lunes, 24 de agosto de 2009

El Gobierno juega al Monopoly

De este modo, se avanza sin pretender la fama. Se retrocede, sin preocuparse por la crítica. Solo se busca el beneficio de los hombres, y conseguir unas ventajas acordes con las del gobernante. Porque solo se pretende enriquecer al estado

Las últimas declaraciones del Ministro de Fomento no dejan lugar a dudas sobre cuál es la política económica del Gobierno: “Yo creo en la utilización del gasto público para fomentar la actividad económica y mantener la protección social”. Esto, que desde un punto de vista académico podría parecer una política keynesiana ortodoxa, a mi me produce la sensación, sin embargo, de que el Gobierno está dilapidando los fondos públicos utilizándolos como si del dinero del Monopoly se tratase. Dos sencillas preguntas están detrás de esta percepción: Sr. Ministro ¿de dónde ha de salir ese dinero que con tanta alegría están distribuyendo? y ¿cuántas generaciones van a ser necesarias para pagar las deudas que se generen con su política?
La prodigalidad con la que el Gobierno está gastando los recursos públicos, y el hecho de que esta sea la única medida real de política económica puesta en marcha, me hace pensar que nuestras máximas autoridades están creyendo que el dinero público es lo mismo que el que se recibe cuando se comienza el juego del Monopoly, y que no tiene coste alguno. Repasemos algunas de sus decisiones de inversión: el plan de financiación de las Comunidades Autónomas que incrementa la dotación a estas cuando se le está pidiendo a todo el mundo que se apriete el cinturón; el Plan E, con gastos en infraestructuras en algunos casos redundantes pero sin inversión real en un cambio del modelo de crecimiento; el FROB para salvar bancos y cajas de ahorro que si fuesen otro tipo de empresas deberían haber quebrado; los demagógicos 400 euros por contribuyente que se repartieron antes de las elecciones o los 420 euros actuales para los parados que han agotado las prestaciones por desempleo. Dinero puesto en circulación sin un estricto control de su rentabilidad social, y que ha dado como resultado que en un año y medio hayamos pasado de un superávit en las cuentas públicas a un déficit superior al 9 por ciento.
Como decía, se puede argumentar que esta es una política de corte keynesiano que en su momento incluso nosotros reclamamos, pero esto no es cierto por varios motivos: en primer lugar, porque lo primero que defendía Keynes es que había que ajustar los mercados a la realidad económica, y eso no se ha hecho; en segundo lugar, porque una cosa es realizar una política de gasto público para reactivar el consumo y la economía, y otra muy distinta un reparto indiscriminado de dinero, exento de toda lógica económica en su distribución; y por último, y este es quizás el argumento de más peso en referencia a este artículo, porque las reglas del juego no son las del Monopoly, y en algún momento habrá que devolver el dinero que ahora se está gastando.
Sobre las necesarias reformas de la economía española no voy a insistir nuevamente, ya que hemos dejado clara nuestra posición en este blog. Es urgente e imprescindible una reforma del mercado de trabajo que pase por actualizar su regulación. Nuevamente aclarar que no abogamos por el despido libre, pero sí por un nuevo tipo de gestión que tenga en cuenta los cambios que se han producido en el mercado global, introduciendo conceptos como la flexiseguridad. Esto es algo en lo que por cierto coincidimos la mayoría de los profesionales de la Economía y tan solo están en desacuerdo los sindicatos –cuyo comportamiento es digno de estudio, muy especialmente si como es mi caso se cree que los grandes sindicatos han perdido su carácter de sindicato de clase obrera y defienden sólo los intereses de sus afiliados- y el Ministro de Trabajo, de cuyos conocimientos en otras áreas no dudo pero que como economista no me parece de una gran solvencia. O la adaptación a la nueva Sociedad del Conocimiento, lo que supone cambiar el modelo de crecimiento hacia otro basado en las TICS y la innovación, algo pregonado por el propio Gobierno pero a lo que no se han aplicado medidas prácticas reales.
Pero el argumento más importante que quiero defender en el artículo es que el dinero público no es el de Monopoly. Es decir, que en la realidad no sucede como en ese juego, que cuando se acaba si has perdido y te has quedado sin dinero no pasa nada, porque cuando comience una nueva partida te lo darán otra vez. En la economía real el dinero que te has gastado genera una deuda que debes devolver en el futuro. Y si seguimos con la política de gasto actual es bastante probable que en 2012, cuando acabe el juego del Sr. Zapatero –desde aquí una apuesta: el Presidente no se presentará a la reelección- nos encontremos con que España no ha resuelto ninguno de sus problemas de crecimiento y competitividad y sin embargo tenemos una deuda difícilmente asumible, que deberán pagar las futuras generaciones.
Un último comentario sarcástico también dirigido a las declaraciones del Ministro de Fomento. Ahora parece que quiere también convertirse en Robin Pepiño Hood, queriendo quitarle el dinero a la clase media –desengáñese Sr. Ministro los ricos saben cómo proteger sus fortunas- para dárselo a los pobres…bancos.

© José L. Calvo

viernes, 21 de agosto de 2009

Vicente Ferrer: una vida ejemplar. O cómo sacar con su propio esfuerzo a millones de personas del club de la miseria

No se requiere mucha fuerza para levantar un cabello, no es necesario tener una vista aguda para poder ver el sol y la luna, ni se necesita mucho oído para escuchar el retumbar del trueno.

Anantapur la región de Andra Pradesh (al sureste de la India) más parecida a un desierto, es una tierra pobre, suplicante de agua y vida. Allí fue Vicente Ferrer después de una primera experiencia en Mumbai donde enseñaba a los campesinos las herramientas básicas de la subsistencia. Parece que eso no gustaba demasiado a las autoridades en aquel momento así que se decidió a ir a Anantapur. Por aquellas tierras actúa la Fundación Vicente Ferrer que en 40 años ha logrado paliar la miseria de los más necesitados. Nació Vicente el 9 de abril de 1920 en Barcelona y pronto sintió la llamada espiritual y vistió el hábito jesuita que luego dejaría porque era especial y no le gustaba demasiado la sujeción a las normas. Su única norma, en ese sentido, era la ayuda a los demás y eso es la verdadera espiritualidad. Por eso Vicente no podía pasar desapercibido. Hizo mucho y lo hizo bien. Vicente se casó con Anna Ferrer y tuvieron tres hijos. En 1969 comenzó un proyecto de vida, ayudando a los descastados y a los desesperados con el objetivo de sacar al mayor número de personas de la pobreza: salvó a 2,5 millones de personas en esos años. Su labor, hoy en día, la continúa su hijo Moncho.
Cuenta Paul Collier que “el desafío del desarrollo consistió en el enfrentamiento entre un mundo rico de mil millones de personas y otro pobre de cinco mil millones: un auténtico club de la miseria convive con el siglo XXI, pero su realidad es la del siglo XIV; esto es, guerras civiles, epidemias e ignorancia”(The Bottom Billion,2007).
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) más de 5 millones de niños mueren anualmente de hambre en el mundo. La OIT (Organización mundial del trabajo) afirma que más de 1400 millones de trabajadores ganan menos de dos dólares al día, el hambre real, el sufrimiento verdadero afecta a 850 millones de personas en todo el mundo. La UNICEF (Fondo de la ONU para la infancia) relata que más de 1000 millones de niños carecen de servicios básicos para su desarrollo. La esperanza de vida en el tercer Mundo es de 30 años. Como bien ha señalado Jeffrey Sachs, los Objetivos del Milenio han supuesto un avance: las Naciones Unidas se han propuesto para 2015 progresar en el desarrollo humano. Pero eso no es suficiente. Nosotros pensamos que cualquier propuesta de política económica que se haga en el primer mundo debe dar o proponer alternativas a la pobreza y a la exclusión social en todo el mundo. La pobreza es un fenómeno complejo y que incluye una multitud de factores, pero cuando se habla de pobreza en el Tercer mundo se hace referencia a la lucha por la supervivencia.
Para Coates, del día de hoy al 2025 habrá importantes innovaciones tecnológicas en muchos campos de investigación como la genética, la energía, los nuevos materiales, el cerebro humano, etc. Pero nos preguntamos si se ha avanzado realmente en uno de los problemas capitales de la humanidad como es la forma de paliar la pobreza.
Y sí creemos que es posible. En ese sentido tiene mucho valor la figura de Vicente Ferrer. El 19 de mayo de 2009 falleció un español universal. Un santo en vida, un ejemplo para todos lo que tengan corazón y crean que la pobreza no se arregla sólo con crecimiento económico: son necesarias unas grandes dosis de voluntad y otras no menores de pasión y alegría. Eso es lo que hizo Vicente: pasar por la vida haciendo el bien.

© José A. Martinez y José L. Calvo

viernes, 31 de julio de 2009

Fondo de Reestructuración Ordenada de Negocios e Hipotecas (FRONH). O cómo hacer llegar, de verdad, el dinero a familias y pequeñas empresas.

Actúa después de haber hecho la estimación: gana el que conoce primero la medida de lo que está lejos y lo que está cerca.

Esta última semana de julio nos deja con tres noticias impactantes relacionadas con el mercado hipotecario: en primer lugar, el EURIBOR está en su cota mínima, siendo su valor a día de hoy de 1,364%. En segundo lugar, la constatación de que ese valor mínimo no sirve para incentivar la concesión de hipotecas, ya que si bien en mayo pasado aumentaron con respecto a abril, sufren una caída interanual de más del 22%. Finalmente, el día 27 El País publicaba, en su edición para Cataluña, un artículo titulado “me quedo sin piso y con una deuda de 200.000 euros” en el que se explicaba la situación de una familia ecuatoriana que no puede hacer frente a las cuotas de la hipoteca, y a la que la actual legislación la ha llevado a encontrarse sin vivienda –subastada- y con una deuda diferencia entre el precio obtenido por la subasta y el de su préstamo, a la que hay que sumar las costas del proceso.
Comenzando por esta última, todo parece indicar que los españoles desconocemos realmente a qué nos conduce la contratación de un préstamo hipotecario según la legislación vigente. El nombre exacto de una hipoteca es el de préstamo con garantía real, lo que en la práctica supone que obtenemos un crédito poniendo como garantía nuestra vivienda. Pero eso no quiere decir que si nos deshacemos de ella nos deshagamos del préstamo. Es decir, que si contratamos una hipoteca de 200.000 euros antes de la crisis para un piso valorado en 250.000 y por la crisis hemos de venderlo por 150.000 entregando esa cantidad al banco/caja, todavía nos queda una deuda por la diferencia, 50.000 euros, que deberemos pagar aunque ya no tengamos la vivienda.
Olvídense por tanto de la denominada dación en pago, es decir entregar las llaves al banco/caja y allá cuentas –sistema vigente por ejemplo en Estados Unidos-, porque como le ha ocurrido a esta familia seguirán teniendo que responder de la deuda con todos sus bienes presentes y futuros. Y vean las ventajas del alquiler, ya que cuando uno deja de pagar se va y se acaban sus penurias.
¡Ah! Y sean conscientes de quien es el culpable de esta situación, que no son solo los bancos, a los que se intenta criminalizar desde distintos sectores de los medios de comunicación y políticos, cuando realmente lo único que hacen es aplicar la legislación vigente. La culpa, más bien, es de esa legislación y de quienes la crean y aprueban: los políticos, que han optado por proteger de riesgos a las grandes entidades financieras en lugar de a los ciudadanos. Es una opción, pero a quien parece más lógico ayudar es a los ciudadanos. Así lo han entendido en muchos países, porque son las economías domésticas y las pequeñas empresas las que tiran del crecimiento de la demanda agregada y, por consiguiente, las que crean empleo neto. Y esta es otra posibilidad de política económica que las autoridades deberían tener muy en cuenta.
Las otras dos noticias muestran muy claramente que el ajuste del sistema bancario español está todavía lejos de haberse terminado. Con un EURIBOR en mínimos lo lógico sería pensar que la Banca intentase obtener los máximos beneficios posibles de su principal actividad, los préstamos. Pero eso no es la realidad, y el dinero sigue sin fluir hacia los que de verdad lo necesitan: particulares y pequeñas y medianas empresas.
Por eso nosotros le proponemos al Gobierno una solución novedosa: la creación de lo que hemos denominado el (FRONH) Fondo de Reordenación Ordenada de Negocios e Hipotecas, en justa correspondencia con el FROB ya aprobado para reestructurar el sistema financiero. Y su funcionamiento sería muy parecido: se trataría de dotarle de una cuantía similar a la del FROB a la que podrían recurrir particulares y negocios para resolver problemas graves de liquidez financiera provocados por la crisis. Con 100.000 millones de euros, 11 millones de españoles que no deberían recurrir a él –pensionistas y funcionarios-, y una familia media de tres miembros, estamos hablando de 9.000 euros por familia, 4.500 anuales en un horizonte de dos años para la crisis. Y ese dinero iría al sistema financiero, por lo que cumpliría una doble misión: financiar a particulares y empresas y servir para reestructurar los bancos y cajas en dificultades.
Se nos puede decir que para eso están las dos líneas del ICO incluidas en el Plan E para retardar las hipotecas durante dos años para parados y autónomos en dificultades. Pero una nueva noticia de esta semana nos deja claro la inviabilidad de estas dos propuestas: de los 6.000 millones de euros asignados tan solo se han concedido poco más de 50, debido a los excesivos y farragosos trámites burocráticos.
También nos podrían decir que no hay dinero suficiente y que el déficit se dispararía. Pero no entendemos que a estas alturas de la crisis, con más de 4 millones de parados, con multitud de familias en dificultades, se opte por costear públicamente las irresponsabilidades que ha cometido buena parte del sistema financiero y que sin embargo se niegue financiación a las familias y pequeñas empresas. Al menos no es eso lo que nosotros entendemos por política social.

© José L. Calvo y José A. Martínez


lunes, 29 de junio de 2009

La parábola de la Caja de Ahorros pródiga

Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse a los que se agitan, esto es dominar el corazón.
El viernes 19 de junio de 2009 el Consejo de Ministros aprobó una dotación máxima de 90.000 millones de euros (la dotación inicial son 9000 millones) para el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). El objetivo es reorganizar el Sistema Financiero español dado que algunas entidades, fundamentalmente Cajas de Ahorros, están atravesando graves dificultades. Hasta aquí todos conformes si no nos hacemos algunas preguntas como las siguientes: ¿es preciso salvar el Sistema Financiero?, de serlo ¿es esta la medida adecuada? Y si respondemos afirmativamente a estas dos preguntas nos quedan aún otras dos más: ¿por qué este comportamiento asimétrico salvando a unas empresas, los Bancos y Cajas no son en definitiva más que empresas, y dejando caer a otras y a particulares? Y, por último, ¿alguien va a responder de las graves irresponsabilidades cometidas en esas instituciones financieras?
Vayamos por partes. La respuesta a la primera pregunta es evidente: cualquier economía desarrollada necesita un sistema financiero solvente para funcionar. Es imposible, salvo que volviésemos a una economía de trueque, llevar a cabo los intercambios que regulan la economía capitalista sin mantener un sistema financiero cuya misión es precisamente la intermediación entre los que poseen recursos y los que los necesitan. Así que, en ese sentido, nada que objetar, salvemos el Sistema.
La segunda de las preguntas formuladas requiere una contestación muy matizada, ya que el gobierno podría haber optado por multitud de soluciones. Una es, lógicamente, la que ha adoptado, prestarle dinero público, es decir de todos, a unas instituciones que lo utilizarán para sanear sus balances –privados- y luego probablemente para volver a su negocio inicial, vendérselo a usted y a nosotros –nunca prestar y si no miren la definición de este término en el Diccionario de la Real Academia- muy caro. El gobierno podría también haber optado por otra un poco más radical y probablemente más socialista y eficiente, que ya an puesto en práctica en Estados Unidos y el Reino Unido: nacionalizar las entidades financieras en dificultades a partir de su situación de balance actual y crear una banca pública que incluso una vez saneada podría haber sido vendida nuevamente al sector privado. Eso habría estado más en consonancia con el origen del dinero, público, pudiéndose haber obtenido incluso un beneficio a medio y largo plazo. Y entre medias hay toda una pléyade de soluciones que se podrían haber aceptado.
Porque, y este es el quid de la cuestión que hace que los ciudadanos contemplemos con estupor la actitud del gobierno, la situación es totalmente asimétrica. Si es usted un empresario/particular que en la época de las vacas gordas y el dinero fácil decidió acometer inversiones arriesgadas ahora debe hacer frente a su locura y pagar sus deudas o bien perder el negocio/casa. Pero si es usted una entidad financiera, y en concreto una Caja de Ahorros, no se preocupe, su negocio está a salvo porque entre todos, con los 90.000 millones, vamos a pagar su nefasta gestión económica. Dicho con un ejemplo, si usted compró una casa por valor de 300.000 euros financiada en su totalidad por una Caja de Ahorros y ahora solo vale 250.000 nada le ha cambiado, porque usted debe seguir asumiendo su deuda total. Pero la Caja no, la Caja puede descontar esa operación fallida y acudir al dinero público para solventarla.
Y llegamos así a la última de las preguntas. Las Cajas de Ahorro en España tienen una morosidad más elevada que los Bancos (5,05 frente a 3,85) debida a su alta relación con el sector inmobiliario. Además, son entidades que no se rigen exactamente por los criterios de buena gestión económica, obtención de beneficios, sino que tienen un componente social y político muy importante. Y si bien en una empresa la dirección responde de sus actos ante los accionistas, en las Cajas de Ahorros parecen no responder ante nadie. Y nosotros nos preguntamos: ¿ante quién responden los directivos poco eficientes de las Cajas problemáticas?, ¿cómo justificarán los elevados sueldos que tienen?, ¿qué grado de responsabilidad deben asumir en el desarrollo de la crisis en España? Porque si se justifica el empleo de dinero público para el rescate de las entidades con dificultades, habrá que exigir, como ha hecho el Presidente Obama, una respuesta clara a estas preguntas. ¿Lo hará aquí también el Sr. Zapatero?
De hecho uno de los grandes caballos de batalla del FROB era conseguir una profesionalización de la actividad de las Cajas que supusiera la salida, o al menos una pérdida sustancial de poder, de los representantes políticos en sus Consejos de Administración. Esta batalla la ha perdido el gobierno, principalmente contra dos de las autonomías en las que gobierna, Andalucía y Cataluña.
Y es que, al final, las Cajas de Ahorros van a ser como el hijo pródigo de la parábola: una vez dilapidada su fortuna retornan al hogar donde el padre le devuelve todos los bienes que ha malgastado. Eso sí, a costa del otro hijo que se quedó en casa, y al que se le debió quedar la misma cara de tonto con la que nos hemos quedado todos los españoles que seguimos teniendo que pagar religiosamente nuestra hipoteca cada mes. O como dice Jesucristo en el Evangelio de Mateo: “Al que tiene se le dará y al que no tiene por eso mismo se le quitará”. Definición afortunada que ha tenido notable reflejo en la literatura económica sobre redistribución de la renta, el Efecto Mateo, y que el gobierno socialista está aplicando a rajatabla.

© J. A. Martínez y J. L. Calvo

jueves, 11 de junio de 2009

La esperanza es verde...

Y así es como de tres maneras el soberano acarrea la adversidad al ejército: No saber que el ejército es incapaz de avanzar y, sin embargo, ordenar el avance. No saber que el ejército es incapaz de retirarse y, sin embargo, ordenar la retirada. Esto es lo que se entiende por “poner trabas al ejército”.
En los últimos días estamos asistiendo a un debate que muestra tanto las esperanzas –en positivo y negativo- como la altura intelectual del discurso de los dirigentes de las dos grandes formaciones políticas españolas. Mientras que el gobierno se esfuerza en ver signos de que la crisis está remitiendo en los brotes verdes que surgen en Estados Unidos y en los últimos datos del paro, la oposición niega esa recuperación sin introducir prácticamente argumentos, asumiendo que la mejoría va en contra de sus intereses; y mientras el Ministro de Industria afirma que la oposición solo ve verdes los billetes –en referencia suponemos al dólar y no al euro- el PP de Madrid afirma que el gobierno se fuma los brotes verdes, -haciendo alusión a que “está fumao”-.
Pero lo realmente relevante del análisis de ese verdor no es tanto si se está produciendo sino si es realmente el síntoma de la salida de la crisis y de cuál ha de ser la actitud ante esa posibilidad. Para empezar hemos de decir que los síntomas de una recuperación verdadera se están dando en Estados Unidos, pero no son ni mucho menos claros en Europa y España. Porque si bien es cierto que la economía española ha creado empleo en el último mes y los indicadores de la confianza de los consumidores mejoran, no lo es menos que el coste de dicha creación es muy elevado: un déficit público que en tan solo un año se ha situado en el 8 por ciento. No parece posible seguir creando puestos de trabajo si la única política que se aplica para ello son obras públicas que además no suponen inversión sino gasto corriente.
Además, a nuestro país le faltan todavía al menos dos vueltas de tuerca de la actual crisis: la recapitalización de algunas cajas de ahorros, para las que el gobierno ya está aportando dinero de todos con el consiguiente malestar entre los ciudadanos que ven cómo a algunas entidades financieras se les perdona su actuación irresponsable previa a la crisis; y la reducción de los ingresos por turismo que lógicamente se producirá en el verano, derivada de los ajustes que se están realizando en los países que son el origen de nuestros visitantes.
Pero lo más preocupante, a nuestro juicio, es la actitud que está adoptando el gobierno. Con ese optimismo ya tradicional el Sr. Zapatero y sus ministros parecen haber dado la crisis por prácticamente finiquitada. Y esto parece indicar que para ellos los ajustes que tanto se han demandado por todos los sectores ya no son necesarios. El presidente y su equipo están adoptando lo que ya antes hemos denominado la estrategia del surfista: esperar a que la ola de recuperación proveniente del exterior –Estados Unidos o Europa- nos lance hacia una nueva senda de crecimiento. Y mientras tanto no cambiar nada, simplemente mantenerse a flote.
Esa es una actitud irresponsable. Como hemos manifestado varias veces, lo importante de esta crisis no es tanto cuándo se salga sino cómo se haga. El modelo de crecimiento económico español basado en el ladrillo está agotado; el déficit público tiene un límite ligado a su sostenibilidad al que prácticamente ya hemos llegado; nuestro mercado de trabajo presenta una estructura arcaica y excesivamente rígida, y la inversión en capital humano, innovación, TICs y nuevas tecnologías es insuficiente. Esas son realidades a las que hay que hacer frente si queremos tener una posición sólida en el nuevo concierto económico que surgirá tras la crisis.
De acuerdo, hay síntomas de esperanza. Pero esos brotes hay que regarlos porque no crecerán solos. Esperemos que el gobierno no caiga en la trampa de ver la botella medio llena. Porque si no es probable que se cumpla un viejo dicho: la esperanza era verde...y se la comió un burro.

© J. L. Calvo y J. A. Martínez

jueves, 4 de junio de 2009

Lecciones de economía del F.C. Barcelona

Aquél que es el primero en tomar posición en el campo de batalla y espera al enemigo se siente cómodo. Aquél que es el último en tomar posición en el campo de batalla y se apresura a pelear, se agota.
El miércoles 27 de mayo el F.C. Barcelona completaba un hito histórico consiguiendo por primera vez en nuestro país la victoria en las tres competiciones en las que ha participado: liga, Copa del Rey y Copa de Europa. Ese día sus jugadores levantaban en Roma la copa que les acreditaba como el mejor equipo europeo, recibiendo las felicitaciones de todos los amantes del fútbol.
Dentro de los comentarios deportivos que se han realizado en estos días sobre este triunfo barcelonista hay un dato que si bien se ha destacado creo que no se ha analizado en profundidad: el hecho de que esta victoria sea el resultado de una política de club perfectamente estructurada y planificada. Una política de la que se puede aprender mucho, y cuyos conceptos pueden ser fácilmente trasladados a la crisis económica actual. Y que dicho sea de paso es diametralmente opuesta a la de su eterno rival, el Real Madrid. Analizaré brevemente ambas.
El día 27 hasta nueve canteranos (ocho del propio Barcelona y uno del Real Madrid) levantaban la copa de la Liga de Campeones. A los que habría que sumar un entrenador también surgido de la Masía. En una competición donde priman las estrellas que se importan desde diferentes países, la columna vertebral del equipo campeón ha surgido dentro de la propia entidad a través de una política de planificación de medio y largo plazo. Política que puede ser traducida en términos económicos como de acumulación de capital humano (de capital futbolístico sería más preciso) surgida de una inversión continuada en formación. Si a ello se suma una gestión eficiente de los recursos, con compras muy selectivas de jugadores, nos encontramos con lo que todos desearíamos tanto para una entidad deportiva como para una empresa o un país: una economía saneada y la máxima competitividad. Que conste que esta política no es nueva y la llevan haciendo las universidades estadounidenses en sus programas de postgrado casi desde su comienzo, pero sorprende en una entidad futbolística más aún en el estado español.
¿Qué ocurre en la acera de enfrente, en la casa del eterno rival? Justo todo lo contrario. El Real Madrid, que también posee una cantera propia, vive acosado por la necesidad de obtener resultados a corto plazo y utiliza permanentemente una política que podríamos denominar de abrir la billetera. No planifica más allá de una temporada, por lo que cada año debe acudir al mercado en busca de los mejores futbolistas para hacer frente a las demandas de títulos de sus socios. Y con esta política esos resultados solo se pueden conseguir de una forma, pagándolos. Así, vemos todos los años los fuertes desembolsos que realiza. Es lo que podríamos llamar una política económica de gasto corriente a corto plazo. ¿Ven el símil entre el Plan E y la llegada de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid? Dinero fácil y fácilmente gastable en bienes/jugadores a veces innecesarios. Y ¿qué ocurre con la cantera madridista? Pues que esta política les deja sin hueco en el equipo y se produce una fuga de cerebros hacia otros donde puedan demostrar su valía. En definitiva, falta de previsión, dinero dedicado a formación/cantera derrochado y exceso de recursos gastados en la compra de cracks que se traduce en un elevado déficit económico.
El Presidente del Gobierno es un declarado culé. Pero parece serlo solo en los sentimientos, ya que en su comportamiento como gestor económico es manifiestamente madridista: porque en vez planificar a medio y largo plazo una salida de la crisis con un nuevo modelo creíble de crecimiento económico –los modelos no se establecen por ley- vive inmerso en la necesidad de aplicar políticas de corto plazo.
Sr. Zapatero, mi consejo es sencillo: despida a un buen número de sus asesores y contrate para definir la política económica española a las personas que gestionan los presupuestos y la cantera del Barcelona. Es probable que la economía no se recupere tan rápidamente como desea y pase algunas temporadas deambulando en la “zona media” de la tabla de clasificación europea. Pero con una política dedicada a la formación, a la creación de capital humano, a la utilización eficiente de las TICs y la innovación es más que probable que en unos años nos situemos dentro del grupo de cabeza y que incluso podamos llegar a ser una auténtica potencia económica. Pero si insiste en gastar sin dirección, en incrementar el déficit hasta límites difícilmente sostenibles, en no resolver los auténticos problemas de competitividad acometiendo las reformas estructurales que desde todos los foros se reclaman, en definitiva si sigue afrontando la crisis con políticas de corto plazo será imposible situarnos dentro del grupo de países que dirigen la economía mundial. Usted elige, o el Barcelona o el Real Madrid, pero mire qué diferente situación viven ambos.
Mi enhorabuena al F. C. Barcelona y mi agradecimiento por el año de fútbol que nos ha hecho disfrutar. Y que conste que yo soy del Atleti.
© J. L. Calvo

martes, 26 de mayo de 2009

Las pensiones en España y la financiación pública de las herencias

El sabio general busca alimento en el enemigo. Un barril de comida del enemigo equivale a veinte barriles de los propios. Un fardo de forraje del enemigo equivale a veinte fardos del propio.

Las pensiones públicas han saltado al terreno de la discusión político-económica en las últimas semanas. Primero fue el Gobernador del Banco de España el que señaló la necesidad de modificar el actual sistema. A sus comentarios le respondió, airadamente, el Ministro de Trabajo. Posteriormente se añadieron a la polémica nuevos políticos, economistas e incluso empresarios. Pero ¿qué hay realmente detrás de este debate?
En primer lugar, es difícil que alguien discuta la necesidad de una modificación del actual sistema de pensiones. Aunque sea por simple lógica matemática, el aumento de la esperanza de vida junto con el mantenimiento de la edad de jubilación han hecho que aumente muy sustancialmente su coste. Como decimos, en este caso la lógica es aplastante: si antes el español medio se jubilaba a los 65 años y vivía hasta los 70 (5 cobrando la jubilación) ahora se jubila a la misma edad pero su esperanza de vida ha llegado hasta los 85 (20 años cobrando). Esto supone un doble incremento: el de las personas a las que hay que pagar una pensión y el del período por el que la cobran. Insostenible salvo que la población ocupada crezca en la misma proporción, algo que no está teniendo lugar. Es por ello que incluso desde el propio Ministerio de Trabajo han surgido propuestas que tratan de ligar la edad de jubilación y la esperanza de vida, o la jubilación voluntaria en algunas profesiones.
Pero hay otro argumento que justifica la reforma y que no ha sido empleado en esta discusión: el actual sistema de pensiones permite a los jubilados vivir sin afectar a su patrimonio. Dicho clara y llanamente, las constantes demandas de mejora de las pensiones pretenden que estas cubran una calidad de vida aceptable sin que los jubilados hagan uso de sus recursos privados, que intentan que pasen íntegros a sus herederos. Es decir, en muchos casos lo que se está demandando es una financiación pública de las herencias privadas. Lo que supone una absoluta contradicción con la racionalidad económica y con lo que sucede en nuestro entorno.
Según la Teoría del Ciclo Vital de Franco Modigliani (1918-2003,) Premio Nobel de Economía en 1985, los ahorros de los individuos son los que posibilitan que estos mantengan una corriente de consumo estable. Para este autor los ingresos presentan una forma de U invertida, de manera que en los primeros y últimos años de su vida los agentes desahorran, mientras que en el período de en medio, el de máxima productividad y en consecuencia mayores ingresos, ahorran. Lo que aplicado al caso que estamos considerando significa que cuando llegamos a la edad de jubilación utilizamos los recursos que hemos estado ahorrando a lo largo de nuestra vida laboral con el objeto de tener un retiro confortable. Un razonamiento económico impecable.
Esto, como decimos, también se puede apreciar si vemos lo que hacen los jubilados americanos o nuestros socios británicos, alemanes, franceses,… que tienden a vender sus posesiones (casas, acciones,…) con el fin de disfrutar de una jubilación cómoda, muchas veces en nuestro país. Eso supone, obviamente, que los herederos deben buscarse sus propios recursos, ya que el patrimonio heredable va disminuyendo a medida que aumenta la esperanza de vida.
Pero, ¿qué se hace en España? En nuestro país por el contrario, se protege la herencia. Veámoslo con un ejemplo. Supongamos un agricultor jubilado que a lo largo de su vida ha acumulado un patrimonio por su trabajo. En este sector por regla general las pensiones son bajas, por lo que siguiendo la lógica que domina en nuestro país demandará una subida de su pensión y todos consideraremos justa su petición, ya que el dinero público que obtiene en la actualidad no le permite llevar una vida especialmente desahogada. Pero ¿qué ocurre con su patrimonio?, pues que se mantendrá intacto. En consecuencia, ¿a quién estaremos realmente beneficiando si aumentamos su pensión? Claramente a sus herederos. Es decir, que el aumento de la pensión de este agricultor adinerado a partir del erario púbico generará un beneficio privado a sus herederos.
Es evidente que no todos los jubilados están en la situación antes descrita. Pero sí lo es que un buen número de ellos tienen unos recursos que han generado a lo largo de su vida laboral. Lo que nosotros proponemos es que disfruten de esa riqueza y que no sea el Estado; es decir todos nosotros, los que financiemos el traspaso de ese patrimonio a sus herederos. En definitiva, aplicar la Teoría del Ciclo Vital de Modigliani. Y eso se puede conseguir por muy diferentes vías: se ha hablado de pensiones privadas, de hipotecas inversas, etc., incluso se ha propuesto un sistema mixto de reparto y capitalización. Pero a lo mejor la solución es más simple y más justa: un sistema de pensiones públicas en el que cobren menos los que más capital poseen. Medida que posibilitará que el sistema sea sostenible y que nuestros mayores disfruten realmente de aquello que tanto esfuerzo les costó conseguir.

© J. A. Martínez y J. L. Calvo 2009