jueves 23 de febrero de 2012

Leónidas, Durruti y el germen de la autodestrucción capitalista

Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Buenaventura Durruti
El capitalismo es el abuso del poder por el capital. José Luis Sampedro
Ven y cógelo. Leónidas I de Esparta

El mundo está cambiando. La entrada de China, Rusia y otros actores importantes en los niveles de decisión del G-20 nos indica que estamos ante una transformación no sólo del equilibrio de poderes global, sino del propio sistema capitalista. Una de las grandes habilidades del capitalismo a lo largo de su historia había sido su capacidad de asimilar todo aquello que se le enfrentaba y que podía destruirlo, transformándolo y, al mismo tiempo, ocultando su propia esencia. Así, vimos como convirtió a su gran movimiento de oposición, la URSS, en una marca, CCCP, lo mismo que transformó al hipismo en una moda o al Che, mártir anticapitalista, en imagen de compañías multinacionales.
Su nacimiento ya fue convulso. En una sociedad dividida entre los poseedores de los medios de producción, los capitalistas, y los condenados a ser explotados, los obreros, estos últimos se enfrentaron de todas las formas posibles para defender sus derechos. La solución fue hacer pequeñas concesiones: el descanso dominical, la renuncia a que trabajen los niños –del mundo civilizado-, la reducción paulatina de la jornada laboral hasta las ocho horas. El anarquismo primero y el comunismo después le desafiaron tanto en el terreno ideológico como en el político y el militar. Y aquí actuó por varias vías: el aislamiento físico e ideológico con el surgimiento del telón de acero y la guerra fría; la creación de partidos a medio camino entre los dos extremos ideológicos, la socialdemocracia, cuya misión es presentar las pequeñas concesiones como grandes victorias sociales; y, sobre todo, lavando su cara con el estado del bienestar.
Aunque ni siquiera él lo sabía, la mejor protección del capitalismo fue la introducción de reglas que restringiesen su comportamiento y le hicieran parecer humano y solidario. Reglas no solo en las relaciones laborales sino, fundamentalmente, en su funcionamiento institucional y financiero. Una de ellas, la Ley Glass Steagall  que separaba la banca de inversión de la comercial, permitió que el sistema financiero no actuara siguiendo las normas del más puro capitalismo y facilitando que los bancos se hicieran cada vez más y más grandes; “demasiado grandes para quebrar y ellos lo sabían. Sabían que si se metían en problemas, el gobierno los rescataría. Eso era incluso en el caso de los bancos que no tenían seguro de depósitos, como los bancos de inversión” (Joseph E. Stiglitz). Por otro lado, continua Stiglitz, “los banqueros tenían incentivos perversos…no sólo sabían que el banco sería rescatado si se metían en problemas, sino que seguirían siendo ricos incluso si se permitía que el banco quebrara .Y estaban en lo cierto”.
Cuando los límites desaparecieron surgió la cara más salvaje del capitalismo, su auténtico ADN. La caída del Muro de Berlín junto a una época de bonanza que no era más que un espejismo favoreció la reducción del estado del bienestar. Ya no existía alternativa y no era preciso disimular. Posteriormente, la presión de los mercados para su liberalización llevó a la derogación de la Ley Glass Steagall por Bill Clinton en 1999, permitiendo que la especulación reinase en la economía. El resultado está a la vista: en menos de 7 años el sistema ha saltado en pedazos.
Y así sigue. Porque esta crisis está lejos de terminar. Porque es sistémica. Porque, y es aquí donde está el quid de este post, el capitalismo lleva en su propia esencia el germen de la autodestrucción. Sin límites, el objetivo de la maximización del beneficio supone la explotación brutal de unos hombres por otros. Sin barreras morales ya nada impide que unos puedan vivir espléndidamente mientras una parte cada vez mayor de la población se acerca al abismo de la miseria. Sin restricciones nada obliga a la solidaridad, y los individuos y países pueden utilizar a los demás en beneficio propio. Ese es el ADN real del capitalismo: que la moralidad no te impida hacer buenos negocios.
Ha pasado durante siglos en África; lo vimos en las políticas que impuso el FMI en América Latina y que condenaron a la miseria a sus poblaciones para hacer más ricos a lo que ya lo eran; y lo estamos sufriendo ahora los cerdos europeos (PIGS), y en especial nuestros hermanos griegos. Con sueldos reducidos a la mera subsistencia, una subida del 4% del IRPF, un aumento de la factura eléctrica del 9%, el incremento del 10% en el IVA máximo o la subida del IBI, se les piden todavía esfuerzos adicionales para poder sentarse a la misma mesa que los “ricos” alemanes y franceses. ¿Hasta dónde creen que lo soportarán?  ¿Cuánto creen que tardará en surgir un nuevo Leónidas que liderando a los griegos y al igual que en las Termópilas rete a los invasores a que vengan y lo cojan?
Por eso es una buena noticia la carta que doce primeros ministros de la Unión Europea (incluido Rajoy) han enviado a Durao Barroso solicitando el cambio de objetivos en política económica. Solicitan que se priorice el crecimiento económico. Hemos de recordar aquí que el único mandato del BCE es la estabilidad de precios, objetivo que puede ser incompatible con el propio crecimiento (Akerloff y Phillips) y lo que es peor con la generación de empleo. La propuesta supone una medida revolucionaria ya que el eje Merkozy no la ha querido firmar. Pero se han quedado solos. 
Si los mercados no abandonan la actual actitud depredadora, si los políticos no actúan en defensa de los intereses de todos y dejan de ser los perros guardianes de los que más tienen, si nuestros socios francoalemanes no se dan cuentan de que es imposible pedir más sacrificios a quien prácticamente lo ha perdido todo no por su culpa sino por la mala gestión de todos los políticos europeos -incluidos los franceses y alemanes-, si no se devuelven reglas sensatas y solidarias de comportamiento y límites a la explotación, es decir, al capitalismo, no será extraño que volvamos a ver a los parias de la tierra, a la famélica legión levantarse contra la opresión. Y ya no serán grupos de alegres jovencitos reclamando que los traten bien, que les paguen la hipoteca o que les ofrezcan las migajas que sobran en la mesa de los ricos. Serán los revolucionarios de la Columna Durruti los que de nuevo recorran Europa para derrotar al capitalismo e implantar un sistema más justo y solidario.
Decía hoy Mario Monti (primer ministro de Italia) que la Europa del Estado del Bienestar corre peligro. Y nosotros decimos desde aquí que no. Que el Estado del Bienestar en Europa  es un avance del espíritu humano, de toda la sociedad europea, y que no tiene que obedecer órdenes ni  del mercado, ni de los políticos ni de otros grupos de intereses que responden a oscuras razones que la historia les reclamará. Harían bien en recordarlo para que no vengan otros y lo recuerden a la fuerza.
Como dijo el maestro Keynes en un famoso brindis hace ya muchos años:”quiero brindar por la economía y los economistas, quienes son depositarios no de la civilización sino de la posibilidad de civilización

© José L. Calvo y José A. Martínez, 2012

miércoles 8 de febrero de 2012

La soledad de los números primos: recesión de la economía, no depresión de un país

Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo.

En la novela escrita por el joven físico teórico Paolo Giordano, ganador del Premio Strega, se habla de dos personas que a través del tiempo desarrollan una amistad muy peculiar, derivada de la soledad de ambos: «En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.»
Es innegable que la situación económica española es complicada, muy complicada. El mismo Banco de España augura una recesión de un 1,5% del PIB para este año; la Directora Gerente del FMI alerta de riesgo de insolvencia de nuestra economía y pronostica un crecimiento negativo (-1,7% del PIB) para el 2012; y tanto el Gobierno como la oposición se esfuerzan, cada vez que tienen ocasión, en presentarnos el panorama más sombrío posible… Pero no hacen falta todos estos mensajes para confirmar lo que percibimos día a día en la calle: locales comerciales cerrados, bares y tiendas vacías aún en rebajas, etc. Una economía en recesión.
No obstante,  lo que las autoridades nacionales e internacionales están olvidando es un principio muy importante en el funcionamiento de la economía –desde la académica a la real- en los últimos tiempos: los agentes económicos no solo son racionales sino también emocionales. Por eso Keynes hablaba de los “Animal Spirits”. Dicho en términos que lo entendamos todos, está bien poner los números sobre la mesa, es muy importante saber dónde estamos y el déficit que tenemos que reducir; pero a estas a alturas tan importante como eso es evitar los mensajes derrotistas, la imagen de que somos un país vencido, incapaz de salir hacia delante, de que no hay una luz al final del túnel. Si ese sigue siendo el mensaje pasaremos a ser una economía en depresión. Y se sale mucho peor de la depresión que de la recesión.
Es cierto que habrá que tomar medidas dirigidas a controlar el déficit (aunque nuestra deuda pública es de las menores de la eurozona) pero eso no quiere decir que eso sea lo prioritario. La prioridad es el diseño de políticas dirigidas a la creación de empleo. Si el gobierno no entiende esto, se habrá equivocado.
Van a ser necesarias medidas duras, muy duras, de ajuste. Vamos a tener que renunciar a vivir en El Dorado como hicimos en los últimos quince años. Nuestro nivel de vida se reducirá y deberemos olvidarnos de cambiar de coche cada cuatro años, de tener casa en la ciudad, la playa y el campo; dejaremos de ser los give me two… Pero a diferencia de los seres humanos, las naciones son prácticamente eternas. Fuimos un puñado de pastores conquistados por un imperio y renacimos; creamos nuestro propio imperio y lo hundimos. Salimos hace poco de una dictadura y tenemos una saludable democracia... Hemos pasado penalidades y nos hemos recuperado.
Imaginen a un deportista al que se le diagnostica una grave lesión que puede acabar con su carrera. Si cae en una actitud derrotista y entreguista no se recuperará jamás. Si, por el contrario, reacciona, lucha y no le pone tiempo (ni plazos) a su recuperación, esa sola actitud positiva será la clave de su recuperación. Habrá luchado por recuperar su vida y, aunque a lo mejor no vuelva a ser el que era, estará mucho mejor que si se hubiese “entregado”. Erradiquemos la economía triste y luchemos con confianza e ilusión.
Y hay datos objetivos que nos permiten sostener esa afirmación: 9 millones de pensionistas cuya capacidad adquisitiva no ha variado desde antes de la crisis; 3 millones de funcionarios que mantienen el 95% de su poder de compra; una economía sumergida del 20% del PIB que permite afirmar que los datos reales no son tan negativos como los oficiales, un sector exterior en expansión, el turismo recuperándose… ¿Por qué no nos basamos en esos datos en lugar de en previsiones continuamente pesimistas? ¿Por qué en vez de quejarnos no miramos hacia quienes han sabido superar dificultades mayores? Japón, la tercera economía del mundo, superó la segunda guerra mundial –bombas atómicas de Hirosima y Nagasaki incluidas-, ha sufrido un desastre natural brutal… y ahí están, con un cinco por ciento de paro y una economía megadesarrollada tecnológicamente. Emulemos lo que funciona.
A  partir de ahora de nuestros labios no oiréis más quejas. Este blog seguirá en su actitud de ofrecer soluciones económicas a la crisis. Porque estamos seguros no solo de que se puede salir de ella, sino de que España será, dentro de cinco o diez años, un mejor país para vivir. Pero eso hay que quererlo y merecerlo. No es gratis. Y un recordatorio a nuestros políticos: ¡estamos en recesión, sí, pero no en depresión! Entiéndanlo y sean leales con nuestros sueños y nuestros ideales.

© José A. Martínez y  José L. Calvo, 2012. No citar sin autorización expresa.

miércoles 25 de enero de 2012

Decálogo para una nueva Ley de Estabilidad Presupuestaria

Sé rápido como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos, veloz como el relámpago que relumbra antes de haber podido pestañear

Es reconfortante la celeridad con que el nuevo gobierno se ha lanzado a realizar propuestas para sacar a nuestro país de la crisis, o por lo menos, para hacerla frente con realismo. Es más que probable que no vayamos a estar de acuerdo con muchas de ellas, sobre todo si como en el caso del IRPF se hace caer la imposición sobre los de siempre, las rentas del trabajo, y se olvida a las rentas de capital. Pero por lo menos hemos salido de ese impasse de los últimos años que impuso a nuestra economía la incapacidad/indecisión del gobierno Zapatero.
Y desde luego una con la que estamos plenamente en consonancia es la que el Ministro de Hacienda presentará en los próximos días: la "Ley de Estabilidad Presupuestaria que compromete a todas las Administraciones públicas al equilibrio presupuestario y a la sostenibilidad de los presupuestos públicos" (Cristóbal Montoro). El Ministro ha propuesto la convocatoria de una reunión de la Comisión Nacional de Administraciones Locales para dar cuenta del anteproyecto de ley, para posteriormente llevarlo al Consejo de Ministros. Como él mismo señala "es una reforma urgente para España".
¿Qué tiene de nuevo esta Ley de Estabilidad Presupuestaria? Y, sobre todo ¿qué debería tener? A continuación proponemos un decálogo de mínimos que, a nuestro juicio, debería incluir la Ley para que contribuya a sacar a España de la situación de crisis. El Gobierno ha apuntado ya algunas líneas de la nueva Ley, nosotros proponemos algunas más.
1º) la Ley debería contemplar sanciones para los incumplidores de los objetivos fijados. Algunos políticos han puesto “el grito en el cielo” ante la posibilidad de afrontar responsabilidades, incluidas las penales, por el incumplimiento de los objetivos de déficit. Pero después de los desmanes que hemos comprobado en la gestión del dinero público por políticos de todos los signos, la primera señal de que se va a actuar con rigor debe ser esta. Si en una empresa no se puede elaborar un presupuesto de gasto sin tener un presupuesto de ingresos realista y, sobre todo, un plan de amortización, no vemos por qué debe ser posible hacerlo en una Administración. Y si  el gestor privado puede tener responsabilidades por malversación de fondos, igual debe suceder en el sector público. 
2º) Debe haber mecanismos instrumentalizados por el Gobierno para que las autonomías tengan liquidez (una línea de crédito del Instituto de Crédito Oficial- ICO- para pagar a los proveedores reales, a los que realmente se les debe dinero), o la creación de un Fondo Presupuestario Anticíclico (FPA) para el mismo fin. Y las Administraciones que tengan problemas de liquidez "muy agudos" a corto plazo deben ser ayudadas por el Gobierno. Pero una condición sine qua non ha de ser la de cumplir los criterios de convergencia fiscal.
3ª) Podría llegarse a una intervención temporal de algunas Administraciones utilizando los mismos criterios que en la UE. "No tenemos que ser ni más laxos ni menos estrictos" que la Unión Europea ha dicho el Ministro Montoro.
4º) Aplazamiento a  diez años de la devolución del dinero que las CCAA deben a Hacienda con el objetivo de facilitar su viabilidad financiera. Nuevamente condicionado a una aplicación estricta de los criterios de convergencia.
5º) Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con el Gobierno del estado, deberán fijar un techo de gasto antes de elaborar sus Presupuestos y no podrán incumplir ese compromiso: criterio de convergencia en Déficit.
6º) Las Comunidades Autónomas tendrán un límite de endeudamiento, que se situará en el 60% del PIB de la comunidad: criterio de convergencia en Deuda.
7º) Aquellas CCAA que no cumplan, podrán ser sancionadas dependiendo de la magnitud y la reiteración de los desvíos. Las sanciones serán, en primer lugar, económicas, pero podrían llegar a ser políticas.
8º) Se debería coordinar un Presupuesto Base Cero (PBC) para instrumentar tanto el presupuesto de las CCAA como el de la Administración Central o Entidades Locales.
9º) El objetivo fundamental del Presupuesto y de la política fiscal y presupuestaria, en definitiva, de la política económica, debe ser el crecimiento económico. Pero para ello se debe partir del equilibrio presupuestario.
10º) Cumplimiento de los compromisos acordados ya con nuestros socios europeos, con el objetivo de generar la confianza internacional suficiente para evitar los problemas de deuda. Si bien, y como primero señaló el Ministro Montoro, sin crecimiento es bastante difícil lograr esos objetivos, por lo que podrían ser renegociados.
No obstante, y esto es también muy importante e incidiremos sobre ello en los próximos posts, el Gobierno debe entender y debe hacer ver a sus socios europeos que para controlar el déficit es preciso crecer económicamente. Esta condición  es a priori, no a posteriori. El único instrumento (de soberanía político-económica) que le resta al Gobierno es la política fiscal y presupuestaria. Utilicémosla con inteligencia: para estimular el crecimiento, evitar la depresión (psicológica) económica en el consumidor y fomentar un aumento de la demanda privada (gasto familias + inversión bruta) que evite entrar en recesión.
Hay que actuar rápido como dice nuestro general, como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos. Gran parte de las instituciones dan por descontada una recesión en España en este año. Hay que tratar de paliar sus efectos lo más rápidamente posible, ya que si no podremos entrar de lleno en círculo vicioso de muy difícil salida, similar al de Grecia o Portugal e Italia. El Gobierno debe transmitir seriedad, confianza y capacidad. La Ley de Estabilidad Presupuestaria es un gran primer paso en esa dirección.
© José A. Martínez y José L. Calvo

jueves 15 de diciembre de 2011

La senda del tiempo: una oportunidad que no podemos dejar pasar

He buscado en los desiertos de la tierra del dolor y no he hallado mas respuesta que espejismos de ilusión. He hablado con las montañas de la desesperación y su respuesta era solo el eco sordo de mi  voz”. (Celtas Cortos)
A Pepe Collado, in memoriam.

Fue en 2004 cuando un exultante presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero manifestaba que iba a hacer, nada menos que “la segunda transición”. Ocho años después descubrimos que uno de los problemas a los que se enfrenta nuestra economía, y concretamente la consecución del objetivo del déficit, es el incumplimiento de uno de los aspectos de esa promesa: la reforma de la Administración estatal y la finalización del modelo autonómico; esto es, una solución al problema de las duplicidades en los gastos por la provisión de bienes y servicios públicos que se dan al mismo tiempo en otros niveles estatales.
Uno de los líderes europeos más inteligentes de su generación es el liberal Nick Clegg, viceprimer ministro de Reino Unido, que en su visita hace unos días a Mariano Rajoy insistía en que había que explicar todas las decisiones a los ciudadanos y hacer un esfuerzo porque la gente comprendiera la crisis y las medidas de los gobiernos respecto a las reformas. El eje Merkozy: la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy adelantaron hace diez días (5 de diciembre de 2011) las grandes líneas que proponen para la creación –esta vez sí que parece de verdad- de Europa con la modificación de los Tratados al menos a 17: la implantación de la regla de oro en los presupuestos de los países miembros, lo que se traduce en la introducción de una férrea disciplina fiscal. Y así se plasmó en la última cumbre europea que acabó “como el rosario de la aurora” con el Reino Unido saliendo a la carrera de donde nunca había estado (ni va  a estar), de la eurozona. Con todo lo que ello implica.
La reforma constitucional española de septiembre de 2011 refleja en su artículo 135.2 que “El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.”, lo que en definitiva supone que nos hemos adelantado a lo que reclama el gobierno bicéfalo de la UE. Además, el futuro presidente, Mariano Rajoy, ha afirmado que España quiere estar en la primera línea de los países que integren ese núcleo duro de la Unión. Cosa nada fácil.
Aunque a primera vista pueda no parecer tan claro, la propuesta franco-alemana es una gran oportunidad para nuestro país. Y ello por, al menos, dos motivos: en primer lugar porque renunciar ahora a formar parte de ese grupo supondría abandonar el euro y el proyecto europeo, lo que nos descolgaría del tren de la modernidad para el presente siglo; y en segundo lugar, y tan importante como el primer punto, porque nos permitiría llevar a cabo esa segunda transición y cerrar el modelo autonómico. Y esta es, creemos nosotros, la gran ocasión para que España solucione el eterno problema autonómico. Hemos dicho muchas veces que las crisis son una oportunidad y esta lo es. El llamado Estado de las Autonomías pudo tener sentido en aquellos años de la transición, ahora no. Es un lujo que no nos podemos permitir.
Sucede que a  lo largo de los 35 años de democracia la administración pública ha ido creciendo sobre un modelo que podríamos denominar de acumulación de instituciones. A las ya vigentes durante el franquismo se sumaron las autonómicas, locales… de forma que una misma competencia ha llegado a tener hasta cuatro administraciones que la regulan. Si a eso sumamos que los máximos dirigentes de cada administración han actuado como auténticos reyes de taifas, gastando a su voluntad sin un control conjunto, el resultado salta a la vista cuando la economía comienza a decrecer: hay autonomías y ayuntamientos en España en bancarrota porque sus regidores se han gastado, de manera totalmente inconsciente, un dinero que no tenían. La regla de oro presupuestaria que Merkel y Sarkozy quieren aplicar a los países de la zona euro debe extenderse a todas las Administraciones españolas, como indica nuestro artículo 135.2 de la Constitución. En esa medida, aplaudimos la iniciativa del presidente Rajoy de exigir su cumplimiento a las CC.AA. regidas por el PP, pero también creemos que debe ser muy firme en sus negociaciones con los nacionalistas catalanes y vascos para que estos se sumen, sin ninguna restricción, a su cumplimiento. Vamos a ver, se debe elaborar una Ley de Estabilidad Presupuestaria de obligado cumplimiento para todos los niveles administrativos del Estado. Así de claro. Empezando con un Presupuesto Base Cero. Se deben lograr los objetivos, pero al mínimo coste: con eficiencia y eficacia.
Es evidente que la próxima legislatura va a ser muy dura para los españoles. Vamos a vivir un período de ajustes en el que nuestra capacidad adquisitiva –la de todos- va a verse mermada. Pero hemos de ser conscientes de la necesidad del ajuste en beneficio de un futuro mejor, integrados plenamente en Europa. Siendo un país de primera división. Pero para que los  españoles admitamos ese sacrificio se deben cumplir, a nuestro juicio, al menos una premisa: el Sr. Rajoy, en su  discurso de investidura, debe ser valiente y realista. Debe olvidarse de generalidades y explicar muy  claramente a los españoles cuál es la situación y cuáles son las medidas que va a adoptar en beneficio de toda la sociedad. Debe involucrar a todos los españoles en un proyecto nuevo: en la salida de la crisis. No tiene nada que perder y mucho que ganar ya que los españoles le hemos pedido  que nuestro país esté en el lugar que le corresponde y, para ello,  le hemos dado un mandato claro: haz lo que sea necesario, pero queremos ser europeos de primera fila.
Las políticas de rigor presupuestario son una condición necesaria, pero no suficiente, para abandonar esta crisis. La austeridad sola no es la panacea. Hay que promover, además, la confianza y la ilusión en los ciudadanos. Y hay que hacer políticas económicas de estímulo de la demanda que favorezcan el crecimiento. El paro debe reducirse obligatoriamente en el primer año de mandato. El paro es nuestro principal desafío. Logremos esos objetivos. Intentémoslo.
Para eso hay que explicar las cosas y tener un mismo fin común y ser leales a esas metas, por difíciles que sean.  Pero para eso debemos estar unidos. E pluribus unum.
Y una última cosa. Los primeros que deben dar ejemplo de austeridad, de rigor y unidad han de ser los propios políticos.
© José L. Calvo y José A. Martínez.

viernes 25 de noviembre de 2011

Los retos económicos del nuevo Presidente

Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan. Maestro Sun.
Sangre, sudor y lágrimas. Winston Churchill


España está sufriendo intensamente los efectos de la crisis. Con cinco millones de parados, un déficit público que mucho nos tememos va a estar bastante por encima de lo previsto por el gobierno saliente, con una deuda situada ya cerca del 80% del PIB y una prima de riesgo muy superior a la tasa de crecimiento de la economía, lo que la convierte en explosiva, la labor que tiene que acometer el gobierno elegido el 20N es gigantesca. Numerosas son las tareas y reformas que deberá realizar. Nosotros desde aquí sólo queremos señalar algunas y mostrar el camino que, a nuestro juicio, debe seguir.
Antes que nada, antes de comenzar a realizar ninguna reforma, el Presidente entrante debe  transmitir a la sociedad un mensaje de serenidad, ilusión y confianza. Debe dejar claro que con el esfuerzo y la colaboración de todos y cada uno de los españoles el futuro va a ser mucho mejor que el presente. Es cierto que a corto plazo la única oferta posible es la de Churchill –sangre, sudor y lágrimas- pero al igual que ocurrió en la SGM, el esfuerzo nos permitirá ganar la guerra contra el paro y volver a la senda de crecimiento.  Eso debe quedar meridianamente claro desde el principio para evitar el pesimismo en el que hoy estamos sumergidos.
Y en cuanto a las reformas, la primera y principal es la reforma del mercado de trabajo. Las reglas del juego en el modelo capitalista son claras: quienes crean empleo son los empresarios. Sin ellos no hay ninguna posibilidad de reducir el paro. Por ese motivo hay que facilitarles su tarea. En esa medida, creemos necesario un nuevo tipo de contrato laboral único que, ayudando a las PYMES y emprendedores, les libere de los costes de la Seguridad Social al contratar los primeros cuatro empleados –recordemos que el tamaño medio de la empresa española es de menos de cinco trabajadores-. Contrato que llegaría a ser indefinido al cabo de tres años, período en el que se podría comprobar la viabilidad del proyecto empresarial y la obtención de beneficios.
Un segundo elemento de mejora consiste en la reforma de las administraciones públicas, eliminado duplicidades. Administración central, autonómica y local deben sentarse y redefinir su modelo de relaciones: si una de ellas tiene una competencia ninguna otra debe asumir esa misma actividad. Es igual el modelo que pacten: federal, confederal, centralizado…pero es fundamental finalizar el proceso de descentralización de las administraciones que lleva casi treinta años de “negociación”. Ah!, y los ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes deben agruparse en mancomunidades (es ilógico que España tenga el doble de ayuntamientos que Alemania con la mitad de la población).
España tiene una economía sumergida de más del 20% de su PIB (200.000 millones de euros) lo que es una situación improductiva y despilfarradora de recursos interesantes para la Hacienda Pública. Utilicémoslos con eficiencia y eficacia. Que afloren esos recursos. Y con toda seguridad la subida de los impuestos indirectos no favorecerá ese afloramiento.
Debemos ser tremendamente ambiciosos en la imagen que proyectemos al exterior. Debe ser una imagen de país moderno, que posee una tecnología competitiva. Debemos emular el ejemplo de aquellos países que se desarrollan adaptándose a los cambios. El secreto de China, Japón, Corea del Sur y los emergentes es tener claro su modelo de crecimiento. El camino de la industria, tecnología, investigación y desarrollo científico es el adecuado para ser más competitivos. La cooperación entre la Universidad y las empresas privadas a la manera americana, el patrocinio de las investigaciones, la alianza con naciones que posibiliten el intercambio de conocimientos es clave para situar a España en el siglo XXI. El modelo de España no puede ser sólo terciario o basarse en el sector turístico. Debe ser tecnológico. Se debe invertir realmente en educación e investigación y potenciar nuestro desarrollo humano  y el avance científico en todas las áreas.
España debe establecer nuevos y amplios acuerdos preferenciales de intercambio comercial, técnico, cultural y universitario con América Latina. Independientemente de lo que hagan otros socios europeos. Eso es clave para nuestro sector exterior y para dar salida a nuestras exportaciones.
Se debe establecer un gran Plan de Política Económica (PPE) para España, con objetivos e instrumentos adecuados para lograrlos y, sobre todo, basado en un gran pacto nacional. Hay que volver al escenario de los Pactos de la Moncloa y del consenso porque la situación lo requiere. Hay que huir de los extremos y estar centrados en la toma de decisiones económicas: eso quiere decir ser prudentes y hábiles y hacer cosas que otros países no hacen. Ser diferentes para ser mejores. Los remedios económicos al uso no valen en esta crisis. Ni en este escenario internacional mutante, donde los amigos y los enemigos mutan, donde las reglas del juego son las del  todo vale.
Los bancos tienen miedo: el crédito no fluye porque no se prestan en el interbancario. No se fían unos de otros. Pero no lo hacen porque nadie sabe donde está el contagio del negocio. La parte comercial y la tóxica. Eso debe arreglarlo España inmediatamente. Separar en los bancos, el negocio comercial del de inversión. Establecer cortafuegos claros que impidan la exposición al riesgo. Los bancos de inversión no pueden estar mezclados con los comerciales. Y a partir de ahí volverá el crédito, se quitarán las restricciones y se animará la economía.
Finalmente, España tiene en su Constitución el compromiso de lograr el equilibrio presupuestario: pero lo debe tener en su ADN. Debemos ir más allá y creer en la regla de oro presupuestaria.  Y eso no quiere decir renunciar a los logros del estado del Bienestar. Antes bien, significa hacerlos posibles. Y garantizarlos. Y significa hacer inversiones (pero sólo las productivas) públicas que produzcan externalidades positivas: es decir, efectos económicos a terceros, efectivos para la población española, generadores de crecimiento, riqueza y capital humano. El Fondo Presupuestario Contracíclico (FPC) no lo tiene ningún país en este momento.
Como ya hemos dicho, la tarea a la que se enfrenta el señor Rajoy es ingente. Y como el general Sun necesita tomarse tiempo en la planificación y coordinación. Pero todavía queda un mes para ser investido como Presidente del Gobierno,  tiempo en el que deberá concretar sus planes económicos, estructurar su equipo y formalizar una estrategia clara, precisa y contundente de política económica. Que España se recupere puede parecer difícil. Pero veamos cómo está la situación de los EEUU: según datos de la CBO ,la Oficina de Presupuestos del Congreso y del FMI, el déficit público americano supera ampliamente el 10% del PIB y tiene una deuda pública de más del 90% del PIB, más de 14 billones de dólares. España que partía del 9,3% en el cierre de 2010 está alrededor del 7% y su deuda es más de 20 puntos menos. Parece que la economía estadounidense entrará en recesión con motivo del desacuerdo en el Thanksgiving. Sin embargo, Obama no ha parado de señalar a la eurozona y al euro como culpables de la crisis, cuando esta surge en EEUU y se recrudece por los costes del rescate a la banca. ¿Hay maniobras de distracción americanas hacia Europa?

© José A. Martínez, 2011.

viernes 18 de noviembre de 2011

Bienvenido Mister Marshall II: el Plan Merkozy

“Americanos, vienen a España guapos y sanos, viva el tronío de ese gran pueblo con poderío. Olé Virginia, y Michigan ,y viva Texas…, os recibimos americanos con alegría,olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía”. Estribillo de la canción de bienvenida a los americanos de la película de Berlanga de 1953.

El ciudadano europeo de a pie tiene miedo. Desconfía de la evolución económica de su país y de Europa. No entiende muy bien que algo llamado “los mercados” tenga más poder que los gobiernos democráticamente elegidos y que la propia Unión Europea. Los mercados son rápidos en sus actuaciones, las instituciones muy lentas. Los mercados marcan la pauta, las instituciones van detrás. Y, lo que es peor, los mercados imponen gobiernos a los ciudadanos, como acabamos de ver en Grecia e Italia. Estamos viendo, pues, el nacimiento de una nueva superestructura “la dictadura de los mercados”. Las noticias económicas de ayer (16 de noviembre) daban una buena medida de los problemas a los que se enfrenta la zona euro: 12 de los 17 países que la componen se encuentran en una situación comprometida. Grecia, Portugal e Irlanda intervenidos y teniendo que aplicar unas políticas de austeridad que imposibilitan su crecimiento y que lo harán por décadas; Italia y España con unas primas de riesgo que les abocan a seguir el camino de los otros PIGs; Francia, Bélgica y Austria con primas de riesgo en crecimiento exponencial… y mientras en Bruselas no se toman decisiones inmediatas que puedan aliviar esta dramática situación. Por eso, nos preguntamos: ¿es posible la continuidad de la Unión Europea?
El diagnóstico de la situación es sencillo, pero muy grave: la UE, la zona euro, está condenada a desaparecer en un breve plazo si no se toman medidas urgentes y enérgicas que den una imagen de unidad. Y, sobre todo, de que aún siendo un proyecto en construcción tiene la firme convicción de convertirse en una Federación de Estados –o en unos Estados Unidos de Europa, como se prefiera-. Si no, sus posibilidades de supervivencia son nulas.
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Lo fácil es echarle la culpa a Grecia por engañar en sus cuentas –a sus políticos y no a su población, que sufre las consecuencias-, a Irlanda, Portugal, España o Italia por vivir por encima de sus posibilidades. Pero ¿qué justifica los ataques a Francia, Bélgica o Austria? ¿Qué explica sus primas de riesgo? Solo hay una respuesta factible: nadie –ni los mercados, ni los inversores, ni los políticos de otros países- se fían de Europa; nadie se cree a estas alturas de la película que la UE sea capaz de tomar las medidas necesarias que eviten su ruptura. Y eso no es responsabilidad únicamente de los PIIGS –acrónimo que, por cierto, va a seguir creciendo, y que dentro de poco se denominará PIIGSFBA-; es un problema de paletismo, de que nunca se han creído lo que predicaban: una Europa unida que sea capaz de poner los intereses conjuntos –europeos- por encima de los nacionales. Es curioso que la calificación F (de Francia) se la vayan a ganar porque les retiren la triple A, por tener casi el mismo déficit que España y mucha más deuda pública, además de unos bancos con alta exposición a la deuda griega. Situación esta última, todavía no solucionada. Y la A (de Alemania) se la van a ganar por estar tan ciegos y ser tan egoístas que la situación se las va a volver en su contra. Y este es el gran error.
El objetivo de Alemania y sus satélites al crear la zona euro fue el imperialismo comercial. Tener un grupo de países a los que poder vender sus productos originados en una economía más productiva y competitiva, evitando a los otros la posibilidad de utilizar la devaluación competitiva al tener una moneda común. Este planteamiento es válido cuando la economía crece, pero se va al traste cuando el consumo de esos países primero se ralentiza y luego desaparece. ¿Cómo va a crecer Alemania si el 40 por ciento de su PIB procede las exportaciones y de ese porcentaje el 70 por ciento va destinado a Europa? Si los europeos dejamos de comprar Alemania dejará de vender y su economía se estancará. Y no será difícil ver entonces cómo los diferenciales de la prima de riesgo se estrechan y no precisamente porque mejoren los nuestros sino porque empeoren los holandeses y alemanes.
El mundo sajón, Centroeuropa básicamente, siempre ha pensado que la UE era como la Quinta Flota: un conjunto de barcos de diferente tamaño navegando juntos pero que, si uno tenía dificultades, se le podía abandonar en alta mar a su suerte. Pero no es verdad. El euro ha actuado de pegamento, y ahora si uno se hunde arrastra a los demás. La lección que deben aprender los centroeuropeos es que si no se actúa inmediatamente el efecto contagio va a llegar al mismo corazón de Berlín.
Tampoco los mercados emergentes (de fuera de la Unión) son una solución. La nueva Directora del FMI, la francesa Christine Lagarde, ya ha alertado de la posibilidad de una recesión mundial. Y es pura lógica: Europa no demanda, EE.UU tampoco crece de manera sustancial, Japón está estancado desde hace décadas… eso poco a poco va a ir ralentizando el crecimiento de los BRICs –con especial referencia a China, “sentada” sobre una inmensa burbuja inmobiliaria- hasta que este se pare. Y la recesión será, entonces, una realidad.
Y es que esta crisis que muchos dieron por acabada al año de comenzar, está lejos de terminar. Nosotros creemos que más que en forma de V, es una crisis en W, sin saber exactamente donde está el segundo fondo. Lo que si tenemos claro es que durará otros diez años y hasta, más o menos el 2020, no se empezará a salir de ella. Y esto porque mientras no se reinstaure la Ley Glass-Steagall no se habrá evitado el contagio de la enfermedad.
La gravísima situación europea muestra cada vez más que solo hay dos caminos: la disolución de la UE y el sálvese quien pueda; o la creación de unos Estados Unidos de Europa.
Por eso PROPONEMOS: La creación de un Tesoro Europeo, de una Oficina Presupuestaria Europea que controle los presupuestos de todos los países miembros, que analice y dictamine su compatibilidad y, sobre todo, si cada uno de los 27 puede pagar sus gastos y/o si los demás están dispuestos a financiárselos.
A esto hay que añadir la implantación de un gran Plan de Desarrollo hecho por y para el conjunto de Europa, y no para la suma de sus integrantes. Un nuevo Plan Marshall al estilo del que se implantó en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Ese plan tuvo una vigencia de cuatro años fiscales a partir de julio del año 1947 y, durante este periodo, los estados europeos que ingresaron en la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE) (precursora de la OCDE) recibieron un total de 13 mil millones de dólares de la época. Fue uno de los elementos impulsores de la unificación europea al crear instituciones para coordinar la economía a nivel continental. Se modernizó la Hacienda Pública con la introducción de técnicas de gestión y presupuestarias de inspiración norteamericana. El Plan Merkozy tendría el mismo objetivo: encaminar económica y socialmente a toda Europa hacia el crecimiento y la plena integración.
Hasta ahora los políticos europeos han hecho lo mismo que decía el antológico alcalde interpretado por Pepe Isbert en su discurso en el balcón (junto a Manolo Morán): "Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar porque os la debo". Menos explicaciones y más hechos. Si no, el tren de Europa volverá a pasar de largo (como la caravana de los coches del Plan Marshall en la película de Berlanga).

© José L. Calvo y José A. Martínez, 2011.

martes 25 de octubre de 2011

El Efecto Mateo o la parábola de los talentos

Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden (Jesús en el evangelio de Mateo).
Se llamaba Leví y se dedicaba a recaudar impuestos, por eso la gente de su pueblo (Cafarnaún) le consideraba pecador, porque trabajaba para el César como publicano. Jesús, como había hecho con otros, observó fijamente a Leví y le dijo: "¡Ven conmigo!". El Mesías también le cambió el nombre, llamándole en hebreo "Mattyáh" (don de Yahveh). Y es una cita de este evangelista el origen de lo que tanto en las investigaciones de sociología como economía algunos hemos llamado con el nombre de «Efecto Mateo». Textualmente: porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aún lo que tiene, se le quitará. Esta frase aparece varias veces en el Nuevo Testamento (Lucas y Marcos también la utilizan) además de que Mateo la utiliza en otra ocasión y en similar sentido (Mateo, en el capítulo 13, versículos 10-17): A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden.
Ya hemos comentado muchas veces en este blog que una de las características más definitorias de la actual crisis que sufrimos desde 2007 es su mutabilidad: comenzó siendo una crisis financiera para afectar a la economía real; pasó de ser una crisis centrada en los países desarrollados a un problema global, ralentizando el crecimiento incluso de China o Rusia; y ahora afecta a todo el modelo político-económico-social que estuvo vigente durante el siglo XX. Porque, digámoslo de una vez ya que va a ser el tema que desarrollaremos en este post, el modelo del pensamiento único, ese que defendía que habíamos llegado a la sociedad perfecta con la democracia capitalista, ha fracasado rotundamente. La crisis es económico-financiera pero también social y política. Es sistémica. Y no hay marcha atrás.
No entraremos a discutir lo ya conocido de los efectos económicos de la actual crisis. Pero sí a un concepto que se ha desarrollado en ella y que supone un nuevo planteamiento en los modelos de oligopolio de Teoría Económica: los bancos sistémicos, es decir, los bancos demasiado grandes para quebrar. El planteamiento es sencillo: la empresa ya no necesitan aumentar su tamaño para aprovechar las economías de escala. Su objetivo debe ser alcanzar un tamaño lo suficientemente grande como para que los gobiernos no puedan permitir su quiebra y deban intervenir –con el dinero de todos- para salvarla. Eso permite a esas empresas financieras especular sin asumir las consecuencias de sus acciones –riesgo moral se denomina en términos económicos- ya que cualquiera que sea el resultado siempre saldrán ganando: si lo hacen bien porque obtendrán beneficios; si lo hacen mal porque el estado –nuevamente, con nuestro dinero- las salvará porque no puede dejarlas quebrar.
El otro punto que queremos destacar desde la perspectiva económica es que estamos probando nuestra propia medicina. Durante siglos hemos considerado a África o Asia como continentes a explotar, lugares donde obtener las materias primas o el trabajo no cualificado para mantener nuestro nivel de vida. Sus condiciones vitales y laborales no nos importaron mientras permitieran que el mundo occidental creciese. Como ha contado Stiglitz, algo similar hicimos con otros países, a los que aplicamos las recetas del FMI que ahora nos toca asumir. Acciones como el corralito argentino arruinaron a un país y le impusieron unas condiciones extremas, de práctica supervivencia. Pero no nos importó, como diría Bertolt Bretch, porque no éramos nosotros: ahora vienen a por nosotros, ahora nos las imponen desde fuera.
La crisis es también social. La escuela del pensamiento único hizo creer que la lucha de clases era innecesaria, que todos podíamos ser ricos o aspirar a serlo. Que como dice la máxima estadounidense, cualquiera podía llegar a Presidente. Esta crisis ha desmontado esta falacia. El abanico de ingresos se ha ampliado: los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Según los últimos datos publicados por el INE los ingresos medios anuales de los hogares españoles disminuyeron un 4,4% en 2010 hasta situarse en los 24.890 euros. En 2011 el 35,9% de los hogares afirma que no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos; el 21,8% de la población residente en España está por debajo del umbral de pobreza; el 26,1% de los hogares manifiesta llegar a fin de mes con dificultad o mucha dificultad; el 38,8% no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año… Y mientras, los bancos reportan beneficios, las grandes fortunas incrementan su patrimonio, aquellos que hicieron quebrar las Cajas de Ahorros se asignan indemnizaciones millonarias y 4,5 millones de españoles tienen que vivir de la beneficencia, de lo que entre todos los pobres/clase media aportamos para mantenerlos. Recuerden un hecho: los ricos españoles tienen su dinero en las SICAV –a las que el gobierno no se atreve a incrementar la presión fiscal- que cotizan al 1% , y han dejado muy claro que ellos no apoyan la iniciativa de Warren Buffet de pagar más.
Por último, la crisis es también política. La democracia representativa tal y como funcionó en el siglo XX está finiquitada. Internet ha permitido el acceso instantáneo de todos a toda la información, por lo que los políticos han perdido su control. Pero, sobre todo, porque la actual crisis ha demostrado quienes son los auténticos detentadores del poder: los mercados y quienes los dominan. El hecho de que la balanza se incline hacia la derecha o la socialdemocracia –nos negamos a denominarles izquierda- en las próximas elecciones del 20N no va a suponer opciones significativamente diferentes. La política económica la seguirán dirigiendo desde Alemania y los mercados dictarán, en última instancia, lo que deberá hacer el próximo gobierno en materia económica, financiera, laboral… Los políticos deberían tomar buena cuenta y reaccionar si no quieren verse sobrepasados por los movimientos sociales.
Una última consideración para finalizar este post: desde tiempos inmemorables la gran lucha de la humanidad ha sido por el reparto de la riqueza. Cuando la economía crece esa lucha se suaviza, porque en cierta medida hay para todos. Cuando hay recesión surgen los problemas. Hoy por hoy las demandas de redistribución de la riqueza son pacíficas, pero vivimos una época convulsa y de transformaciones muy profundas, por lo que el futuro es impredecible. Tan solo hay una cosa segura: la sociedad que se asiente tras esta crisis político-económico-social distará bastante de la democracia capitalista representativa del siglo XX. De todos nosotros, de no dejarnos manejar, depende su creación.
La Crisis Fringe durará más de una década y una vez se supere las cosas nunca serán iguales, el mundo habrá cambiado como lo hizo en 1929. Evitar el Efecto Mateo quiere decir que, para ese nuevo mundo que surja tras la gran crisis debemos tener en cuenta el desigual reparto de la riqueza, las necesidades humanas básicas o el sufrimiento de cientos y cientos de millones de seres, iguales a nosotros, que viven (sobreviven) con menos de un dólar al día. Y reorientarnos a la economía real más que hacia la cultura de la banca en la sombra, que nos ha llevado a la primera crisis del siglo XXI. El problema es que por ahora no tenemos a un Franklin Delano Roosevelt, ni a un Keynes con una renovada Teoría General; ni, por supuesto, a una valiente Ley Glass-Steagall . Y es que miran y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden.

© José A. Martínez y José L. Calvo, 2011.