martes, 25 de octubre de 2011

El Efecto Mateo o la parábola de los talentos

Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden (Jesús en el evangelio de Mateo).
Se llamaba Leví y se dedicaba a recaudar impuestos, por eso la gente de su pueblo (Cafarnaún) le consideraba pecador, porque trabajaba para el César como publicano. Jesús, como había hecho con otros, observó fijamente a Leví y le dijo: "¡Ven conmigo!". El Mesías también le cambió el nombre, llamándole en hebreo "Mattyáh" (don de Yahveh). Y es una cita de este evangelista el origen de lo que tanto en las investigaciones de sociología como economía algunos hemos llamado con el nombre de «Efecto Mateo». Textualmente: porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, aún lo que tiene, se le quitará. Esta frase aparece varias veces en el Nuevo Testamento (Lucas y Marcos también la utilizan) además de que Mateo la utiliza en otra ocasión y en similar sentido (Mateo, en el capítulo 13, versículos 10-17): A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden.
Ya hemos comentado muchas veces en este blog que una de las características más definitorias de la actual crisis que sufrimos desde 2007 es su mutabilidad: comenzó siendo una crisis financiera para afectar a la economía real; pasó de ser una crisis centrada en los países desarrollados a un problema global, ralentizando el crecimiento incluso de China o Rusia; y ahora afecta a todo el modelo político-económico-social que estuvo vigente durante el siglo XX. Porque, digámoslo de una vez ya que va a ser el tema que desarrollaremos en este post, el modelo del pensamiento único, ese que defendía que habíamos llegado a la sociedad perfecta con la democracia capitalista, ha fracasado rotundamente. La crisis es económico-financiera pero también social y política. Es sistémica. Y no hay marcha atrás.
No entraremos a discutir lo ya conocido de los efectos económicos de la actual crisis. Pero sí a un concepto que se ha desarrollado en ella y que supone un nuevo planteamiento en los modelos de oligopolio de Teoría Económica: los bancos sistémicos, es decir, los bancos demasiado grandes para quebrar. El planteamiento es sencillo: la empresa ya no necesitan aumentar su tamaño para aprovechar las economías de escala. Su objetivo debe ser alcanzar un tamaño lo suficientemente grande como para que los gobiernos no puedan permitir su quiebra y deban intervenir –con el dinero de todos- para salvarla. Eso permite a esas empresas financieras especular sin asumir las consecuencias de sus acciones –riesgo moral se denomina en términos económicos- ya que cualquiera que sea el resultado siempre saldrán ganando: si lo hacen bien porque obtendrán beneficios; si lo hacen mal porque el estado –nuevamente, con nuestro dinero- las salvará porque no puede dejarlas quebrar.
El otro punto que queremos destacar desde la perspectiva económica es que estamos probando nuestra propia medicina. Durante siglos hemos considerado a África o Asia como continentes a explotar, lugares donde obtener las materias primas o el trabajo no cualificado para mantener nuestro nivel de vida. Sus condiciones vitales y laborales no nos importaron mientras permitieran que el mundo occidental creciese. Como ha contado Stiglitz, algo similar hicimos con otros países, a los que aplicamos las recetas del FMI que ahora nos toca asumir. Acciones como el corralito argentino arruinaron a un país y le impusieron unas condiciones extremas, de práctica supervivencia. Pero no nos importó, como diría Bertolt Bretch, porque no éramos nosotros: ahora vienen a por nosotros, ahora nos las imponen desde fuera.
La crisis es también social. La escuela del pensamiento único hizo creer que la lucha de clases era innecesaria, que todos podíamos ser ricos o aspirar a serlo. Que como dice la máxima estadounidense, cualquiera podía llegar a Presidente. Esta crisis ha desmontado esta falacia. El abanico de ingresos se ha ampliado: los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Según los últimos datos publicados por el INE los ingresos medios anuales de los hogares españoles disminuyeron un 4,4% en 2010 hasta situarse en los 24.890 euros. En 2011 el 35,9% de los hogares afirma que no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos; el 21,8% de la población residente en España está por debajo del umbral de pobreza; el 26,1% de los hogares manifiesta llegar a fin de mes con dificultad o mucha dificultad; el 38,8% no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año… Y mientras, los bancos reportan beneficios, las grandes fortunas incrementan su patrimonio, aquellos que hicieron quebrar las Cajas de Ahorros se asignan indemnizaciones millonarias y 4,5 millones de españoles tienen que vivir de la beneficencia, de lo que entre todos los pobres/clase media aportamos para mantenerlos. Recuerden un hecho: los ricos españoles tienen su dinero en las SICAV –a las que el gobierno no se atreve a incrementar la presión fiscal- que cotizan al 1% , y han dejado muy claro que ellos no apoyan la iniciativa de Warren Buffet de pagar más.
Por último, la crisis es también política. La democracia representativa tal y como funcionó en el siglo XX está finiquitada. Internet ha permitido el acceso instantáneo de todos a toda la información, por lo que los políticos han perdido su control. Pero, sobre todo, porque la actual crisis ha demostrado quienes son los auténticos detentadores del poder: los mercados y quienes los dominan. El hecho de que la balanza se incline hacia la derecha o la socialdemocracia –nos negamos a denominarles izquierda- en las próximas elecciones del 20N no va a suponer opciones significativamente diferentes. La política económica la seguirán dirigiendo desde Alemania y los mercados dictarán, en última instancia, lo que deberá hacer el próximo gobierno en materia económica, financiera, laboral… Los políticos deberían tomar buena cuenta y reaccionar si no quieren verse sobrepasados por los movimientos sociales.
Una última consideración para finalizar este post: desde tiempos inmemorables la gran lucha de la humanidad ha sido por el reparto de la riqueza. Cuando la economía crece esa lucha se suaviza, porque en cierta medida hay para todos. Cuando hay recesión surgen los problemas. Hoy por hoy las demandas de redistribución de la riqueza son pacíficas, pero vivimos una época convulsa y de transformaciones muy profundas, por lo que el futuro es impredecible. Tan solo hay una cosa segura: la sociedad que se asiente tras esta crisis político-económico-social distará bastante de la democracia capitalista representativa del siglo XX. De todos nosotros, de no dejarnos manejar, depende su creación.
La Crisis Fringe durará más de una década y una vez se supere las cosas nunca serán iguales, el mundo habrá cambiado como lo hizo en 1929. Evitar el Efecto Mateo quiere decir que, para ese nuevo mundo que surja tras la gran crisis debemos tener en cuenta el desigual reparto de la riqueza, las necesidades humanas básicas o el sufrimiento de cientos y cientos de millones de seres, iguales a nosotros, que viven (sobreviven) con menos de un dólar al día. Y reorientarnos a la economía real más que hacia la cultura de la banca en la sombra, que nos ha llevado a la primera crisis del siglo XXI. El problema es que por ahora no tenemos a un Franklin Delano Roosevelt, ni a un Keynes con una renovada Teoría General; ni, por supuesto, a una valiente Ley Glass-Steagall . Y es que miran y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden.

© José A. Martínez y José L. Calvo, 2011.

domingo, 16 de octubre de 2011

La gangrena y los nefastos médicos de la UE.

A todo el mundo le atrae la seguridad y teme el peligro, todos quieren vivir y temen la muerte.

Según el Diccionario de la Real Academia Española la gangrena es “la muerte de los tejidos por falta de riego sanguíneo, generalmente a causa de una herida seguida de infección y putrefacción”, aunque también cabe la acepción de “ruina, asolamiento, daño o desperfecto grande”. El tratamiento habitual es la cirugía que elimina el tejido infectado o la amputación, necesaria en muchos casos. Los antibióticos solos no son eficaces porque no penetran suficientemente los músculos isquémicos. De no tratarse rápidamente puede dar origen a la muerte del paciente. Esta es la misma enfermedad que aqueja a la economía europea, financiera y real, desde el inicio de la crisis de 2007. Y las medidas tomadas por los políticos de la Unión no solo no han servido para atajarla sino que la han extendido aún más. El resultado, si no se interviene rápidamente y con contundencia, va a ser la desaparición del euro y de la Unión Europea.
Analicemos por qué decimos esto a la luz de cómo se han desarrollado los acontecimientos. Cuando comienza la crisis, en el 2007, se observa que algunos gobiernos de países de la UE se habían comportado de forma poco rigurosa (eufemismo): Grecia falseó sus cuentas. Atenas, durante una década y con la ayuda de Wall Street, realizó prácticas que le permitieron esquivar los límites de deuda establecidos por Bruselas, como señala el prestigioso The New York Times.
Una transacción promovida por Goldman Sachs permitió a Grecia ocultar miles de millones de euros en deuda a las autoridades de la UE. Unos tres meses antes de que Atenas empezara a preocupar a la zona euro, Gary Cohn, presidente de Goldman Sachs, y otros banqueros sugirieron a Grecia un producto financiero que posibilitaba a los griegos la redistribución de una parte de la deuda de su sistema sanitario, haciendo frente a ella más adelante –para los autores del artículo del NYT ese método es similar al que aplican ciudadanos con problemas económicos cuando hipotecan sus casas para pagar las facturas de sus tarjetas de crédito-. Lo sorprendente es que esta ingeniosa idea ya había funcionado en 2001, poco después de que Grecia fuera aceptada en la zona euro. En esos días, Goldman ayudó a Atenas con un plan (una transacción, que no salió a la luz pública porque fue calificada como una intermediación de divisas y no como un préstamo) con el que pudo tomar prestado miles de millones de euros sin superar los límites fijados por Bruselas.
Aunque Atenas no aceptó la última propuesta de Goldman, el papel que jugó Wall Street en el más reciente drama financiero mundial arroja serias dudas, porque instrumentos financieros como los derivados fueron fundamentales en la pre-crisis de deuda griega. (Otra cuestión es cómo fue posible que ese engaño griego superase todas las barreras de la UE, con la aquiescencia de algunos países grandes, y cómo se puede admitir que quién ayudó a su encubrimiento vaya a ser el próximo presidente del Banco Central Europeo).
En mayo de 2010 la UE aceptó inyectarle a Grecia 110.000 millones de euros en un primer plan de rescate para salvarla de la bancarrota. Después del país heleno también se acogieron a estos planes Portugal (78.000 millones) e Irlanda (85.000 millones) y nuevamente Grecia (100.000 millones más en julio de 2011). Italia y España hemos “bailado en la cuerda floja”, pero hoy por hoy seguimos en el lado de la no intervención directa (la indirecta es obvia, y si no que se lo pregunten al Sr. Zapatero y su “caída del caballo social” con posterior conversión al neoliberalismo). Para que ese dinero llegase a las arcas de los países “periféricos” afectados –los cruelmente denominados PIGS- se les exigió la implantación de un conjunto de medidas muy restrictivas, en algunos casos la práctica desaparición del estado del bienestar.
Es aquí donde comienza la gangrenación de la UE: Grecia no es capaz de hacer frente a todas las demandas de la troika –FMI, BCE y Comisión Europea- porque eso supone retrotraer a su economía y a sus ciudadanos a la situación de hace cuarenta años; como no puede implementarlas no se le entrega la totalidad del dinero sino solo parte; y dado que no tiene los recursos que necesita, el país debe hacer frente a la posibilidad de bancarrota (default) lo que introduce más inestabilidad en los mercados.
Como la herida helena no es curada surge la primera extensión de la gangrena: la desconfianza ante la falta de decisión de la UE para resolver la crisis griega se traslada a los otros periféricos cuya prima de riesgo se dispara. Estos entran en una espiral de imposible cumplimiento: es preciso emitir más deuda para pagar los mayores tipos de interés de la que ya tienen y, al mismo tiempo, deben reducir su gasto público con la consiguiente deflación de la demanda, que reduce la recaudación por impuestos –aunque estos suban; solo es preciso considerar que la demanda agregada es elástica para que las subidas de impuestos den origen a una menor recaudación-; los ingresos públicos no son capaces de cubrir el déficit (al que se ha sumado la nueva deuda y sus intereses más altos por la elevación de la prima de riesgo) y se hacen necesarios nuevos ajustes a la baja del gasto público.
Y dado que la UE vuelve nuevamente a no tomar medidas rotundas la gangrena se extiende por todo el cuerpo de la UE: ya no son solo los países periféricos los que sufren las consecuencias de la incapacidad política para curar la herida financiera europea, sino que el problema se traslada primero a Francia y Bélgica (Dexia) y dentro de poco a Alemania (que posee más del 40% de la deuda pública griega, por lo que un default pondría a sus bancos en una situación muy grave). Por ello, la necesidad de capitalizar los bancos europeos ante la posible quiebra griega y la sucesión de complicaciones que generará en las entidades financieras de la UE.
¿Qué ha fallado en la estrategia curativa de Europa? Decisión y un auténtico concepto de la Unión. Decisión para tomar las medidas necesarias en el momento oportuno. Con esto no queremos decir que se debería haber expulsado a Grecia del euro y la UE. Todo lo contrario. Habría que haber dicho: los griegos han engañado con sus cuentas pero hay que resolverlo, hay que desembolsar inmediatamente la cuantía total del plan de rescate e imponerles un gobierno dirigido por la UE que tome las decisiones necesarias para resolver la crisis sin necesidad de imponer medidas extremas a su población. Así se habría evitado la desconfianza y el contagio, se habría lanzado un mensaje de fortaleza y unidad.
El segundo elemento es aún más importante. Los países de Centroeuropa, con Alemania a la cabeza pero sin olvidarse de Austria, Holanda… no han tenido sentido de Europa y han pensado que podían salvarse solos, que podían dejar caer a los demás y salvar su nación. Y el mensaje –para Centroeuropa pero también para las autonomías españolas- es que ya no existe la nación alemana separada del resto, la entidad supranacional es Europa y es ahí donde hay que resolver las dificultades. Ellos piensan que no estamos a su altura “moral” y económica, pero ya no hay marcha atrás. Todos estamos embarcados en la UE y o nos salvamos todos o todos juntos iremos al fondo de la economía mundial.
Cualquier retraso, cualquier duda, solo hará que la infección se extienda más. La gangrena avanza inexorablemente. Ante un sistema financiero enfermo es imprescindible huir de los médicos miserables y paletos, es preciso tomar decisiones valientes y tomarlas ya. Por eso hay que actuar inmediatamente con unidad. La primera: el gobierno económico europeo.
E pluribus unum. De muchos, uno.

© José L. Calvo y José A. Martínez, 2011.

viernes, 7 de octubre de 2011

La "Crisis FRINGE" y los universos paralelos: señales del colapso económico en el comienzo del siglo XXI

Sólo cuando conoces cada detalle de la disposición de un terreno puedes maniobrar

Desde hace tres años vivimos en una crisis global para la que se han intentado medidas parciales, simples y que no van a solucionar el grave problema financiero mundial. Porque billones de euros después, varias inyecciones de capital y nuevas recapitalizaciones de la banca, estamos en la casilla de salida o en una aún peor. Y es que la crisis económico-financiera que comenzó en 2008 podría denominarse la Crisis Fringe; esto es, aquella en que conviven dos realidades distintas de la economía: el lado real, productivo, donde se intercambian bienes tangibles –alimentos, viviendas, coches…-, donde las instituciones financieras se dedican a la labor de intermediación para la que fueron creadas, donde no pueden invertir su dinero para actuar en contra de sus propios clientes, y el lado oscuro, especulativo, donde los productos son no ya intangibles, sino irreales –futuros, opciones, certificados de depósitos…-, meras especulaciones que surgen de la mente de aquellos que las crean. Y lo que esta crisis está volviendo a demostrar es que lo realmente peligroso es que esos universos se mezclen.
Y eso es exactamente lo que pasó hace unos años con la eliminación de la Ley Glass Steagall (LGS), que actuaba de cortafuegos. Al abrir las puertas de contacto entre ambos universos empezó el problema y no tiene solución, porque como ya se ha explicado en este blog (ver el "Cubo Agujereado de Okun") todo el dinero que se proporcione para las capitalizaciones bancarias es como echarlo en un cubo lleno de agujeros, y nunca llegará en forma de créditos a los consumidores y las empresas. No vale para nada en el lado real.
¿Cómo funciona cada uno de los mundos y cómo se interrelacionan? Volvamos a FRINGE. Como buena historia televisiva, podríamos decir que todo comenzó cuando en los alegres años 20 del siglo XX entraron en contacto por primera vez los universos. De hecho en esa época comenzó a gestarse el universo especulativo. Muchos individuos, desconocedores del peligro, optaron por tener avatares o participar en las realidades de ambos mundos. Y si en la serie, "distorsiones de las leyes físicas y fuertes tormentas preceden al colapso de los mundos paralelos" de la misma forma sucesivas minicrisis a comienzos del siglo pasado nos estaban avisando de que la puerta se había abierto y que la confluencia de ambos universos podía tener un resultado fatal. La consecuencia es de todos conocida: la Gran Depresión de 1929.
Para cerrar la puerta entre universos se estableció la Ley Glass Steagall (promulgada en 1933 por la administración de Franklin D. Roosevelt) que separaba los bancos comerciales de la banca de inversión, a la banca normal de la banca en la sombra. La crisis demostró que era mejor no mezclar.
Esta Ley junto con la aplicación de políticas keynesianas de estímulo de la demanda agregada, después de la segunda guerra mundial, lograron que Occidente creciera económicamente durante décadas, hasta tal punto que muchos economistas pensaron que la teoría de los ciclos quedaba invalidada, que siempre se crecería. Al desarrollarse la economía financiera y sus nuevos productos, al aparecer el fenómeno inexorable de la globalización, esos mismos economistas pensaron que ya no era necesario el cortafuegos y que se podía derogar la Ley Glass Steagall –lo que se hizo el 12 de noviembre de 1999 por el Financial Services Modernization Act, más conocido como Gramm-Leach-Bliley Act-, que ahora ya era posible pasar de un universo al otro sin peligro. No solo eso, sino que donde realmente se vivía bien, donde se podían hacer pingües negocios era en el otro lado…en el universo especulativo. El nuevo escenario al que dio lugar la derogación fue el de todo vale, el de que las "reglas del nuevo juego financiero" eran que no había reglas porque los mercados eran "eficientes y no necesitan regularse". Pero no todo parecía funcionar tan a la perfección: en los setenta hubo dos crisis asociadas al petróleo, y ahí empezó el fin de los años de vino y rosas y el comienzo de la economía triste de los años ochenta.
Al devolver todo el poder al mercado (al hacer economía vudú, como diría Krugman) la política económica pierde la capacidad de maniobra y eso se hizo al romper la frontera de los universos, al fomentar el negocio de especuladores sin escrúpulos y de financieros por objetivos donde lo importante era la parte variable. Se inició así una nueva carrera que produjo la situación actual de descontrol total. Porque, si bien hubo crisis desde 1990 a 2000, se trataba de avisos (señales del colapso) de que el sistema no funcionaba bien, de que era necesaria una regulación financiera a nivel global.
Y así, si después de la crisis de 1929 la economía y el mundo no volvieron a ser iguales, después de la de 1999, tampoco. Y cuando llegó la hecatombe de 2008 ya no teníamos instrumentos financieros para defendernos del contagio, no teníamos cortafuegos: los universos paralelos estaban mezclados.
Al igual que en FRINGE lo realmente importante es cerrar las puertas al universo especulativo, porque de lo contrario, es imposible que fluya el crédito en el lado productivo y, como consecuencia, es quimérica la recuperación del crecimiento y la generación de empleo. Cualquier propuesta de salida de la actual crisis pasa, inexorablemente, por cerrar la puerta al universo especulativo. Esto no quiere decir que no deba existir, significa simplemente que los que quieran vivir en él lo pueden hacer, pero que su comportamiento no puede contagiar a la economía real.

[La serie Fringe está protagonizada por Anna Torv en el papel de Olivia Dunham, John Noble en el papel del científico Walter Bishop (un "Frankenstein mezclado con Albert Einstein" ) y Joshua Jackson como su hijo, Peter Bishop. La serie es heredera de otras como The X-Files y actualmente se emite la cuarta temporada].

© José L. Calvo y José A. Martínez. 2011.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Ley Glass-Steagall: ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Cuantas más defensas induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.

La crisis económico-financiera de 2008 pasará a la historia junto con la de 1929 como las dos más perniciosas del capitalismo. Y aunque ahora ya prácticamente no se hacen analogías entre la una y la otra, nosotros pensamos que cada vez se asemejan más. Por eso posiblemente sus soluciones también deban tener un gran parecido.
Ambas crisis surgieron de un período de alegría incontenida, de una época en la que todos creían que el bienestar estaba garantizado y que el capitalismo había conseguido encontrar la vía para un crecimiento sin límite; de un período en el que el sector real/productivo cedió su predominio al financiero/especulativo, y todos consideraron que era más rentable ganarse la vida invirtiendo en acciones, bonos, futuros… en vez de crear empresas y trabajar; y, sobre todo, de un sector financiero absolutamente desregularizado, del capitalismo salvaje.
Para hacer frente a la Gran Depresión una de las decisiones más importantes que se tomó –y probablemente una de las más desconocidas- fue el establecimiento en 1933 de la Ley Glass Steagall, que promovió la separación entre la banca comercial y la banca de inversión. De hecho, nosotros creemos que esta ley tuvo tanta trascendencia para superar la primera gran crisis del capitalismo como la política keynesiana del New Deal de Roosevelt. Un simple dato de su relevancia: durante los 67 años que estuvo vigente –hasta la aprobación por Bill Clinton el 12 de noviembre de 1999 del Financial Services Modernization Act, más conocido como Gramm-Leach-Bliley Act- el capitalismo sufrió varias crisis, pero ninguna de la entidad de la que se produjo en 1929; tras su derogación, introduciendo la plena liberalización del sistema financiero, este solo tardó 7 años en hundirse y arrastrar al resto de la economía a una crisis sin precedentes.
Pero, ¿qué significa la separación entre la banca comercial y la banca de inversión? ¿Qué son cada una de ellas? En la banca comercial, o banca tradicional, lo que las entidades hacen es coger el dinero que depositan los ahorradores y prestárselo a las empresas para llevar a cabo la actividad productiva, obteniendo un beneficio por esa labor. La diferencia entre lo que pagan y lo que cobran es positiva, y ahí reside su beneficio básico. Es el típico negocio de intermediación, cuyo beneficio es muy estable y hace extremadamente difícil que un banco comercial entre en pérdidas. Por su parte, la banca de inversión se dedica a sacar empresas a Bolsa, diseñar y ejecutar OPA's, fusiones, emisiones de bonos, operaciones de trading de gran volumen en los mercados financieros, etc. Es la parte creativa del negocio bancario, por lo que si bien sus beneficios pueden ser muy elevados también son mucho más inestables. En los momentos buenos de la economía gana mucho más dinero que la banca comercial, pero en los momentos de desaceleración puede sufrir grandes caídas de beneficios e incluso entrar en pérdidas.
La ola liberalizadora que surgió tras el Gramm-Leach-Bliley Act tuvo como resultado la fusión entre los dos tipos de banca, y todos se dedicaron a hacer de todo. De hecho, permitió a los bancos realizar una actividad denominada propietary trading consistente en invertir su propio dinero en todo tipo de activos, pero sobre todo en los más rentables y, consecuentemente, más arriesgados: certificados de depósitos, futuros… Su apalancamiento, es decir la inversión ligada a cada euro propio del banco, llegó a ser de entre 40€ en USA y 60€ en Europa. Pero el propietary trading tiene dos efectos perversos: el primero que pone en riesgo a la institución financiera, ya que ahora no invierte (y expone) el dinero de sus clientes sino el suyo propio. Y con esas tasas de apalancamiento cualquier desajuste puede provocar el caos; y en segundo lugar, como se demostró en el caso de Goldman Sachs, que la institución financiera puede actuar contra los intereses de sus clientes (les vendía Certificados de Depósito y con el dinero del banco “apostaba” a que el valor de esos CDOs iba a descender). Obama ha querido prohibirlo pero no ha podido.
¿En qué se traduce todo esto? Pues que en nuestra opinión no solo no se ha salido de la crisis de 2008 como se está intentando vender a todo el mundo, sino que lo que se está haciendo es una cura paliativa, se está tratando de aliviar los síntomas; pero el problema financiero que está en el origen no se ha corregido, no se ha hecho por falta de voluntad política. Y nuestra propuesta es sencilla: ¿por qué no retornamos a una renovada Ley Glass Steagall que ponga orden entre tanto caos especulativo? ¿Por qué no separamos nuevamente la banca comercial, que se dedicaría a su misión fundacional de intermediación y en esa medida permitiría que fluyese el crédito, de la de inversión, especializada en actividades más propias de un casino en la actualidad?
Los políticos europeos andan perdidos en sus nacionalismos y visión cortoplacista; parecen comportarse como un replicante ( Blade Runner,1982) desorientado en busca de respuestas .Y como en la genial novela de 1968 de Philip K. Dick habría que preguntarles: ¿sueñan los androides (europeos) con ovejas eléctricas?

© José A. Martínez y José L. Calvo 2011. No citar sin autorización expresa de los autores.

martes, 13 de septiembre de 2011

The Day After Greece. Imitation of Life

El que los adversarios vivan o mueran depende de ti; así pues, es como si fueras el director de su destino.
En la película dirigida por Roland Emmerich en 2004 The Day After Tomorrow el protagonista sugiere que el calentamiento global podría provocar un cambio brusco y catastrófico en el clima de la Tierra, al igual que sucedió hace diez mil años; por eso alerta a las autoridades del peligro, pero su advertencia llega demasiado tarde y graves eventos climatológicos comienzan a suceder alrededor del planeta.
Tenemos la impresión de que algo muy similar está pasando ahora mismo en la economía mundial (no sólo europea). Las señales están ahí: incertidumbre, volatilidad, derrumbe de las bolsas, problemas de deuda soberana y anuncios oficiales (FMI, OCDE, BM) de recesión o Gran Depresión. El Presidente Obama habló hoy sobre Grecia y señaló que es ahora mismo el "gran problema inmediato", aunque "el mayor problema" es, "lo que pase en España e Italia si los mercados siguen arremetiendo contra esos países muy grandes". Este lunes (12/09) las Bolsas vivieron una jornada negra, arrastradas por rumores de que Grecia se encuentra en quiebra, algo que, de confirmarse, podría suponer un problema de dos billones de euros en la banca europea. La Presidencia de Norteamérica piensa que las turbulencias del euro tienen un "impacto enorme en toda la economía, no solo en los Estados Unidos". El Presidente insistió: "nos encontramos en profundo contacto con los europeos para tratar de resolver esta crisis". Por su parte, Krugman, en un brillante artículo publicado hoy mismo, manifiesta lo siguiente: "España, en concreto, tenía superávit presupuestario y una deuda baja antes de la crisis financiera de 2008; se podría decir que su historial fiscal era impecable. Y aunque fue golpeada duramente por el fin de su boom inmobiliario, sigue siendo un país con una deuda relativamente baja y resulta difícil defender el argumento de que la situación fiscal subyacente del Gobierno de España sea peor que la de, por ejemplo, el Gobierno británico. Entonces, ¿por qué tiene España -junto con Italia, que tiene una deuda más alta…tantos problemas? La respuesta es que estos países se enfrentan a algo muy parecido a una espantada masiva bancaria, excepto por el hecho de que la retirada masiva de fondos afecta a los Gobiernos, en vez de…a sus instituciones financieras: los inversores, por la razón que sea, tienen miedo de que un país no sea capaz de pagar sus deudas. Esto hace que no estén dispuestos a comprar los bonos del país o, al menos, no salvo que se les ofrezca un tipo de interés muy alto".
Los últimos datos de la economía estadounidense y de la zona euro señalan la existencia de una nueva recesión en esta crisis que parece no tener final. Los “brotes verdes” europeos y americanos se han secado. Y mientras, el mundo académico y profesional se sume en un nuevo debate sobre si la crisis presenta forma de V, de U con un largo período en el “fondo”, en forma de W…
Consideramos este debate estéril, y seguimos manteniendo nuestra posición ya comentada en algunos posts: esta es una crisis sistémica, de forma que hasta que no se resuelvan las incógnitas que plantean el paso del sistema actual hacia una nueva forma de entender el capitalismo no será posible salir de la crisis. Dicho en términos que entendamos todos, en septiembre de 2007 el “muro” del capitalismo también cayó, y todavía no hemos encontrado el camino para manejarnos sin él.
Pero ¿qué es una crisis sistémica? Esta pregunta nos la han realizado algunos participantes en el blog –a quienes queremos agradecer públicamente sus comentarios-. A nuestro juicio una crisis sistémica se produce cuando una forma de entender el mundo –desde la perspectiva económica pero también social, política, de sistema de valores…- se queda obsoleta y la nueva concepción no se ha instalado plenamente. Ese confuso período de adaptación, con pasos en múltiples direcciones, muchas de ellas erróneas, es lo que define este tipo de crisis.
Centrémonos en cuatro aspecto que, nuevamente según nuestra forma de entender, van a resultar completamente transformados en este período de crisis: el modo de producción; la distribución de poder entre las potencias económicas; el papel del sistema financiero; y el estado del bienestar.
Por lo que se refiere al primero de los aspectos, el sistema productivo que funcionó desde la Revolución Industrial ha ido siendo sustituido paulatinamente por la Sociedad del Conocimiento. Esto supone no solo un cambio en la forma de entender la fabricación –por ejemplo en esta economía de sobreproducción el consumidor es “el rey” y ya no funciona la Ley de Say- sino también en las formas de competencia entre empresas –con el predominio de la diferenciación vía innovación-, de la invalidez de criterios tan en boga durante el siglo XX como las economías de escala e incluso de las relaciones laborales. La concentración de los trabajadores en grandes empresas ya no es necesaria en la mayoría de los sectores, y cada vez se hace un uso más intensivo del teletrabajo. Al final de esta crisis –concebida como período de transición- se habrá impuesto un nuevo modelo productivo y de relaciones laborales muy alejado del que predominó a lo largo del siglo XX.
La salida a la crisis actual verá una nueva distribución del poder económico y político. Dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Europea, aparecen como las grandes perdedoras, mientras que los BRIC, y en concreto Rusia y fundamentalmente China, son las más que factibles ganadoras. Para cuando la crisis actual haya terminado China habrá superado a EE.UU. como primera potencia mundial, marcando un nuevo devenir de la historia moderna. Por su parte, la Unión Europea está herida de muerte, y si bien es posible que sobreviva a esta crisis, aquél proyecto de una Europa unida tanto en lo económico como en lo político ha demostrado ser una entelequia. Hemos demostrado ser tan terriblemente diferentes no solo económica sino también social y culturalmente como para ser capaces de “remar juntos cuando la mar se pone mala”.
En cuanto al sistema financiero, este deberá renunciar a eso que tan alegremente se denominó “ingeniería financiera” y volver a sus a orígenes: la intermediación entre los ahorradores y los inversores. El nuevo sistema capitalista deberá imponer reglas muy estrictas al sistema financiero para evitar la especulación: volver, en suma, a la Ley Glass Steagall, de separación de la banca en la sombra.
Finalmente, hay que ser conscientes de que el Estado del bienestar que tan bien funcionó durante el siglo XX es insostenible en el futuro. En países como España la universalidad y gratuidad de la sanidad –como demuestra la tragedia de los comunes-; las jubilaciones a los 65 años –con una esperanza de vida de 85- y pensiones no ligadas a la riqueza de los individuos; el actual sistema de prestaciones por desempleo –con 4,5 millones de personas metiendo mano en la caja común por necesidad- o la práctica gratuidad de la enseñanza universitaria, entre otros, son inviables a medio y largo plazo. Y sería bueno que la socialdemocracia española lo reconociese y empezase a buscar soluciones imaginativas, porque los conservadores las tienen muy claras: privatización (como ya ha hecho con la educación y la sanidad en comunidades como Madrid y Valencia).
Esto son solo unas pinceladas de lo que para nosotros es una crisis sistémica como la actual. Hay, desde luego, muchos más puntos, y de los aquí comentados volveremos a hablar en el futuro. No obstante, esperamos haber hecho un poco de luz en un tema tan manipulado.
Terminamos con un comentario casero: Alemania ha vuelto a demostrar que solo tiene una forma de entender la convivencia entre los pueblos europeos: bajo su bota. Y señalando injustamente a culpables que no lo son. Porque, como muy bien dice Krugman: "Y el hecho de que el país deba refinanciar su deuda a tipos de interés altos empeora sus perspectivas fiscales, lo que hace el impago más probable, de modo que la crisis de confianza se convierte en una profecía que acaba cumpliéndose". Nadie sabe lo que pasará el día después de Grecia, nadie lo sabe, pero nosotros exigimos, desde aquí, responsabilidad a los políticos y que tengan en cuenta las palabras del Libro de la Sabiduría (LA SABIDURÍA Y EL DESTINO DEL HOMBRE): "Pues todo lo creó para que perdurase, y saludables son las criaturas del mundo". Imitemos a la vida, emulemos lo bueno y ayudemos a los demás: esperemos que el nuevo capitalismo sea, como mínimo, tan solidario como lo fue el del siglo XX.

© José L. Calvo y José A. Martínez, 2011.

viernes, 26 de agosto de 2011

Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones

"Lo que distingue al hombre de los otros animales son las preocupaciones financieras".
Jules Renard (1864-1910) Escritor y dramaturgo francés.
"La mejor victoria es la que se logra con una planificación inteligente". Sun Tzu.

El debate sobre el control del déficit público forma parte del análisis económico desde prácticamente su principio. A la necesidad de un presupuesto equilibrado anual se la conoce como la Regla de Oro del presupuesto clásico. Todos los grandes pensadores económicos, desde Adam Smith(1723-1790) a Keynes(1893-1946), pasando por Friedman(1912-2006) o los defensores de la herejía keynesiana como el Premio Nobel de Economía (2008), Paul Krugman han discutido sobre la necesidad de establecer una limitación estricta a los gastos públicos de forma que estos no superen los ingresos o, por el contrario, permitir un cierto “margen de maniobra” temporal. John Kenneth Galbraith, economista keynesiano, lo expresaba de forma certera en 1958, en su The Affluent Society, "…las tendencias dilapidadoras de príncipes y repúblicas fueron reprimidas a través de la norma que les obligaba indefectiblemente a ingresar tanto dinero como gastaban. Las consecuencias de la violación de esta regla han sido siempre desafortunadas a largo plazo, y a menudo también lo han sido a corto plazo". Nuevamente es Galbraith quién resume perfectamente la argumentación de aquellos que defienden la restricción total cuando señala que: “…la norma que requería un presupuesto equilibrado había sido concebida para gobiernos que eran irresponsables, por su naturaleza o porque la experiencia lo demostraba, en asuntos fiscales”; por su parte, los defensores de la posibilidad de un cierto déficit en situaciones de recesión económica consideran este necesario para impulsar la actividad económica y permitir la recuperación en los períodos “bajos” del ciclo económico. Kondrátiev (1892-1938) formuló diversas teorías sobre el ciclo económico, la más recomendable es la del ciclo largo, divulgada en occidente por Joseph Alois Schumpeter (1883-1950), como parte de su modelo tricíclico. La aportación más relevante de este gran economista (catedrático de Harvard desde 1932) fue la concepción cíclica e irregular del crecimiento económico. Hoy, en esta vieja Europa urge encontrar un camino que nos libere de los miedos irracionales, de la desconfianza y de esos factores psicológicos que están detrás del comportamiento de inversores, financieros y especuladores y que, como en el sueño de José (Génesis 1:41:1 - 1:41:36) debemos saber interpretar, porque nos pueden facilitar la vía de salida de esta cruel y despiadada crisis. José le habla al faraón de lo que en Teoría Económica se conoce como "ciclos" y de que hay que prepararse en los tiempos de bonanza para las épocas de escasez.
Todo esto viene a colación de la transcendental, y sorprendente, propuesta del Presidente Zapatero para llevar a cabo una reforma de la Constitución española que incorpore una limitación al déficit de las Administraciones públicas. Esto supone la primera modificación de nuestra Constitución desde 1978, por lo que debería ser analizada con sosiego y consultada a toda la población.
Partamos de un principio común: todos los economistas han sido, son y seremos partidarios de unas cuentas públicas saneadas en el medio y largo plazo. Por ello, el debate no es si debe o no existir déficit cero, sino de si esta medida se debe aplicar en todos y cada uno de los años fiscales y si debe consagrarse en la Carta Magna. Es en el primer punto donde también se centra la discusión entre el PSOE, que está más en la idea de permitir pequeños déficits –sin cuantificar- en períodos en los que la tasa de crecimiento de la economía española no supere el 2% del PIB, y el PP, partidario de la más estricta doctrina neoclásica de déficit cero en cualquier circunstancia. Recordemos que los criterios de convergencia de Maastricht ya señalaban una hoja de ruta fiscal más flexible que el equilibrio presupuestario permitiendo un déficit público del 3% del PIB.
Desde un punto de vista técnico, si los gastos de un país crecen a un ritmo superior a sus gastos la única forma de financiarlo es emitir Deuda. Esta, a su vez, genera unos intereses que es preciso pagar y que deben incluirse dentro del presupuesto de gasto. Si ese déficit se mantiene en el tiempo, la emisión de Deuda también lo hará, lo que llevará a que cada vez una mayor parte de los gastos del estado estén representados por los intereses de esa deuda, pudiendo dar origen a una situación explosiva –básicamente cuando el tipo de interés sea superior a la tasa de crecimiento de la economía-. Eso lo saben muy bien los mercados, que a partir de un determinado momento considerarán que el país empieza a tener problemas para pagar, por lo que, en un primer momento demandarán tipos de interés mayores para luego negarse a comprar esa deuda ante la perspectiva de no cobrar –el ya famoso default-. Por ello, la disciplina fiscal no solo es necesaria, sino imprescindible.
A esto, y en el caso español, hay que sumar una situación muy grave procedente de una utilización del gasto público en los últimos años que entra de lleno en los “gobiernos que eran irresponsables” de Galbraith. No deseamos insistir nuevamente sobre el hecho de haber pasado de un superávit del 2,2% del PIB en 2007 a un déficit del 11% en 2009, pero sin una política económica tan catastrófica España no se vería en la obligación, impuesta por sus socios europeos en la carta del BCE, de reformar su Constitución para evitar que nuevos políticos inconscientes aboquen al país a la quiebra. Algo muy similar, por otro lado, a lo que ha pasado en el resto de los PIIGS (ahora con Italia entre nosotros). Es, sencillamente, un problema de desconfianza europea y de los mercados hacia nuestra clase política, lo que les debería hacer reflexionar.
Pero si todos estos argumentos son ciertos, no vemos tanto la necesidad de que la disciplina fiscal deba ser consagrada en la Constitución y mucho menos que el cambio deba ser tan precipitado, tomando además la decisión los mismos “inconscientes” que nos ha llevado a la intervención de nuestra economía. Porque, por mucho que nos intenten vender, la actual reforma de la Constitución que se solicita está impuesta por los mercados –quienes quieran que sean- y nuestros socios europeos –estamos, en estos momentos en una situación de tutela económica ejercida por Merkel, Sarkozy y el BCE-. En esa medida nuestra soberanía y democracia se ven comprometidas.
En definitiva, si bien apoyamos el control de déficit para evitar que los “políticos irresponsables” vuelvan a hacer de las suyas, creemos que su inclusión en la Constitución es una medida que, en cualquier caso, debería ser discutida y explicada con más tiempo y en profundidad. La Constitución de 1978 no es algo que se modifique cada año, debe tener una solera, y es preciso entender que los principios económicos que ya la inspiran pueden entrar en contradicción con la reforma propuesta. Dudamos que consagrar una opción concreta de política económica en la Constitución, sea la vía correcta. Pero, si se hace, se debería o bien consultar a todos los españoles vía referendum, o conseguir un amplísimo acuerdo parlamentario de al menos el 80-90 % de las fuerzas políticas. Y decimos más: se debería aprovechar la ocasión para sentar las bases de un consenso político entre los dos grandes partidos de España para establecer las reformas necesarias de salida de la crisis. El Decálogo de ineludible cumplimiento de ese Gran Pacto sería el siguiente: 1º) Reforma del sistema financiero español con la vuelta a su labor fundamental de intermediación y control estricto de las actividades especulativas; 2º) Flexibilización del mercado de trabajo; 3º) Reforma de las Administracioens públicas para evitar duplicidades; 4º) Introducir criterios de eficiencia, eficacia y equidad en las decisiones públicas; 5º) Lograr los objetivos al mínimo coste; 6º) Desmantelamiento de los actuales 17 mercados, regulados cada uno por una autonomía; 7º) Flexibilidad y libertad de los factores de producción 8º) Reforma de las pensiones: edad de jubilación a los 70 años, supresión de las prejubilaciones; 9º) Incremento de la inversión en educación básica y superior y 10º) Interiorizar el principio de la emulación: inversión en investigación científica y técnica para el desarrollo industrial y tecnológico. Estos mandamientos se encierran en dos: 1º) no subirás impuestos pero reducirás gastos (en el propio Estado, las CCAA y las corporaciones locales) y 2º) Como decía el fundador de nuestra ciencia: Investigarás (y emularás) la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

© José A. Martínez y José L. Calvo, 2011.

sábado, 6 de agosto de 2011

La hora de los valientes. En lo esencial, unidad

En cuanto la tropa se halle fuertemente unida, el valiente no tiene ocasión de avanzar solo, el cobarde no tiene ocasión de retroceder solo. Este es el método para emplear a muchos hombres.
Los coetáneos de los grandes sucesos históricos no suelen ser conscientes de ellos, precisamente porque los están viviendo en ese momento. Nosotros creemos que el mundo está en uno de esos procesos de transformación histórica: el sistema económico vigente está mutando. Y esos cambios o transformaciones suelen ser dolorosas, si son radicales. Veamos tres escenarios posibles (hay más, lógicamente) uno el americano e internacional, otro el europeo y, finalmente, el español. Nuestro post de hoy es más largo de lo habitual, pero la ocasión lo merece: queremos dejar clara nuestra posición.
Primer escenario. Después del acuerdo forzado sobre el techo de deuda en USA, los mercados tienen dudas con los Estados Unidos: "La rebaja está motivada porque la consolidación fiscal acordada por el Congreso y la Administración se queda corta, de lo que sería necesaria para estabilizar la dinámica de deuda a medio plazo del gobierno", indicó Standard & Poor's en un comunicado oficial. Esta agencia de calificación crediticia acaba de rebajar la calificación de la deuda de EEUU por primera vez en la historia al pasarla de AAA, la máxima posible, a un escalón menos AA+. Además, la agencia china de calificación Dagong Global Credit ha rebajado la nota de solvencia de EE UU, hasta A desde A+ con perspectiva negativa, al considerar que el acuerdo alcanzado para elevar el techo de deuda no revierte la tendencia de crecimiento del endeudamiento del país por encima del ritmo de su recuperación económica. Con esto queremos decir que, excepto en Asia, concretamente en China, las grandes potencias o bloques económicos industrializados parecen tener problemas económico-financieros con la perspectiva de entrar, de nuevo, en una recesión global que será, necesariamente, sistémica. Y también irreversible. China desea desde hace tiempo la sustitución del dólar como moneda de reserva internacional por los derechos especiales de giro. China, con 1.300 millones de personas y un capitalismo de estado (gobernado por el partido comunista) está buscando el liderazgo político y económico del mundo en el siglo XXI.
Segundo escenario. La situación actual en Europa es complejísima: con unos diferenciales de deuda para Italia y España que rondan los 400 puntos, suponen que ambos países deben pagar tipos de interés por los bonos a 10 años en el entorno del 6%, habiendo llegado al 6,4% en el caso español. Como bien señalaba ayer el Presidente de la Comisión Europea, José Durao Barroso, y hoy mismo negaba el ministro de finanzas alemán, la actual situación ha sobrepasado a los países periféricos de la UE y está alcanzando el corazón de la Unión. Porque, y este es un argumento que nosotros hemos defendido desde hace mucho tiempo, nadie está libre de los ataques especulativos de los mercados. El patrón de ataque es evidente, primero se inventan el acrónimo PIGS, luego utilizan expresiones como los "periféricos", después se transmite al ciudadano una imagen errónea que asocia las políticas de austeridad fiscal con la inmunidad ante esos ataques del lado oscuro financiero. Nosotros defendemos las políticas de equilibrio presupuestario: debes hacerlas por principio, las debes tener en tu ADN fiscal; esto es, si te exigen el 3%, tener tú el déficit cero o incluso superávit. Pero lo que deben tener ustedes claro es que los ataques seguirán existiendo. La diana está puesta en el euro y la Unión Europea. Una vez derribados Grecia, Irlanda y Portugal, el objetivo hasta ayer mismo era España, pero hoy hemos visto como “nos sobrepasaba” Italia, y se está acercando muy peligrosamente Bélgica. Esto supone que el margen de maniobra para Francia, Alemania y el resto de la UE se va estrechando cada vez más, por mucho que lo nieguen los teutones. De hecho, los analistas sitúan ahora en primera línea de intervención a Italia, por encima de nuestro país. El motivo es muy claro si tenemos en cuenta que si bien ambas economías están prácticamente estancadas, con crecimientos mínimos, el porcentaje que representa la deuda pública sobre el PIB es muy superior en el país transalpino: un 120% del PIB frente a un 67% en el nuestro. ¿Cómo hacer frente a esta situación? Creemos que el título de este post es muy expresivo y refleja claramente nuestra posición. Es la hora de que alguien “coja el toro por los cuernos” en España y en la UE, que se enfrente a la situación con realismo. Es el momento de que la Unión Europea se haga creíble, actuando como una unidad, despejando las dudas. Es la hora de los valientes. De los que toman decisiones en beneficio de todos por encima de intereses personales, partidistas o de país. De esos políticos europeos que se den cuenta de que para frenar los ataques de los mercados ya no sirven las medidas neoclásicas de recorte del sector público y liberalización, sino que la única posible es la credibilidad del proyecto político de la Unión Europea. Y eso supone que ante la especulación contra uno de los 27 la actuación debe ser conjunta, unánime y perfectamente visible (otra cosa es que luego haya que “poner orden en casa”, con un férreo control de la política fiscal, aplicando estrictamente las normas del Pacto de Estabilidad, sin posibilidades de relajación). De esos personajes que sepan trasmitir el mensaje de que pase lo que pase la UE va a defender a sus miembros. Es la hora del todos o ninguno –se equivocan los alemanes si piensan que pueden salvarse solos tirando lastre. Para su desgracia en 2000 se embarcaron en el Eurosistema, y aunque aquél barco que parecía el de Vacaciones en el mar se ha convertido en una patera, la única posibilidad de llegar a la orilla es la de remar todos juntos. Alemania no tiene inmunidad ante los especuladores: igualmente podrá ser atacada.
Tercer escenario. Los ataques de los mercados a España son el reflejo de lo que se está haciendo mal en nuestro país y en la UE. La deuda pública española se situará en los 733.428 millones de euros en 2011 --94.661 millones más que en 2010--, lo que equivale al 67,2% del PIB, medio punto por debajo de la previsión recogida en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para este año, que la situaban en el 68,7%. Estamos todavía por debajo de la media europea (80%) y de los principales países de la UE: Francia con un 81,7% en 2010 y Alemania con un 83,2% para ese mismo año. Lo malo de nuestro deuda pública, en relación al PIB, se encuentra en su evolución y no en su cuantía: en 2007 era del 36,1%, en 2008 ascendió al 39,7%, en 2009 fue ya del 54,3 y, en 2010 del 60,1% del PIB. Esto se debe a una enloquecida política de gasto público –no queremos volver a insistir sobre el Plan D-espilfarro, al que ya criticamos muy durante en agosto de 2009- que hizo que pasásemos de un superávit público de un 2,2% del PIB en 2007 a un déficit del 4,1 en 2008 y al 11,1% en 2009. Dicho en cifras redondas, el gobierno dilapidó en dos años 13,3 puntos del PIB, unos 150.000 millones de euros (para que se hagan una idea comparativa, la reducción del sueldo de los funcionarios un 5% ha supuesto un ahorro de 10.000 millones); es decir, una clara muestra de incompetencia fiscal. No parece que esos ataques sean, en consecuencia, muy justificados, sino es por la falta de credibilidad de España por culpa de la imagen que transmiten nuestros políticos por el mundo: escaso talento, precariedad intelectual y nulo liderazgo. España necesita gigantes: estadistas como Sarkozy, Obama o Lula Da Silva, que en las dificultades saben tomar decisiones. Lula en un Brasil en peor situación que nosotros supo tomar el camino adecuado. Hoy Brasil tiene una gran imagen exterior, está metido en todos los foros internacionales y compitiendo (como BRIC) en cuota de mercado dentro de las grandes potencias emergentes. En el caso español parece que por fin nuestras propuestas van calando en algunos miembros de una clase política que hasta ahora ha vivido de espaldas a la realidad enfrascada en sus batallitas por ver quién se hace con la poltrona. Ayer, el Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, llamaba a un gobierno de concentración nacional –nosotros lo pedimos el 29 de enero de 2010 en este mismo blog- y a la suspensión de la política de “café para todos” de las autonomías –pueden consultar nuestro post del 15 de septiembre de 2008 sobre la propuesta de estado federal reduciendo el número de autonomías-.
Conclusión. Imaginen ustedes que estamos en una isla desierta: un avión se ha estrellado y ha dejado 27 supervivientes. Cada uno de ellos con talentos distintos, con diferentes cualidades, pero ninguno por sí mismo sería capaz de encontrar el camino de vuelta a casa si no tiene la ayuda de los demás. Tienen que entender, primero, que están en una situación de vida o muerte; después deben evaluar correctamente esa situación, comprenderla y poner las bases para salir de ella. Para lograrlo, entenderán que todos se necesitan mutuamente, que todos son necesarios, que (de muchos, uno) no hay nadie se pueda beneficiar individualmente a largo plazo. Y sólo trabajando unidos lo conseguirán.
(A) España necesita una política presupuestaria muy estricta y para ello es preciso interiorizar el concepto de austeridad total, desarrollar una nueva Ley de Estabilidad Presupuestaria que ponga techo al despilfarro autonómico, evitar duplicidades y reordenar el estado autonómico: no puede haber 17 unidades de mercado; debemos ir a un tamaño mínimo eficiente en las corporaciones locales (reduciendo su número); es precisa una reforma más contundente del sistema financiero, que se quiten las restricciones al crédito: el problema de España es de liquidez, no de solvencia; y, finalmente , necesitamos una simplificación del mercado de trabajo (contrato laboral único) .
(B) Para la Eurozona dos ideas: 1ª) Eurobonos que respalden la deuda de los países del Eurosistema y 2ª) Resulta imprescindible un Ministro de Finanzas Europeo que coordine la política económica común. Pero lo más necesario para Europa, lo primero, es estar unidos: en lo esencial, unidad (In Necesariis Unitas, San Agustín). Esto es lo realmente importante, porque como dice el Evangelio según San Mateo: "y todo lo demás se les dará por añadidura".
El futuro de España, de Europa y probablemente del mundo se dirime en estos días. Y solo a los valientes les hará justicia la Historia. El resto pasarán como esos personajes pusilánimes que no supieron anteponer los objetivos generales a sus obsesiones personales.

© José A. Martínez y José L. Calvo, 2011.