martes, 22 de diciembre de 2009

Oportunismo sindical. ¿Movilizar a quién, para qué y contra quién?

Si el general no logra vencer su ira y les obliga a que trepen como hormigas, morirá un tercio de los soldados y de los oficiales pero no se logrará tomar la ciudad. Será un ataque desgraciado.

El día 12 del 12 a las 12 horas CC.OO. y UGT, sindicatos oficiales mayoritarios, convocaron una manifestación bajo el lema “que no se aprovechen de la crisis”, para que los empresarios no hagan pagar a los trabajadores la crisis económica y llamando al diálogo social (mal empezamos con esa extraña forma de apelar a la responsabilidad de los otros llamándoles aprovechados). Tres cuestiones nos surgen a raíz de esta movilización.
¿A quién representan realmente los sindicatos UGT y CC.OO? No es fácil encontrar datos sobre representatividad sindical en España. Los últimos indican que menos del 20% de los trabajadores del sector privado están afiliados a los sindicatos mientras que este porcentaje aumenta hasta casi el 40% en el sector público. O dicho de otra forma, los sindicatos representan tan solo a 1 de cada 5 trabajadores privados. Y su falta de representación la pudimos ver el día 12: la convocatoria contó con una participación de unas decenas de miles de personas y eso que se fletaron autobuses desde toda España. Mucho menos que un Madrid-Barca.
Es evidente que atrás quedaron las movilizaciones de millones de personas en los primeros de mayo. Y ello se debe a que también quedaron en el pasado aquellos sindicatos de clase que buscaban una transformación de la sociedad y que ahora no solo se han asentado en ella sino que sobreviven a costa de los Presupuestos Generales del Estado. Hemos pasado de sindicatos de clase a sindicatos de servicios –más bien serviles- pero que al mantener el mismo discurso obrerista lo han vaciado de contenido. Porque claro, llamar a la lucha de clases después de años de haber estado asentados en la comodidad del funcionariado, siendo un apéndice del gobierno, no es muy creíble.
La segunda de las cuestiones hace referencia al propio slogan de la manifestación. ¿Son los sindicatos unos hipócritas o no entienden lo que significa el capitalismo? Es cierto que nuestra Constitución afirma que España es una economía social de mercado, lo que dicho en castellano corriente supone que es una economía capitalista pura y no tan dura como, por ejemplo, la americana de la época Bush. Pues bien, el modelo capitalista se basa en la obtención del máximo beneficio. Ese es su principio inmutable. Y para ello las empresas contratan a trabajadores que deben producir más de lo que perciben como salario para generar plusvalías –según Marx- o beneficios que parece que queda “más limpio”. Dentro de esa lógica no solo no se encuentra el no aprovecharse de la crisis, sino que está el de beneficiarse plenamente de ella. Y si no pregúntenselo a los bancos, que han aumentado las comisiones, a Iberdrola, Repsol… Por eso, salir a demandar a las grandes empresas que no se aprovechen de la crisis es como pedirle a la Iglesia que esté a favor del aborto.
Pero lo que tampoco tiene lógica es lanzar un discurso obrerista apelando a la lucha de clases cuando se acepta el capitalismo y no se quiere transformar radicalmente la sociedad hacia un nuevo modelo en el que no haya esa explotación. Señores Toxo y Méndez, es un contrasentido defender el capitalismo –como ustedes hacen implícitamente- y al mismo tiempo demandar que los beneficios se repartan equitativamente entre todos. Es como cuando te peleabas en el colegio con los que eran más fuertes: a lo máximo que podías aspirar es a que te pegaran poco. Desengáñense, por si no lo sabían en el programa capitalista no está –ni se la espera- la justicia social.
Y la última de nuestras preguntas, ¿de qué empresarios estamos hablando? Los sindicatos parecen desconocer el tejido industrial español, compuesto en su gran mayoría por empresas muy pequeñas. Esos ejemplos de EREs que tanto les gusta sacar en los Telediarios como los de General Motors, Nissan… son la excepción en nuestro país. Lo habitual, de donde surge más del 90 por ciento de nuestros desempleados, es de empresas como dulces Paquito que en la época de las vacas gordas tuvo hasta 10 trabajadores y que ahora solo puede generar producción para 5, que tiene que despedir con todo el dolor de su corazón al resto porque el banco le ha cerrado la línea de crédito o porque le ponen condiciones imposibles de cumplir. A ese empresario, que probablemente tenga empeñada su casa para no tener que cerrar la fábrica, que posiblemente pierda todo el capital que ha ido acumulando en estos últimos años, es al que se dirigen los sindicatos cuando demandan que no se aproveche de la crisis. Es a ese al que llaman explotador (y no a Botín, Roures, Polanco… sorprendente).
Señores de UGT y CC.OO., menos demagogia y más sentido común. Menos discurso exaltado y más oferta real de diálogo. Si jugamos según las reglas de la economía social de mercado deberemos ponernos JUNTOS a buscar una solución. Y en esa búsqueda su misión ha de ser muy clara: defender los intereses de TODOS los trabajadores y no solo los de sus afiliados y liberados.
Claro que hay también una alternativa un poco más radical en la línea de su discurso: si lo que quieren es la lucha de clases entonces adelante, pero con el objetivo de transformar la sociedad y crear una nueva, no de parchear el modelo actual (aunque no creo que al gobierno le gustara mucho y estuviera dispuesto a seguir pagándoles de las arcas del Estado).

© José L. Calvo

domingo, 13 de diciembre de 2009

La avaricia rompe el saco o cómo morir de éxito

En suma, he aquí el método para el empleo de la milicia. Se necesitan más del li para aprovisionar un millar de carros rápidos, un millar de carros cubiertos de cuero y cien mil soldados. Después vienen los gastos externos e internos, el estipendio de los consejeros extranjeros, los materiales necesarios para colas y lacas y las aportaciones para los carros y armaduras, todo lo cual suman otras mil piezas de oro al día. Tan solo después de haber contado con todo esto se pueden reclutar cien mil soldados.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, no hablaremos del Gobierno. Hoy vamos a hablar de algo mucho más cercano a los dos integrantes de este blog y que a ustedes les puede parecer lejano… aunque quizás no tanto.
Erase que se era una Universidad tan grande, tan descomunal, que necesitaba alimentarse continuamente. Como los ogros de los cuentos, nuestra Universidad era insaciable y necesitaba “comerse” nuevos alumnos para mantener ese “corpachón” burocrático que a lo largo de los años había creado. Así la matrícula crecía año a año, y llegó a tener cerca de 200.000 (sí han leído bien) estudiantes.
El problema al que se enfrentaba la Universidad, llamémosla UNED sin ánimo de particularizar, es que en tenía un “cerebro” en el que no participaba ningún economista. O dicho más claramente, que en su equipo rectoral ninguno de sus miembros conocía los principios del análisis coste-beneficio ni del marketing. Eso le hacía pensar que cada vez que matriculaba un nuevo alumno tan solo tenía que tener en cuenta los ingresos, sin que se le pasara por la cabeza que también generaba costes y que debía cumplir lo que prometía. Vamos, que nuestro “ogro” comía sin cesar sin pensar que tenía que “digerir” el alimento y que para ello hace falta cocinarlo y gastar energías.
Si el equipo dirigente de la UNED hubiese tenido en cuenta no solo los ingresos sino la diferencia entre estos y los gastos, es decir los beneficios, se habría dado cuenta de que hacía mucho que había sobrepasado el nivel óptimo de alumnos y que a partir de ese punto cada nuevo estudiante matriculado generaba más gastos que ingresos, es decir, que producía pérdidas. Dicho en términos del ogro, tenía tal empacho de alumnos que le resultaba prácticamente imposible digerir uno más.
Pero es que además desconocía los principios que rigen el marketing y en concreto el que dicta que no es una buena política a medio y largo plazo engañar tanto a sus consumidores como a sus trabajadores. Y eso es lo que hacía: a los estudiantes les ofrecía cosas que no podía cumplir –por ejemplo el acceso ilimitado a plataformas sin un ancho de banda acorde a las necesidades de ese número de alumnos, basándose en el supuesto de que muy pocos lo usarían-, y a sus trabajadores explicándoles que todas esas mejoras eran a coste cero, cuando el único que añadía cero a sus costes era el propio “cerebro” mientras los profesores se sobresaturaban de grados, postgrados, asignaturas, plataformas, foros… y el personal administrativo era incapaz de gestionar esa masa de estudiantes.
El resultado final no puede ser otro que la indigestión. De tanto comer, de tanto matricular alumnos pensando solo en los ingresos, y del principio del marketing que dice que a través del boca a boca cada consumidor descontento genera otros 8 que no consumirán nunca ese producto, lo que hoy se vende como un éxito puede llevar al ogro a la muerte.
La moraleja es obvia: el coste cero no existe. Si quieres dar un buen servicio tienes que considerar costes e ingresos y la satisfacción del consumidor. Si sólo tienes en cuenta los ingresos, si además vendes humo y te basas en la idea de que tus consumidores no van a utilizar las cosas que les prometes porque en el fondo tienes tanques de cartón, estás condenado al fracaso. Todos conocemos ejemplos de empresas a las que las promesas incumplidas han llevado a la ruina. Y sería bueno que el “cerebro” de nuestro ogro procesase esta información.
¡Ah! Y aunque habíamos prometido que no íbamos a hablar del Gobierno aquí va una pildorita: Sr. Zapatero y sus ministros tengan en cuenta esta bonita historia cuando proponen subir los impuestos o eliminar las desgravaciones. No hagan solo cuentas con los ingresos posibles y descuenten también los gastos. Seguramente el balance no les cuadrará tan estupendamente.

©José L. Calvo

martes, 1 de diciembre de 2009

Ley de Economía Sostenible. Buenas intenciones y poco más

Cuando el general es débil y no se muestra estricto, su preparación y liderazgo no son evidentes. Debido a ello los oficiales y la tropa se muestran inconstantes. Y las formaciones militares se sienten confundidas. A esto se le llama “caos”.
Estábamos los economistas de todos los ámbitos, profesionales, académicos, gestores de los mercados… a la espera de la gran noticia prevista para este viernes: la presentación de la Ley de Economía Sostenible. Nunca, desde la publicación de la Teoría General de John M. Keynes, se había esperado tanto de una propuesta que iba a hacer que el gran enfermo de Europa (España según The Economist) remontase el vuelo, superásemos nuevamente en renta per cápita a Italia y volviésemos a llamar a las puertas del G8 para que nos hicieran un sitio entre los grandes. El nuevo gurú de la economía, José Luis Rodriguez Zapatero, había predicho que su proposición cambiaría el rumbo no solo de la economía española sino de la europea, ya que esta Ley sería puesta en marcha para todos los países de la Unión aprovechando que el 1 de enero comienza el período de la presidencia española.
Y ciertamente al conocer la Ley de Economía Sostenible nos hemos quedado boquiabiertos. Buenas intenciones, una presentación power point que podría haber hecho un alumno de primero de Economía, pero sin concreción. Y por supuesto ninguna reforma, del mercado laboral, del sistema educativo, del financiero, de la Administración Pública para introducir una política de riguroso control de gasto… Lo dicho, una apuesta por esperar, con buenas palabras y poco más, que la ola de la recuperación internacional nos saque de donde estamos varados.
La Ley nos vuelve a ofrecer un modelo basado en el I+D+i, la formación y las energías renovables, pero ni un solo euro concretado en esas actividades. De hecho, las únicas concreciones son las que figuran en los Presupuestos Generales del Estado para 2010, que van justo en la dirección opuesta con una reducción muy importante de la partida dedicada a I+D. Por otro lado “dinamita” el sector que ha sido el motor del crecimiento de nuestra economía, la construcción. Si la vivienda está sufriendo una caída en sus precios imagínense lo que va a suceder ahora que la desgravación por compra desaparece para rentas superiores a los 24.000 euros. Dos consideraciones en esta línea: en primer lugar, es lógico que los compradores vayan a descontar del precio de la vivienda las deducciones que hasta ahora obtenían, con lo que obviamente estarán dispuestos a pagar un precio menor que aquél que pagarían en el caso de que esas deducciones se mantuvieran. El resultado puede ser una “caída libre” del precio de la vivienda; y en segundo lugar está el límite de los 24.000 euros que, en principio, no parece tener en consideración elementos como el tamaño de la familia a la que pertenece la persona que obtiene los ingresos. Un ejemplo sencillo: una familia de 4 miembros –padre, madre y 2 hijos- con una única renta de 25.000 euros no tendrá derecho a deducción por la adquisición de vivienda aún cuando estén por debajo de la línea de la pobreza; y sin embargo otra familia compuesta por dos miembros con ingresos individuales de 23.000 euros, es decir 46.000 euros anuales de ingresos conjuntos, sí tienen derecho a deducción.
Saltando de las consideraciones económicas a las políticas, -los economistas también tenemos ideología- el problema es que el rumbo errático de la política económica, este socialismo estético –gracias Fernando por la definición- que practica el gobierno, con un discurso hueco pero sin acometer las reformas necesarias, y la radicalización verbal tanto de la derecha como de la izquierda está dejando a esta última huérfana de opciones. Si a la defunción certificada de IU unimos una socialdemocracia tan descafeinada que consigue que los bancos vuelvan a la senda de los beneficios en menos de un año mientras que condena a más de 4 millones de españoles a la beneficencia conculcando su derecho constitucional a un trabajo digno, los votantes de izquierdas cada vez vamos perdiendo más la ilusión por un cambio efectivo y por aquellos que deberían representarlo. Por el contrario, esa radicalización del discurso, un populismo muy bien entendido y una situación político-económica desastrosa están dando alas al sector más duro de la derecha española, a ese que camina de la mano de una iglesia ultramontana. Y no es una perspectiva nada halagüeña.
Sr. Presidente, comience a ponerle chicha a la Ley de Economía Sostenible o la época de Margaret Thatcher en el Reino Unido va a ser el comunismo comparado con lo que nos espera a partir de 2012.

© José L. Calvo

lunes, 16 de noviembre de 2009

La recesión ha terminado (en Europa). España a la espera de la gran ola

Aquel que es el primero en tomar posición en el campo de batalla espera al enemigo y se siente cómodo. Aquél que es el último en tomar posición en el campo de batalla y se apresura a pelear, se agota. Así pues, el que es hábil en la batalla emplaza al otro, y no es emplazado por él.

La recesión ha terminado en la Eurozona. En el tercer trimestre de este año esta creció un 0,4%. Todos los países de la moneda común presentan tasas de incremento positivas de su PIB: Alemania un 0,7, Francia un 0,3, Italia un 0,6 etc. Tan solo hay una excepción: España.
Nuestro Gobierno sigue, sin embargo, poniendo buena cara al mal tiempo y considera que la moderación de nuestro decrecimiento (un 0,3% en ese trimestre) es también un dato esperanzador que sumar a que el paro tan solo creció en 100.000 personas, dejando la población desempleada en 3.800.000 españoles según cifras del Ministerio de Trabajo. Vamos, que si la Eurozona puede dar por zanjada la recesión, nosotros también podemos hacerlo aunque nuestra tasa de paro siga duplicando la media europea, nuestro PIB decrezca en lugar de crecer y el déficit público esté disparado por encima del 10% de ese mismo PIB.
Una muestra clara de ese positivismo del Gobierno lo tenemos en las declaraciones de la Secretaria General de Empleo, Maravillas Rojo, que como decimos, considera esperanzadora la evolución del paro. Según esta responsable política “…la variación interanual del paro registrado sigue a la baja…” (vamos que se destruyen un número inferior de empleos, quizás porque cada vez quedan menos). Pero lo realmente sorprendente es el mensaje final de la responsable ministerial afirmando que hay síntomas de recuperación de la actividad económica internacional que "…nos llevan a pensar que si, en efecto, la recesión empieza a tocar fondo, a partir de ahora puede iniciarse una recuperación que contribuya a frenar la destrucción de empleo". Dicho lisa y llanamente, nosotros no hemos de hacer nada porque ya nos llega el empujón del exterior que nos permitirá remontar. Lo que ya definimos en su momento como el modelo del surfista.
Porque nuestras autoridades políticas llevan toda la crisis esperando la ola. Si se analiza detenidamente, la política económica socialista ha consistido hasta ahora en un conjunto de medidas tendentes a capear el temporal, a resistir, a la espera de que la recuperación económica internacional nos permita volver a coger la senda del crecimiento. Es decir, que lo mismo que negó en su momento que la crisis económica tuviera algún componente nacional –hasta que la burbuja inmobiliaria explotó y las constructoras y el empleo empezaron a caer como un castillo de naipes- ahora también aspira a que la recuperación tampoco sea nuestra, sino que nos venga ofrecida desde el ámbito internacional. Lo dicho, un surfista en su tabla dando vueltas a la espera de que venga la gran ola.
Este planteamiento es, a nuestro juicio, suicida. Porque si no preparamos nuestra economía para lo que ha de llegar, si no mejoramos nuestra estructura productiva y nuestra competitividad, si no modificamos la actual estructura del mercado de trabajo es muy probable que la recuperación exterior no solo no suponga una mejora de nuestra economía sino que por el contrario, de origen a un empeoramiento.
Las instituciones internacionales, el mundo empresarial y los profesionales de la economía hemos indicado numerosas veces la necesidad de introducir importantes reformas en el modelo productivo español que le permitan absorber la población activa, mejorar la competitividad e incrementar la internacionalización de nuestras empresas. Sin un nuevo modelo de crecimiento basado en la I+D+i es más que probable que el empujón internacional como mucho sirva tan solo para un lavado de cara que encubra las deficiencias de nuestro sistema productivo pero que, en ningún caso, resolverá los principales problemas que habrá de afrontar nuestra economía a medio y largo plazo: una tasa natural de paro alrededor del 8%, un déficit público imposible de enjugar dado que los gastos sociales no decrecerán y los ingresos aumentarán escasamente, una falta absoluta de competitividad de nuestras empresas asociada entre otras cosas a las rigideces laborales, un sistema financiero que no ha abordado todavía una reorganización en profundidad y la incapacidad de fomentar la iniciativa empresarial de las pequeñas empresas y los autónomos, que se enfrentan a un sinfín de trabas legal-administrativas y financieras.
Siguiendo con el símil del surf, si en vez de estar alerta sobre una tabla aerodinámica nos encontramos jugando sobre un cartón, es muy probable que la ola no solo no nos empuje sino que nos ahogue.
Como dice el general, el que es hábil en la batalla emplaza al otro, y no es emplazado por él. No debemos tan solo esperar la ola, hay que construir una buena tabla.

© José L. Calvo

jueves, 12 de noviembre de 2009

El secreto de sus ojos.(A propósito del Capitalismo y de la caída del muro de Berlín).

Acampa en lugares altos, frente al sol. No escales las alturas para luchar. Y eso es todo lo que hay que decir sobre la guerra en las montañas.

Cuando se habla de crisis económica se puede observar una tendencia hacia la exageración invocando el fin del sistema capitalista.
Y sin embargo, las crisis del capitalismo no son excepcionales, no representan algo nuevo y único “sino parte normal del funcionamiento del sistema” (Capitalism. A Very Short Introduction, James Fulcher, Oxford,2004). Siguiendo este magnífico libro que habla sobre el capitalismo, su funcionamiento y su historia o si existe alguna alternativa al mismo observamos que el siglo XIX convivió con crisis económicas de manera habitual, que la Holanda del siglo XVII protagoniza la tulipomanía, que viene a representar los mismos e idénticos comportamientos de las burbujas actuales, ya sean de las empresas punto com o tecnológicas u otras.
Karl Marx afirmaba que la producción capitalista creaba solamente nuevos mecanismos de crisis y que tenía una inclinación hacia ellos por la misma razón de la separación entre producción y consumo. Por eso Marx pensaba que el capitalismo era un sistema anárquico, porque la producción no estaba directamente regulada por la necesidad de consumir productos y que por eso el sistema capitalista tiende a la superproducción: por esa causa las crisis eran hasta beneficiosas al permitir la permanencia del sistema eliminando las tensiones de la superproducción. A este respecto, ver por ejemplo, el Manifiesto Comunista donde se defiende que la expansión propia del sistema capitalista propicia nuevas crisis cada vez más profundas y destructivas. Pero como señala Fulcher (y que los contrarios al sistema capitalista, los movimientos antisistema o antiglobalización, no se hagan ilusiones) el mismo Marx nunca creyó en el fin del capitalismo en forma de desastre económico.
En general, podemos decir que las crisis cíclicas que afectan al sistema son inherentes a él y consustanciales con su propia naturaleza. Desde mediados del siglo XIX hasta que llega la Primera Guerra Mundial el mundo tuvo una época de crecimiento económico sostenido que finaliza con los alegres años veinte: época de gasto y de expansión en el consumo. Cuando termina la guerra numerosos países estaban empobrecidos y extenuados (por ejemplo, Alemania, ver en este sentido el libro de Keynes sobre las consecuencias económicas de la paz)y es en esos días cuando surge la Gran Depresión de 1929 y como ha declarado Ben Bernanke “que cuando se entendieran de verdad los entresijos de la Gran Depresión se habría encontrado el Santo Grial de la economía”(citado por Claudi Pérez, El País,1 de noviembre de 2009). En este sentido y como comenta Pérez ”alguno creyó haber dado con él, en pleno supuesto triunfo de la hipótesis de los mercados eficientes-en conjunción astral con los modelos de equilibrio general de las expectativas racionales-“ el Profesor Robert Lucas señalaba (2004) que “el problema central de la prevención de las depresiones está resuelto”. Algunos autores comenta Fulcher casi llegaron a afirmar que esa Gran Depresión estuvo a punto de colapsar el sistema económico mundial pero lo único que demostró es que el sistema era vulnerable a las crisis.
Y, entonces como ahora, surge otra cuestión: la global, y esto, ahora sí, es un factor nuevo en la interpretación del fenómeno. En estos días se está conmemorando la caída del muro de Berlín, algunos comentaristas políticos hablan del verdadero final de la segunda guerra mundial o del final del comunismo con unos héroes, claramente identificados, como el Papa Juan Pablo II o Ronald Reagan y lo que hay que decir es que, efectivamente, un sistema económico ha ganado y otro ha perdido y el que ha ganado es el capitalista; pero, también, los americanos de EEUU, como señala Hobsbawn ( en la obra War, Peace and Hegemony at the Beginning of the 21 st Century, DELHI,17 de diciembre 2004.) van a tener un papel clave en el siglo XXI porque ” nos guste o no ,Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia, una potencia imperial, incluso en una etapa de declive económico relativo evidente”.Y hay muchos capitalismos y no es lo mismo el sistema en Japón, en Suecia ,en Alemania en la India o en los Estados Unidos pero eso precisamente es lo que hará que el sistema perviva y se adapte constantemente porque como, dice Fulcher, “quienes deseen transformar el mundo deben centrarse en las posibilidades que ofrece el capitalismo desde su propio seno” hay distintas formas de capitalismo el sistema se acomoda en sitios tan insospechados como China o la India. China gobernada por el Partido Comunista y que tiene un Capitalismo de Estado y la India en la que convive un desarrollo tecnológico y económico general muy notable: cada una con más de mil millones de habitantes y que encabezarán el desarrollo y el futuro económico del siglo veintiuno. En la reunión de la American Economic Association, presidida por J.K. Galbraith, en Nueva Orleans, el 27 de diciembre de 1971, Joan Robinson dijo:”Un indicio seguro de una crisis es la aparición de chiflados famosos. Es típico de una situación de crisis que los chiflados sean escuchados por el público insatisfecho con la ortodoxia. En los años treinta tuvimos al Mayor Douglas , y el Crédito social-todo se resuelve con una estilográfica- y Warren y Pearson, que convencieron al presidente Roosevelt de que podría acabar con la Depresión aumentando el precio en dólares del oro, lo cual haría subir todos los otros precios. Se presta más atención a los chiflados que a los ortodoxos porque al menos advierten que existe un problema”.Y es que el secreto de la pervivencia del sistema capitalista es similar, o se parece, al de esa reciente película argentina a la que hace referencia el título que encabeza este artículo. En la película, el protagonista, un funcionario jubilado rememora lo que fue su vida para escribir una novela sobre un asesinato ocurrido veinte años atrás, Benjamín Expósito, que así se llama nuestro héroe, sabe identificar perfectamente donde está el bien y donde está el mal y llega al convencimiento de que muchas veces, cueste lo que cueste, merece la pena pasar por la vida como una persona auténtica. Los ojos, como medio de transmisión de lo más profundo del ser humano, reflejan todo lo bueno y también lo más perverso: la maldad intrínseca que tienen esas personas con el alma llena de mierda. En esa conferencia a la que hemos hecho referencia unas líneas más arriba, Joan Robinson, hablaba sobre la visita de Hayek a Inglaterra:” el profesor Robbins trajo de Viena a un miembro de la escuela austríaca, con la intención de que contrarrestase la influencia de Keynes. Recuerdo perfectamente la visita de Hayek a Cambridge camino de la London School .Expuso su teoría y cubrió toda una pizarra de trángulos. Según comprendimos más tarde, todo el planteamiento se basaba en confundir la tasa corriente de inversión con el stock total de bienes de capital, pero de momento no logramos desentrañarlo. La tendencia general parecía ir en el sentido de demostrar que el consumo era la causa de la Depresión. R.F.Khan, que en aquella època estaba desarrollando su teoría según la cual el multiplicador garantizaba un ahorro igual a la inversión , preguntó con aire sorprendido :¿cree usted que si mañana me compro un abrigo, haré aumentar el paro?.Sí,-dijo Hayek-.Pero -continuó señalando sus triángulos en la pizarra-, sería preciso un largo razonamiento matemático para explicarlo”. Esperemos, entonces, que el sistema capitalista responda, finalmente, a los graves problemas que le afectan: a la lucha contra la exclusión y la marginación social a una escala puramente global.

© J. A. Martínez.

lunes, 26 de octubre de 2009

Existe una política económica progresista (y no es la del Gobierno)

Al haber valorado las ventajas, atiéndelas. Después dótalas de shih para que ayuden a las fuerzas exteriores. El shih gobierna el equilibrio de acuerdo con las ventajas.

En las últimas décadas del Siglo XX surgió una corriente denominada pensamiento único cuyo postulado básico era que la humanidad había caminado durante siglos hasta encontrar la sociedad óptima, aquella que definía el modelo económico-social del cuál no debería ya apartarse: la democracia capitalista.
En España la izquierda ideológica ha seguido una trayectoria muy similar a la comentada en el párrafo anterior: a partir de 2004 se postuló que la única política de izquierdas era la que proponía el PSOE y que, en consecuencia, todo lo que hacía este partido tenía un contenido social-progresista y las críticas a sus actuaciones debían calificarse de derechas. En ese pensamiento se han basado los comentarios de nuestros “compañeros de izquierdas” a muchos de nuestros artículos.
Y sin embargo nada más lejos de la realidad: el gobierno del PSOE ha adoptado una política económica que sería plenamente suscrita por el PP si no fuera por su necesidad de oposición para lograr la victoria en las urnas. Y desde luego, existe una opción mucho más progresista de la que este está impulsando. Algunos de los elementos que a nuestro juicio la compondrían ya los hemos expuesto en otros artículos, pero los resumiremos en este.
1. La creación de una banca pública habría evitado el fracaso del Plan ICO. Además, y siguiendo la trayectoria de dirigentes tan poco izquierdistas como George Bush o Gordon Brown, se podrían haber nacionalizado algunas entidades financieras en lugar de facilitarles dinero de todos los contribuyentes –oficial y extraoficialmente- para solventar su mala gestión. Una banca pública dotada de recursos y compitiendo en la financiación de pequeñas empresas, autónomos y particulares en dificultades habría permitido que todos ellos afrontasen la crisis con una perspectiva bastante más optimista de la que tienen cuando se enfrentan a las restricciones de crédito de la banca privada. Y con muchas más posibilidades de mantener los empleos en el caso de las empresas.
2. Generación de un parque de vivienda pública de alquiler con parte de los recursos que se han malgastado en el Plan E. De esta forma se habría hecho frente a varios problemas: en primer lugar, se habría mantenido el actual modelo de crecimiento o al menos se habría frenado su caída, dado que no existe una alternativa –de la inversión en I+D+i mejor no hablar-. Con ello, además, la crisis de confianza habría sido mucho menor; en segundo lugar se habría dedicado el dinero público a inversión en vez de a gasto corriente como ha ocurrido con el Plan E. Y en un futuro, cuando la economía se recupere, incluso se podrían haber vendido algunas de esas viviendas consiguiendo unas plusvalías para el Estado, es decir, para todos; en tercer lugar, su dedicación al alquiler habría facilitado la política social, ya que podrían haberse destinado a personas con pocos recursos o a jóvenes; y por último, habrían facilitado la movilidad laboral tan necesaria en nuestro país y que sin embargo está cercenada por un mercado inmobiliario dedicado únicamente a la compraventa.
3. Subida de los impuestos directos y mejora de la lucha contra el fraude. De esto último el gobierno no ha querido ni oír hablar, y eso que se lo han manifestado muy claramente los inspectores de hacienda en su congreso: se podrían recaudar más de 100.000 millones de euros con una mejora en la lucha contra el fraude. Y sobre la subida de los impuestos directos ya lo hemos comentado: no se trata tanto de un objetivo recaudatorio como de que los españoles tengan la sensación de que son tratados con equidad. De que la crisis la vamos a pagar todos, incluidos los que más tienen.
4. Reformas en el mercado de trabajo. Es evidente que un mercado que mantiene 2 millones de parados cuando la economía está creciendo a más del 3% anual y que es capaz de perder 1 millón de empleos en un año es totalmente ineficiente y necesita ser reformado. Y uno de los elementos en los que se ha de basar esa reforma es en el cambio de actitud hacia el empresariado. No es posible que en el siglo XXI el Gobierno y los sindicatos sigan con el discurso obrerista, lanzando el mensaje de que el empresario es un explotador y que los trabajadores no reciben una retribución justa, más aún cuando en España el tamaño medio de la empresa no supera los 5 trabajadores. Porque como dicen Akerlof y Shiller “…si (los trabajadores) creen que los tratan con poca equidad, su sentido del deber será nulo y trabajarán lo mínimo para cubrir el expediente”. Esto generará una reacción contrapuesta de los empresarios que no tendrán ningún inconveniente en despedirlos ante las primeras dificultades. Y lo más sorprendente es que este discurso oficial y sindical nunca va dirigida contra las grandes empresas y grupos económicos –al menos no conocemos ningún comentario negativo hacia la actitud empresarial del difunto Sr. Polanco o de D. Emilio Botín-. El empleo, como todo el mundo sabe en Europa, se crea en las PYMES y en los autónomos, y es a ellos a quien hay que apoyar.
5. Por último, una política de pensiones ligada al patrimonio de los individuos. Existe una tradición anglosajona encabezada por John Stuart Mill en contra de las herencias. Pero sin ir tan lejos, no parece que tenga sentido que en España se estén financiando éstas a través del sistema público de pensiones. Porque si un pensionista es capaz de vivir de los ingresos de su pensión todo su patrimonio pasará a sus herederos, con lo que se produce la financiación mencionada. Y no vale decir que lo pagaron antes ya que el sistema español de pensiones no es de capitalización sino contributivo.
Estos son solo unos ejemplos de actuaciones de política económica con un shih mucho más progresista. Y eso que en ningún momento hemos querido sobrepasar el listón que la Constitución establece para la sociedad española. Más allá están el comunismo o la anarquía, que tal y como van las cosas no se deberían descartar como referencia.

© José L. Calvo

martes, 13 de octubre de 2009

Animal Spirits en España: equidad e impuestos

Si las tropas no se sienten fielmente unidas a ti y, sin embargo, las castigas, no te obedecerán. Si no te obedecen difícilmente podrás manejarlas….De modo que debes unirlas mediante la camaradería, mantenerlas firmes mediante la disciplina. Esto es lo que se entiende por ‘conquista segura’ ”.
Se ha publicado este año en nuestro país un libro de George Akerlof –premio Nobel de Economía en 2001- y Robert Shiller titulado Animal Spirits¸cómo influye la psicología humana en la economía. Su argumento viene perfectamente definido en su título, y se puede resumir como sigue: la Teoría Económica tradicional en la que se basan en gran medida las decisiones económicas de nuestros dirigentes parte de un supuesto básico no plenamente correcto: el individuo es racional y toma sus decisiones sobre la base de esa racionalidad. Por el contrario, argumentan Akerlof y Shiller, los individuos muchas veces actuamos de forma irracional, dejándonos llevar por lo que ellos denominan animal spirits, que bien podría traducirse por emociones, sentimientos,… En definitiva, que los factores psicológicos afectan a las decisiones económicas mucho más de lo que los economistas pretendemos.
Uno de los conceptos que Akerlof y Shiller emplean para justificar su argumentación es el de equidad, término que según el DRAE significa disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que se merece. Lo que defienden estos autores y otros muchos es que “…la equidad precisa la introducción en la economía de conceptos sobre el modo en que la gente cree que los demás deben comportarse”, ya que tomamos decisiones económicas en función de cómo nos sentimos tratados, justa o injustamente.
Una contrastación de la teoría de la equidad la tendremos en nuestro país el próximo año. Si, como vaticinábamos nosotros en otro artículo, la subida del IVA no va a tener el efecto recaudatorio que el gobierno prevé entonces habrá argumentos que sustenten la influencia de la equidad; por el contrario, si la recaudación es la prevista sobre la base de proyecciones de ingresos y gastos entonces la racionalidad habrá imperado.
Nuestro argumento es el siguiente: la gran mayoría de la sociedad española considera que los principales responsables de la actual crisis económica han sido los bancos y los especuladores, coloquialmente, los ricos. Y tras la subida de impuestos incluida en los Presupuestos Generales del Estado la sensación que nos ha quedado a todos es que estos se van a ir de rositas: no han subido los impuestos directos y si los que afectan fundamentalmente a las clases medias y bajas. Es decir, la elevación de impuestos es a todas luces injusta.
Ante esto ¿qué se puede hacer? Desde la racionalidad económica nada, ya que los impuestos son los que son y hay que pagarlos. Pero si aplicamos la teoría de la equidad la respuesta es muy distinta: ante un tratamiento injusto los individuos se rebelarán y harán todo lo posible por pagar menos impuestos; una parte importante de la economía se sumergirá y volverán las dobles facturas con IVA y sin IVA. Resultado, la recaudación no aumenta lo previsto e incluso es posible que caiga como ya hizo en la anterior subida de impuestos.
¿Existía alguna posibilidad de haber evitado esto? Creemos que sí. Aplicando nuevamente la teoría de la equidad el gobierno debería haber aumentado la imposición indirecta para recaudar, el IVA, pero también la directa, el IRPF, de las rentas más altas. Incluso podría haber introducido un impuesto a los bonus como el de José Ignacio Goirigolzarri o seguido la propuesta de Nicolás Sarkozy de un impuesto sobre las grandes fortunas. Es probable que la recaudación no fuese muy elevada, pero sí habría producido un efecto psicológico, generando un sentimiento de que todos debemos pagar y muy especialmente los más ricos. Y de esta forma la gente no se sentiría injustamente tratada.
Pero no ha sido así. El gobierno ha optado por aplicar la Teoría Económica en su sentido más estricto, sin tener en cuenta el principio de equidad que tan bien funciona, a nuestro juicio, en España. Y al final veremos si los españoles somos tan solidarios como dice el Sr. Zapatero y estamos dispuestos a colaborar pagando más impuestos o por el contrario nos sentimos defraudados por un Gobierno que se autodenomina de izquierdas pero deja las rentas de los ricos intocadas.

@José L. Calvo y José A. Martínez