido esto? Y ¿qué se puede hacer?
Lo primero que hay que dejar claro es que el proyecto de una Europa unida surgió bajo un error conceptual de partida que hoy estamos pagando. Los alumnos que cursan Macroeconomía saben que las dos grandes herramientas de la política económica son la política monetaria y la fiscal. Las famosas curvas IS y LM explican cómo hay que actuar sobre una u otra para conseguir que la economía crezca. Y ambas se complementan, no pudiendo actuar en direcciones contrarias. Por ello, la decisión de crear una Unión Económica y Monetaria con una moneda común, pero dejando que cada país controlase su política fiscal –especialmente la presupuestaria- fue un inmenso error al que nos enfrentamos en la actualidad –en nuestro caso por partida doble, porque lo que hizo la UE nosotros lo replicamos con las Comunidades Autónomas-.
Además, cuando se creó la Eurozona deberíamos haber tenido en cuenta la Teoría de Juegos y en especial cómo funcionan los cárteles: cuanto mayor es el número de miembros del cártel mayor es la posibilidad de engañar sin ser descubierto, sobre todo si uno es pequeño y periférico. En definitiva, política fiscal/presupuestaria autónoma de cada país pero con una moneda común más funcionamiento tipo cártel ha dado origen a lo que estamos viendo: cada uno va a lo suyo.
En realidad, Europa se ha comportado como si fuera un piso de alquiler de un grupo de amiguetes en el que cada uno pagaba su parte de la “renta” y que, a su vez, manejaba su propio dinero e incluso el que le prestaban los otros, en algunos casos con una generosidad digna del hijo pródigo. Pero, como sucede en los cuentos, llegó un día en el que dijeron: “No solo no podemos pagar la renta sino que hemos pedido dinero a unos prestamistas macarras que cuentan que se lo devolvamos entre todos (por eso de tener una única moneda)”. Y en lugar de unir nuestras fuerzas para hacer frente a los macarras dejamos que pegaran primero a los más pequeños (Grecia por dos veces, Irlanda y Portugal), luego a los medianos (España e Italia) y ya no se puede descartar que lo hagan con los grandes (Alemania o Francia) ahora ya sí muy castigados por la acumulación de deuda de sus socios europeos.
¿Qué hacer? Todo parece indicar que solo hay dos caminos: o bien “romper la baraja” y dejar que cada uno resuelva sus propios problemas como pueda; o bien unirse y actuar como uno solo. Alejandro Dumas lo vio claro en los tres mosqueteros (“uno para todo y todos para uno”). Esto se traduce en un gobierno económico europeo único, con un ministro europeo común de finanzas que controle los presupuestos de todos los países y no permita los desmanes. Que tenga autonomía total para elaborar, dirigir y gestionar la política económica común de la Unión Europea: fiscal y presupuestaria, laboral, económica exterior y, por supuesto, monetaria. Teniendo claros los objetivos y los instrumentos, ese ministro de finanzas europeo haría que se cumpla el lema nacional americano, ideado por el Dr. Franklin, Mr. J. Adams y Mr. Jefferson el 4 de julio de 1776 de E Pluribus Unum, o que las decisiones tomadas, beneficien a todos por igual, y no sólo a los grandes países de la zona euro.
Hay, además, otra medida urgente: la devaluación del euro para mejorar la competitividad de la Unión Europea. Esta acción, común en los países que han visto reducida su capacidad para competir en los mercados, puede y debe aplicarse en la UE. A ello se añade otra justificación: se le ha advertido a China por muy diferentes vías que está haciendo dumping con una moneda infravalorada, y no ha hecho caso. Pues bien, compitamos con sus mismas armas, luchemos con fuego contra el fuego. No hay muchos más caminos abiertos. La propuesta del gobierno europeo es en beneficio de todos. Para eso compartimos el mismo barco: el sueño europeo. De Muchos, Uno.

©José A. Martínez y José L. Calvo,2011.

viernes, 1 de julio de 2011

"The Thin Red Line". Europa en la encrucijada.

Un animal agotado seguirá luchando, pues es la ley de la naturaleza. No presiones sobre el enemigo desesperado.

El 29 de junio de 2011 la más que posible desaparición de la zona euro ha puesto a la economía mundial al borde del abismo. Dos factores lo han evitado: por un lado, el presidente francés Sarkozy, que ha convencido a los bancos franceses (que tienen un problemilla de deuda griega, en torno a los 53.000 millones de euros) de que se "reestructurara" esa deuda –en cuestión de horas España pasó la fatídica barrera de los trescientos puntos básicos en la prima de riesgo en relación con el bono alemán. Después de la intervención del pequeño Napoleón ha bajado a 277-; y la aprobación por el Parlamento griego de un nuevo recorte de 78.400 millones de euros, exigido por la Unión Europea y el FMI para liberar los 12.000 millones del segundo tramo de ayuda. El plan es, en palabras del presidente Papandreu, "una obligación patriótica".
El pueblo griego no lo ha entendido de la misma forma, y su reacción ha sido la de convocar dos días de huelga general y manifestaciones violentas en Atenas con intento de asalto al Ministerio de Finanzas incluido. Y es que es una gran mentira lo que el primer ministro griego trata de vender a su pueblo. Él sabe muy bien que aplicando ese plan de austeridad que se basa en subir los impuestos indiscriminadamente, reducir el estado del bienestar, apretar las tuercas a los más pobres (bajando el mínimo exento en el impuesto sobre la renta a 8.000 euros) y poner un cartel de "se vende" en Grecia, castigará a su país a un retraso de décadas. En concreto, el plan de ajuste heleno se basa en tres pilares contradictorios entre sí: aumentar los impuestos, reducir el gasto público y quitar derechos sociales a unos ciudadanos a los que luego vas a exigir que saquen el país adelante. Pero lo peor no es eso, sino la carencia de objetivos reales y la deslealtad a sus propias metas como país: el objetivo prioritario de la política económica ha de ser, siempre, la creación de empleo y la mejora del bienestar de los ciudadanos.
Analicemos brevemente este plan de Papandreu. La primera medida es la consolidación fiscal: recortar los gastos del estado en 14.300 millones de euros; la segunda (que nos hace empezar a levitar) es mayor recaudación. Quiere conseguir un incremento adicional de 14.100 millones de euros hasta 2015. Nosotros nos preguntamos, ¿cómo lo van a hacer sin contar con el apoyo de su población y reduciéndoles los ingresos?; la tercera es un impuesto solidario: un incremento de entre el 1 y el 14% a las rentas más altas, algo con lo que, obviamente, estamos de acuerdo, y agradeceríamos se impusiese a las SICAV; la cuarta medida es un impuesto a profesionales: 300 euros adicionales/año a los autónomos. “Fantástico” para la creación de empleo en una economía dominada por las muy pequeñas empresas. De hecho, en este momento, los autores del blog nos vamos al Himalaya porque la corriente de exuberancia económica de alto nivel que transciende del plan heleno nos lleva a las más altas cimas del orbe conocido y queremos fumar lo mismo que las autoridades griegas. Sigamos.
El IVA a los restaurantes pasará del 13 al 23%. Sublime, en un país eminentemente turístico es lo suyo. El quinto punto está en la línea Cameron: el 25% de los empleos públicos (150.000) serán suprimidos. El sexto mandamiento del plan nos lleva a las privatizaciones: El Estado griego venderá bienes y propiedades por valor de 50.000 millones de euros. Y, finalmente, nuestros amigos del FMI piden un recorte del Estado del Bienestar griego: 2.100 millones menos de gasto sanitario hasta 2015.
Señores del FMI y la UE, la política económica tiene que tener una lógica, y lo exigido a Grecia no la tiene. Los asesores del FMI saben –o deberían saber a poca economía que hayan estudiado- que si disminuyes la renta personal disponible del ciudadano medio, si castigas a las empresas, si empobreces a la población, si privatizas lo poco de valor que tienes, si le quitas los derechos sociales a tus compatriotas, en ningún caso lograrás crecimiento económico, sino que entrarás en un círculo vicioso de desesperación y miseria, con las revueltas sociales in crescendo. Todo lo contrario a un círculo virtuoso que proporcione bienestar. Y esa inestabilidad no ayudará a aplacar a los mercados.
Las medidas tomadas ayer en contra de la población griega y la decisión franco-alemana de aplazar el cobro de su deuda han sido un pequeño balón de oxígeno para el Eurosistema. Pero, como sabe todo aquél que ha jugado alguna vez a un juego de estrategia, existe un instante, un movimiento, una delgada línea roja, que una vez superado hace que el juego se precipite hacia su solución, su jaque mate. España representa esa línea para la Unión Europea. Si España sigue siendo atacada y debe ser intervenida, el Eurosistema se hundirá como un castillo de naipes. Porque no muy lejos de nuestra situación están Italia, Bélgica… e incluso Alemania, ya que no hay aval que permita no ser blanco de los “mercados”. Nada les detendrá salvo un mensaje alto, claro y consecuente de que Europa va a actuar unida apoyando a sus países más débiles. Y lo dudamos. Cuando alguien nos sorprende agradablemente como Sarkozy, lo decimos. Pero también hemos de ser honrados y exponer con claridad lo que pensamos y sentimos: el mandato de Trichet en el BCE ha sido nefasto, su política monetaria ha sido errática (para España y para la zona euro) y su decisión, en plena crisis de 2008, de subir los tipos de interés varios puntos agravó la situación financiera europea y destrozó a España. Su sucesor es aún más “ortodoxo” y se anuncian ya subidas de tipos de interés. Para que lo entienda la gente: menos crecimiento económico, más pobreza y menos renta disponible. Ya está bien de insensateces en política económica.
Esta crisis es sistémica. Si se pasa la línea roja este negocio se desmorona (el del capitalismo global y no sólo en Europa). Y en el día de ayer se estuvo a punto. Hemos salvado un match point pero la zona euro y el modelo de la Unión Europea siguen teniendo el partido muy cuesta arriba. Y no ayuda que a uno de los jugadores del equipo le hayamos quitado las botas, la camiseta…

© José L. Calvo y José A. Martínez, 29 de junio de 2011.