lunes, 28 de mayo de 2012

Los recortes sí tienen ideología

No establezcas alianzas con cuanto hay bajo el cielo. No busques equilibrio en cuanto hay bajo el cielo. Confía en tus propios recursos
Partamos de dos principios que dan sentido al alter ego de este blog: la economía es 90% sentido común y 10% técnica; y lo que le ha faltado a la economía española durante los últimos quince años ha sido justamente eso, sentido común. Por ese motivo, porque como el hijo pródigo de la parábola hemos derrochado la fortuna del país en fastos y gastos estúpidos, porque nos dedicamos a especular en lugar de trabajar pensando que el dinero crecía en los ladrillos, es por lo que estamos donde estamos. Y lo primero que hay que hacer es introducir una regla sencilla de sentido común: a largo plazo no puedes gastar más de lo que tienes. Dicho en Román paladín, hay que reducir nuestros gastos.
Pero aquí nuevamente hay dos elementos a considerar: de dónde recortar y cómo hacerlo. Y esto, como dice el título de este post, sí tiene ideología. Porque hay –o debería haber- una diferencia conceptual básica entre la derecha y la izquierda político-económico-social: mientras que la izquierda defiende lo público, la derecha se decanta por la defensa de lo privado.
Pongamos uno de los ejemplos más significativos de recorte que ha introducido el gobierno del PP: la educación. Lo que ha hecho la derecha está claro: “meter tijera” de forma indiscriminada. Pero ¿qué debería proponer una izquierda “de verdad”? (en este blog no me verán nunca referirme al PSOE como izquierda. Ya me cuesta trabajo con IU).
Dividamos entre la educación básica y la superior, porque son muy diferentes. La izquierda, por definición, debe defender la enseñanza universal y pública. En esa medida, y dado que hay que recortar gastos, su propuesta para la enseñanza básica debería ser evidente: quitar la subvención a los colegios concertados y pasar ese dinero al sistema público. El criterio: el que quiera educar a sus hijos en un colegio privado que lo pague. La financiación de la enseñanza concertada sigue el mismo razonamiento que si yo quisiera que me subvencionasen ir en taxi a trabajar: hay una buena red de transporte público en Madrid pero yo no lo quiero usar y prefiero desplazarme en un vehículo privado; que me lo subvencionen.  Absurdo ¿no?  
En la enseñanza universitaria la cosa es mucho más complicada. Veamos primero qué ha hecho el PP: incrementar las tasas y prácticamente eliminar las becas. En cuanto a lo primero, si la izquierda “de verdad” dejase de hacer demagogia y leyese un poco, vería que hace ya muchos años que la Economía de la Educación demostró que la universidad gratuita es un sistema de subvención indirecta de los pobres (los que no pueden renunciar a trabajar para ir a la universidad) a los ricos (los que pueden hacerlo). Además, los rendimientos de los estudios universitarios son elevados, tanto en reducción de la tasa de paro como en ingresos (por poner un ejemplo, un estudiante de medicina en la universidad pública española que obtiene un trabajo en el Reino Unido amortiza su inversión en educación en menos de 6 meses). Por último, y para recordar algo que ya forma parte de la historia pero que es bueno no olvidar, desde la izquierda más radical, esa que hoy está en la calle, se apoyaba la política de la antigua URSS que no permitía emigrar a ningún ciudadano hasta que éste no había compensado al estado por la inversión que había hecho en él, sobre todo si era un famoso científico, bailarín… Por lo tanto una primera propuesta que hunde sus raíces en los principios básicos de la izquierda: que cada estudiante universitario pague en función de sus posibilidades.
Vamos a las becas porque aquí sí que hay una gran diferencia entre la izquierda y la derecha. La propuesta del PP es una carga de profundidad a la igualdad de oportunidades. Al eliminar las becas, o una parte sustancial de ellas, se priva del acceso a la universidad a aquellos que no pueden pagarla, más aún con las subidas de tasas. Esto último, al no llegar las tasas al coste real, hace más regresivo aún el sistema universitario: con la propuesta del gobierno se sigue subvencionando una parte muy importante de la educación universitaria pero tan solo a los ricos, a los que pueden pagar las tasas íntegras, sin posibilidad ni de beca ni de financiación vía créditos al estudio.
   Después de esta argumentación, lo que yo creo que debería ser una propuesta de izquierdas: tasas académicas cada vez más cercanas al coste real de la enseñanza universitaria y una buena política de becas/créditos de estudio que permita a los alumnos sin recursos suficientes financiar su educación.
En definitiva, lo que primero que deberíamos pedirle a la izquierda es sentido común de lo público y una actitud valiente y sensata en su defensa. Todo lo demás es demagogia barata. Más aún, el no haberse atrevido a hacer las reformas necesarias desde una perspectiva ideológica de izquierdas es lo que ha permitido que ahora la hagan desde la visión de la derecha.
© José L. Calvo

jueves, 5 de abril de 2012

Los CHARLIS de Europa

Una nación destruida no puede recuperarse, ni los muertos pueden volver a la vida. Por eso, aquél soberano que sea lúcido tendrá en cuenta esto. Y el buen general le prestará atención. Todo esto constituye el Tao para salvaguardar el estado y para mantener unido al ejército.
 
En abril de 1975 el imperio americano se rindió a la evidencia: un grupo de desarrapados bajitos, a los que años antes denominaron despectivamente “charlis”, les habían vencido. Los vietnamitas del norte, finalmente unidos a los del sur, habían logrado derrotar a la hasta entonces mayor potencia bélica del siglo XX.
En 2008, transcurrido un año de la más nefasta crisis económica desde la Gran Depresión de 1929, la prensa inglesa, con ese humor tan británico que la caracteriza, acuñó el acrónimo P.I.G.S. para referirse a los países mediterráneos –más Irlanda- sobre los que la crisis se estaba cebando y necesitaban ser intervenidos por el imperio Nor-europeo –no queremos hablar solo de Francia y Alemania, porque nos olvidaríamos de “nuestros amigos austríacos, holandeses o nórdicos”-.
En ambos casos se dan dos hechos concurrentes: en primer lugar la intervención se realiza por su bien, aun cuando no ha sido demandada; y en segundo lugar se hace en defensa de “valores” de nuestra sociedad que se imponen sobre los individuos.
Los americanos entraron en Vietnam sin que la sociedad vietnamita demandara su presencia. Fueron unos dirigentes corruptos, que intentaban mantener a toda costa su estatus social y económico, los que solicitaron la presencia de tropas estadounidenses para defenderlos. Algo muy similar ha pasado en los PIGS: nuestras sociedades no han solicitado la intervención de la UE y el FMI, y han sido los banqueros y políticos, tras una gestión nefasta y después de haber dilapidado nuestros recursos, los que para mantener también su estatus económico y social han alentado y apoyado la intervención.
El segundo elemento común lo tenemos en la defensa de esos valores abstractos de las sociedades capitalistas occidentales por encima de los individuos. Así, Estados Unidos entró en Vietnam en defensa de la Democracia y la Libertad –con mayúsculas- como posteriormente los hizo en Afganistán o Irak, independientemente de lo que pensasen y les sucediese a los ciudadanos vietnamitas, afganos… lo importante era la defensa de los valores que sustentan “nuestra forma de vida”. En la UE ha sucedido algo muy similar: la intervención se realiza para defender a los Mercados, al capitalismo, y es igual el sufrimiento que se genere en las poblaciones de los países afectados. Lo relevante es que los Mercados no se vean afectados, que nos crean, que la economía capitalista pueda seguir funcionando “a toda máquina”, sin importar cuántos caigan en el camino.
Es más que posible que las similitudes no terminen ahí. Que, como ya ocurrió en Vietnam, unos desarrapados, la escoria de Europa, puedan derrotar al imperio Nor-europeo. Si alguna fuerza política –ninguna de las actuales me temo- pone al hombre por encima del mercado, si considera que es más importante que la gente coma y tenga una vida digna a que usureros se paseen por el padock de los circuitos, es posible que se vuelva a repetir lo ocurrido en 1975.
La solución está a la vista: el modelo capitalista ultraliberal ha fracasado y se impone nuevamente, como mínimo, la intervención del Estado para regularlo. Cuanto más se retrase, cuantos más sacrificios se pidan a los PIGS para satisfacer a los mercados, más nos iremos alejando de una solución consensuada y más nos acercaremos a un enfrentamiento entre el imperio y los CHARLIS de Europa.
Por cierto, ahí va mi definición de los nuevos CHARLIS: Civilización, el Mediterráneo es la cuna de la europea; Historia, mientras los griegos filosofaban los del Norte todavía usaban hachas de piedra;  Alegría, no nos la robarán nunca, por mucho que les pese; Rebeldía, contra todo y contra todos, como llevamos siglos haciendo; Luz, ¡qué envidia!; Imaginación, frente a los “cabezas cuadradas” y Solidaridad, entre nosotros y frente a nuestros enemigos. Y Una adicional por si a alguien le apetece seguir jugando con las palabras: Orgullo

© José L. Calvo

jueves, 23 de febrero de 2012

Leónidas, Durruti y el germen de la autodestrucción capitalista

Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Buenaventura Durruti
El capitalismo es el abuso del poder por el capital. José Luis Sampedro
Ven y cógelo. Leónidas I de Esparta

El mundo está cambiando. La entrada de China, Rusia y otros actores importantes en los niveles de decisión del G-20 nos indica que estamos ante una transformación no sólo del equilibrio de poderes global, sino del propio sistema capitalista. Una de las grandes habilidades del capitalismo a lo largo de su historia había sido su capacidad de asimilar todo aquello que se le enfrentaba y que podía destruirlo, transformándolo y, al mismo tiempo, ocultando su propia esencia. Así, vimos como convirtió a su gran movimiento de oposición, la URSS, en una marca, CCCP, lo mismo que transformó al hipismo en una moda o al Che, mártir anticapitalista, en imagen de compañías multinacionales.
Su nacimiento ya fue convulso. En una sociedad dividida entre los poseedores de los medios de producción, los capitalistas, y los condenados a ser explotados, los obreros, estos últimos se enfrentaron de todas las formas posibles para defender sus derechos. La solución fue hacer pequeñas concesiones: el descanso dominical, la renuncia a que trabajen los niños –del mundo civilizado-, la reducción paulatina de la jornada laboral hasta las ocho horas. El anarquismo primero y el comunismo después le desafiaron tanto en el terreno ideológico como en el político y el militar. Y aquí actuó por varias vías: el aislamiento físico e ideológico con el surgimiento del telón de acero y la guerra fría; la creación de partidos a medio camino entre los dos extremos ideológicos, la socialdemocracia, cuya misión es presentar las pequeñas concesiones como grandes victorias sociales; y, sobre todo, lavando su cara con el estado del bienestar.
Aunque ni siquiera él lo sabía, la mejor protección del capitalismo fue la introducción de reglas que restringiesen su comportamiento y le hicieran parecer humano y solidario. Reglas no solo en las relaciones laborales sino, fundamentalmente, en su funcionamiento institucional y financiero. Una de ellas, la Ley Glass Steagall  que separaba la banca de inversión de la comercial, permitió que el sistema financiero no actuara siguiendo las normas del más puro capitalismo y facilitando que los bancos se hicieran cada vez más y más grandes; “demasiado grandes para quebrar y ellos lo sabían. Sabían que si se metían en problemas, el gobierno los rescataría. Eso era incluso en el caso de los bancos que no tenían seguro de depósitos, como los bancos de inversión” (Joseph E. Stiglitz). Por otro lado, continua Stiglitz, “los banqueros tenían incentivos perversos…no sólo sabían que el banco sería rescatado si se metían en problemas, sino que seguirían siendo ricos incluso si se permitía que el banco quebrara .Y estaban en lo cierto”.
Cuando los límites desaparecieron surgió la cara más salvaje del capitalismo, su auténtico ADN. La caída del Muro de Berlín junto a una época de bonanza que no era más que un espejismo favoreció la reducción del estado del bienestar. Ya no existía alternativa y no era preciso disimular. Posteriormente, la presión de los mercados para su liberalización llevó a la derogación de la Ley Glass Steagall por Bill Clinton en 1999, permitiendo que la especulación reinase en la economía. El resultado está a la vista: en menos de 7 años el sistema ha saltado en pedazos.
Y así sigue. Porque esta crisis está lejos de terminar. Porque es sistémica. Porque, y es aquí donde está el quid de este post, el capitalismo lleva en su propia esencia el germen de la autodestrucción. Sin límites, el objetivo de la maximización del beneficio supone la explotación brutal de unos hombres por otros. Sin barreras morales ya nada impide que unos puedan vivir espléndidamente mientras una parte cada vez mayor de la población se acerca al abismo de la miseria. Sin restricciones nada obliga a la solidaridad, y los individuos y países pueden utilizar a los demás en beneficio propio. Ese es el ADN real del capitalismo: que la moralidad no te impida hacer buenos negocios.
Ha pasado durante siglos en África; lo vimos en las políticas que impuso el FMI en América Latina y que condenaron a la miseria a sus poblaciones para hacer más ricos a lo que ya lo eran; y lo estamos sufriendo ahora los cerdos europeos (PIGS), y en especial nuestros hermanos griegos. Con sueldos reducidos a la mera subsistencia, una subida del 4% del IRPF, un aumento de la factura eléctrica del 9%, el incremento del 10% en el IVA máximo o la subida del IBI, se les piden todavía esfuerzos adicionales para poder sentarse a la misma mesa que los “ricos” alemanes y franceses. ¿Hasta dónde creen que lo soportarán?  ¿Cuánto creen que tardará en surgir un nuevo Leónidas que liderando a los griegos y al igual que en las Termópilas rete a los invasores a que vengan y lo cojan?
Por eso es una buena noticia la carta que doce primeros ministros de la Unión Europea (incluido Rajoy) han enviado a Durao Barroso solicitando el cambio de objetivos en política económica. Solicitan que se priorice el crecimiento económico. Hemos de recordar aquí que el único mandato del BCE es la estabilidad de precios, objetivo que puede ser incompatible con el propio crecimiento (Akerloff y Phillips) y lo que es peor con la generación de empleo. La propuesta supone una medida revolucionaria ya que el eje Merkozy no la ha querido firmar. Pero se han quedado solos. 
Si los mercados no abandonan la actual actitud depredadora, si los políticos no actúan en defensa de los intereses de todos y dejan de ser los perros guardianes de los que más tienen, si nuestros socios francoalemanes no se dan cuentan de que es imposible pedir más sacrificios a quien prácticamente lo ha perdido todo no por su culpa sino por la mala gestión de todos los políticos europeos -incluidos los franceses y alemanes-, si no se devuelven reglas sensatas y solidarias de comportamiento y límites a la explotación, es decir, al capitalismo, no será extraño que volvamos a ver a los parias de la tierra, a la famélica legión levantarse contra la opresión. Y ya no serán grupos de alegres jovencitos reclamando que los traten bien, que les paguen la hipoteca o que les ofrezcan las migajas que sobran en la mesa de los ricos. Serán los revolucionarios de la Columna Durruti los que de nuevo recorran Europa para derrotar al capitalismo e implantar un sistema más justo y solidario.
Decía hoy Mario Monti (primer ministro de Italia) que la Europa del Estado del Bienestar corre peligro. Y nosotros decimos desde aquí que no. Que el Estado del Bienestar en Europa  es un avance del espíritu humano, de toda la sociedad europea, y que no tiene que obedecer órdenes ni  del mercado, ni de los políticos ni de otros grupos de intereses que responden a oscuras razones que la historia les reclamará. Harían bien en recordarlo para que no vengan otros y lo recuerden a la fuerza.
Como dijo el maestro Keynes en un famoso brindis hace ya muchos años:”quiero brindar por la economía y los economistas, quienes son depositarios no de la civilización sino de la posibilidad de civilización

© José L. Calvo y José A. Martínez, 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

La soledad de los números primos: recesión de la economía, no depresión de un país

Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo.

En la novela escrita por el joven físico teórico Paolo Giordano, ganador del Premio Strega, se habla de dos personas que a través del tiempo desarrollan una amistad muy peculiar, derivada de la soledad de ambos: «En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.»
Es innegable que la situación económica española es complicada, muy complicada. El mismo Banco de España augura una recesión de un 1,5% del PIB para este año; la Directora Gerente del FMI alerta de riesgo de insolvencia de nuestra economía y pronostica un crecimiento negativo (-1,7% del PIB) para el 2012; y tanto el Gobierno como la oposición se esfuerzan, cada vez que tienen ocasión, en presentarnos el panorama más sombrío posible… Pero no hacen falta todos estos mensajes para confirmar lo que percibimos día a día en la calle: locales comerciales cerrados, bares y tiendas vacías aún en rebajas, etc. Una economía en recesión.
No obstante,  lo que las autoridades nacionales e internacionales están olvidando es un principio muy importante en el funcionamiento de la economía –desde la académica a la real- en los últimos tiempos: los agentes económicos no solo son racionales sino también emocionales. Por eso Keynes hablaba de los “Animal Spirits”. Dicho en términos que lo entendamos todos, está bien poner los números sobre la mesa, es muy importante saber dónde estamos y el déficit que tenemos que reducir; pero a estas a alturas tan importante como eso es evitar los mensajes derrotistas, la imagen de que somos un país vencido, incapaz de salir hacia delante, de que no hay una luz al final del túnel. Si ese sigue siendo el mensaje pasaremos a ser una economía en depresión. Y se sale mucho peor de la depresión que de la recesión.
Es cierto que habrá que tomar medidas dirigidas a controlar el déficit (aunque nuestra deuda pública es de las menores de la eurozona) pero eso no quiere decir que eso sea lo prioritario. La prioridad es el diseño de políticas dirigidas a la creación de empleo. Si el gobierno no entiende esto, se habrá equivocado.
Van a ser necesarias medidas duras, muy duras, de ajuste. Vamos a tener que renunciar a vivir en El Dorado como hicimos en los últimos quince años. Nuestro nivel de vida se reducirá y deberemos olvidarnos de cambiar de coche cada cuatro años, de tener casa en la ciudad, la playa y el campo; dejaremos de ser los give me two… Pero a diferencia de los seres humanos, las naciones son prácticamente eternas. Fuimos un puñado de pastores conquistados por un imperio y renacimos; creamos nuestro propio imperio y lo hundimos. Salimos hace poco de una dictadura y tenemos una saludable democracia... Hemos pasado penalidades y nos hemos recuperado.
Imaginen a un deportista al que se le diagnostica una grave lesión que puede acabar con su carrera. Si cae en una actitud derrotista y entreguista no se recuperará jamás. Si, por el contrario, reacciona, lucha y no le pone tiempo (ni plazos) a su recuperación, esa sola actitud positiva será la clave de su recuperación. Habrá luchado por recuperar su vida y, aunque a lo mejor no vuelva a ser el que era, estará mucho mejor que si se hubiese “entregado”. Erradiquemos la economía triste y luchemos con confianza e ilusión.
Y hay datos objetivos que nos permiten sostener esa afirmación: 9 millones de pensionistas cuya capacidad adquisitiva no ha variado desde antes de la crisis; 3 millones de funcionarios que mantienen el 95% de su poder de compra; una economía sumergida del 20% del PIB que permite afirmar que los datos reales no son tan negativos como los oficiales, un sector exterior en expansión, el turismo recuperándose… ¿Por qué no nos basamos en esos datos en lugar de en previsiones continuamente pesimistas? ¿Por qué en vez de quejarnos no miramos hacia quienes han sabido superar dificultades mayores? Japón, la tercera economía del mundo, superó la segunda guerra mundial –bombas atómicas de Hirosima y Nagasaki incluidas-, ha sufrido un desastre natural brutal… y ahí están, con un cinco por ciento de paro y una economía megadesarrollada tecnológicamente. Emulemos lo que funciona.
A  partir de ahora de nuestros labios no oiréis más quejas. Este blog seguirá en su actitud de ofrecer soluciones económicas a la crisis. Porque estamos seguros no solo de que se puede salir de ella, sino de que España será, dentro de cinco o diez años, un mejor país para vivir. Pero eso hay que quererlo y merecerlo. No es gratis. Y un recordatorio a nuestros políticos: ¡estamos en recesión, sí, pero no en depresión! Entiéndanlo y sean leales con nuestros sueños y nuestros ideales.

© José A. Martínez y  José L. Calvo, 2012. No citar sin autorización expresa.

miércoles, 25 de enero de 2012

Decálogo para una nueva Ley de Estabilidad Presupuestaria

Sé rápido como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos, veloz como el relámpago que relumbra antes de haber podido pestañear

Es reconfortante la celeridad con que el nuevo gobierno se ha lanzado a realizar propuestas para sacar a nuestro país de la crisis, o por lo menos, para hacerla frente con realismo. Es más que probable que no vayamos a estar de acuerdo con muchas de ellas, sobre todo si como en el caso del IRPF se hace caer la imposición sobre los de siempre, las rentas del trabajo, y se olvida a las rentas de capital. Pero por lo menos hemos salido de ese impasse de los últimos años que impuso a nuestra economía la incapacidad/indecisión del gobierno Zapatero.
Y desde luego una con la que estamos plenamente en consonancia es la que el Ministro de Hacienda presentará en los próximos días: la "Ley de Estabilidad Presupuestaria que compromete a todas las Administraciones públicas al equilibrio presupuestario y a la sostenibilidad de los presupuestos públicos" (Cristóbal Montoro). El Ministro ha propuesto la convocatoria de una reunión de la Comisión Nacional de Administraciones Locales para dar cuenta del anteproyecto de ley, para posteriormente llevarlo al Consejo de Ministros. Como él mismo señala "es una reforma urgente para España".
¿Qué tiene de nuevo esta Ley de Estabilidad Presupuestaria? Y, sobre todo ¿qué debería tener? A continuación proponemos un decálogo de mínimos que, a nuestro juicio, debería incluir la Ley para que contribuya a sacar a España de la situación de crisis. El Gobierno ha apuntado ya algunas líneas de la nueva Ley, nosotros proponemos algunas más.
1º) la Ley debería contemplar sanciones para los incumplidores de los objetivos fijados. Algunos políticos han puesto “el grito en el cielo” ante la posibilidad de afrontar responsabilidades, incluidas las penales, por el incumplimiento de los objetivos de déficit. Pero después de los desmanes que hemos comprobado en la gestión del dinero público por políticos de todos los signos, la primera señal de que se va a actuar con rigor debe ser esta. Si en una empresa no se puede elaborar un presupuesto de gasto sin tener un presupuesto de ingresos realista y, sobre todo, un plan de amortización, no vemos por qué debe ser posible hacerlo en una Administración. Y si  el gestor privado puede tener responsabilidades por malversación de fondos, igual debe suceder en el sector público. 
2º) Debe haber mecanismos instrumentalizados por el Gobierno para que las autonomías tengan liquidez (una línea de crédito del Instituto de Crédito Oficial- ICO- para pagar a los proveedores reales, a los que realmente se les debe dinero), o la creación de un Fondo Presupuestario Anticíclico (FPA) para el mismo fin. Y las Administraciones que tengan problemas de liquidez "muy agudos" a corto plazo deben ser ayudadas por el Gobierno. Pero una condición sine qua non ha de ser la de cumplir los criterios de convergencia fiscal.
3ª) Podría llegarse a una intervención temporal de algunas Administraciones utilizando los mismos criterios que en la UE. "No tenemos que ser ni más laxos ni menos estrictos" que la Unión Europea ha dicho el Ministro Montoro.
4º) Aplazamiento a  diez años de la devolución del dinero que las CCAA deben a Hacienda con el objetivo de facilitar su viabilidad financiera. Nuevamente condicionado a una aplicación estricta de los criterios de convergencia.
5º) Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con el Gobierno del estado, deberán fijar un techo de gasto antes de elaborar sus Presupuestos y no podrán incumplir ese compromiso: criterio de convergencia en Déficit.
6º) Las Comunidades Autónomas tendrán un límite de endeudamiento, que se situará en el 60% del PIB de la comunidad: criterio de convergencia en Deuda.
7º) Aquellas CCAA que no cumplan, podrán ser sancionadas dependiendo de la magnitud y la reiteración de los desvíos. Las sanciones serán, en primer lugar, económicas, pero podrían llegar a ser políticas.
8º) Se debería coordinar un Presupuesto Base Cero (PBC) para instrumentar tanto el presupuesto de las CCAA como el de la Administración Central o Entidades Locales.
9º) El objetivo fundamental del Presupuesto y de la política fiscal y presupuestaria, en definitiva, de la política económica, debe ser el crecimiento económico. Pero para ello se debe partir del equilibrio presupuestario.
10º) Cumplimiento de los compromisos acordados ya con nuestros socios europeos, con el objetivo de generar la confianza internacional suficiente para evitar los problemas de deuda. Si bien, y como primero señaló el Ministro Montoro, sin crecimiento es bastante difícil lograr esos objetivos, por lo que podrían ser renegociados.
No obstante, y esto es también muy importante e incidiremos sobre ello en los próximos posts, el Gobierno debe entender y debe hacer ver a sus socios europeos que para controlar el déficit es preciso crecer económicamente. Esta condición  es a priori, no a posteriori. El único instrumento (de soberanía político-económica) que le resta al Gobierno es la política fiscal y presupuestaria. Utilicémosla con inteligencia: para estimular el crecimiento, evitar la depresión (psicológica) económica en el consumidor y fomentar un aumento de la demanda privada (gasto familias + inversión bruta) que evite entrar en recesión.
Hay que actuar rápido como dice nuestro general, como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos. Gran parte de las instituciones dan por descontada una recesión en España en este año. Hay que tratar de paliar sus efectos lo más rápidamente posible, ya que si no podremos entrar de lleno en círculo vicioso de muy difícil salida, similar al de Grecia o Portugal e Italia. El Gobierno debe transmitir seriedad, confianza y capacidad. La Ley de Estabilidad Presupuestaria es un gran primer paso en esa dirección.
© José A. Martínez y José L. Calvo

jueves, 15 de diciembre de 2011

La senda del tiempo: una oportunidad que no podemos dejar pasar

He buscado en los desiertos de la tierra del dolor y no he hallado mas respuesta que espejismos de ilusión. He hablado con las montañas de la desesperación y su respuesta era solo el eco sordo de mi  voz”. (Celtas Cortos)
A Pepe Collado, in memoriam.

Fue en 2004 cuando un exultante presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero manifestaba que iba a hacer, nada menos que “la segunda transición”. Ocho años después descubrimos que uno de los problemas a los que se enfrenta nuestra economía, y concretamente la consecución del objetivo del déficit, es el incumplimiento de uno de los aspectos de esa promesa: la reforma de la Administración estatal y la finalización del modelo autonómico; esto es, una solución al problema de las duplicidades en los gastos por la provisión de bienes y servicios públicos que se dan al mismo tiempo en otros niveles estatales.
Uno de los líderes europeos más inteligentes de su generación es el liberal Nick Clegg, viceprimer ministro de Reino Unido, que en su visita hace unos días a Mariano Rajoy insistía en que había que explicar todas las decisiones a los ciudadanos y hacer un esfuerzo porque la gente comprendiera la crisis y las medidas de los gobiernos respecto a las reformas. El eje Merkozy: la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy adelantaron hace diez días (5 de diciembre de 2011) las grandes líneas que proponen para la creación –esta vez sí que parece de verdad- de Europa con la modificación de los Tratados al menos a 17: la implantación de la regla de oro en los presupuestos de los países miembros, lo que se traduce en la introducción de una férrea disciplina fiscal. Y así se plasmó en la última cumbre europea que acabó “como el rosario de la aurora” con el Reino Unido saliendo a la carrera de donde nunca había estado (ni va  a estar), de la eurozona. Con todo lo que ello implica.
La reforma constitucional española de septiembre de 2011 refleja en su artículo 135.2 que “El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.”, lo que en definitiva supone que nos hemos adelantado a lo que reclama el gobierno bicéfalo de la UE. Además, el futuro presidente, Mariano Rajoy, ha afirmado que España quiere estar en la primera línea de los países que integren ese núcleo duro de la Unión. Cosa nada fácil.
Aunque a primera vista pueda no parecer tan claro, la propuesta franco-alemana es una gran oportunidad para nuestro país. Y ello por, al menos, dos motivos: en primer lugar porque renunciar ahora a formar parte de ese grupo supondría abandonar el euro y el proyecto europeo, lo que nos descolgaría del tren de la modernidad para el presente siglo; y en segundo lugar, y tan importante como el primer punto, porque nos permitiría llevar a cabo esa segunda transición y cerrar el modelo autonómico. Y esta es, creemos nosotros, la gran ocasión para que España solucione el eterno problema autonómico. Hemos dicho muchas veces que las crisis son una oportunidad y esta lo es. El llamado Estado de las Autonomías pudo tener sentido en aquellos años de la transición, ahora no. Es un lujo que no nos podemos permitir.
Sucede que a  lo largo de los 35 años de democracia la administración pública ha ido creciendo sobre un modelo que podríamos denominar de acumulación de instituciones. A las ya vigentes durante el franquismo se sumaron las autonómicas, locales… de forma que una misma competencia ha llegado a tener hasta cuatro administraciones que la regulan. Si a eso sumamos que los máximos dirigentes de cada administración han actuado como auténticos reyes de taifas, gastando a su voluntad sin un control conjunto, el resultado salta a la vista cuando la economía comienza a decrecer: hay autonomías y ayuntamientos en España en bancarrota porque sus regidores se han gastado, de manera totalmente inconsciente, un dinero que no tenían. La regla de oro presupuestaria que Merkel y Sarkozy quieren aplicar a los países de la zona euro debe extenderse a todas las Administraciones españolas, como indica nuestro artículo 135.2 de la Constitución. En esa medida, aplaudimos la iniciativa del presidente Rajoy de exigir su cumplimiento a las CC.AA. regidas por el PP, pero también creemos que debe ser muy firme en sus negociaciones con los nacionalistas catalanes y vascos para que estos se sumen, sin ninguna restricción, a su cumplimiento. Vamos a ver, se debe elaborar una Ley de Estabilidad Presupuestaria de obligado cumplimiento para todos los niveles administrativos del Estado. Así de claro. Empezando con un Presupuesto Base Cero. Se deben lograr los objetivos, pero al mínimo coste: con eficiencia y eficacia.
Es evidente que la próxima legislatura va a ser muy dura para los españoles. Vamos a vivir un período de ajustes en el que nuestra capacidad adquisitiva –la de todos- va a verse mermada. Pero hemos de ser conscientes de la necesidad del ajuste en beneficio de un futuro mejor, integrados plenamente en Europa. Siendo un país de primera división. Pero para que los  españoles admitamos ese sacrificio se deben cumplir, a nuestro juicio, al menos una premisa: el Sr. Rajoy, en su  discurso de investidura, debe ser valiente y realista. Debe olvidarse de generalidades y explicar muy  claramente a los españoles cuál es la situación y cuáles son las medidas que va a adoptar en beneficio de toda la sociedad. Debe involucrar a todos los españoles en un proyecto nuevo: en la salida de la crisis. No tiene nada que perder y mucho que ganar ya que los españoles le hemos pedido  que nuestro país esté en el lugar que le corresponde y, para ello,  le hemos dado un mandato claro: haz lo que sea necesario, pero queremos ser europeos de primera fila.
Las políticas de rigor presupuestario son una condición necesaria, pero no suficiente, para abandonar esta crisis. La austeridad sola no es la panacea. Hay que promover, además, la confianza y la ilusión en los ciudadanos. Y hay que hacer políticas económicas de estímulo de la demanda que favorezcan el crecimiento. El paro debe reducirse obligatoriamente en el primer año de mandato. El paro es nuestro principal desafío. Logremos esos objetivos. Intentémoslo.
Para eso hay que explicar las cosas y tener un mismo fin común y ser leales a esas metas, por difíciles que sean.  Pero para eso debemos estar unidos. E pluribus unum.
Y una última cosa. Los primeros que deben dar ejemplo de austeridad, de rigor y unidad han de ser los propios políticos.
© José L. Calvo y José A. Martínez.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Los retos económicos del nuevo Presidente

Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan. Maestro Sun.
Sangre, sudor y lágrimas. Winston Churchill


España está sufriendo intensamente los efectos de la crisis. Con cinco millones de parados, un déficit público que mucho nos tememos va a estar bastante por encima de lo previsto por el gobierno saliente, con una deuda situada ya cerca del 80% del PIB y una prima de riesgo muy superior a la tasa de crecimiento de la economía, lo que la convierte en explosiva, la labor que tiene que acometer el gobierno elegido el 20N es gigantesca. Numerosas son las tareas y reformas que deberá realizar. Nosotros desde aquí sólo queremos señalar algunas y mostrar el camino que, a nuestro juicio, debe seguir.
Antes que nada, antes de comenzar a realizar ninguna reforma, el Presidente entrante debe  transmitir a la sociedad un mensaje de serenidad, ilusión y confianza. Debe dejar claro que con el esfuerzo y la colaboración de todos y cada uno de los españoles el futuro va a ser mucho mejor que el presente. Es cierto que a corto plazo la única oferta posible es la de Churchill –sangre, sudor y lágrimas- pero al igual que ocurrió en la SGM, el esfuerzo nos permitirá ganar la guerra contra el paro y volver a la senda de crecimiento.  Eso debe quedar meridianamente claro desde el principio para evitar el pesimismo en el que hoy estamos sumergidos.
Y en cuanto a las reformas, la primera y principal es la reforma del mercado de trabajo. Las reglas del juego en el modelo capitalista son claras: quienes crean empleo son los empresarios. Sin ellos no hay ninguna posibilidad de reducir el paro. Por ese motivo hay que facilitarles su tarea. En esa medida, creemos necesario un nuevo tipo de contrato laboral único que, ayudando a las PYMES y emprendedores, les libere de los costes de la Seguridad Social al contratar los primeros cuatro empleados –recordemos que el tamaño medio de la empresa española es de menos de cinco trabajadores-. Contrato que llegaría a ser indefinido al cabo de tres años, período en el que se podría comprobar la viabilidad del proyecto empresarial y la obtención de beneficios.
Un segundo elemento de mejora consiste en la reforma de las administraciones públicas, eliminado duplicidades. Administración central, autonómica y local deben sentarse y redefinir su modelo de relaciones: si una de ellas tiene una competencia ninguna otra debe asumir esa misma actividad. Es igual el modelo que pacten: federal, confederal, centralizado…pero es fundamental finalizar el proceso de descentralización de las administraciones que lleva casi treinta años de “negociación”. Ah!, y los ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes deben agruparse en mancomunidades (es ilógico que España tenga el doble de ayuntamientos que Alemania con la mitad de la población).
España tiene una economía sumergida de más del 20% de su PIB (200.000 millones de euros) lo que es una situación improductiva y despilfarradora de recursos interesantes para la Hacienda Pública. Utilicémoslos con eficiencia y eficacia. Que afloren esos recursos. Y con toda seguridad la subida de los impuestos indirectos no favorecerá ese afloramiento.
Debemos ser tremendamente ambiciosos en la imagen que proyectemos al exterior. Debe ser una imagen de país moderno, que posee una tecnología competitiva. Debemos emular el ejemplo de aquellos países que se desarrollan adaptándose a los cambios. El secreto de China, Japón, Corea del Sur y los emergentes es tener claro su modelo de crecimiento. El camino de la industria, tecnología, investigación y desarrollo científico es el adecuado para ser más competitivos. La cooperación entre la Universidad y las empresas privadas a la manera americana, el patrocinio de las investigaciones, la alianza con naciones que posibiliten el intercambio de conocimientos es clave para situar a España en el siglo XXI. El modelo de España no puede ser sólo terciario o basarse en el sector turístico. Debe ser tecnológico. Se debe invertir realmente en educación e investigación y potenciar nuestro desarrollo humano  y el avance científico en todas las áreas.
España debe establecer nuevos y amplios acuerdos preferenciales de intercambio comercial, técnico, cultural y universitario con América Latina. Independientemente de lo que hagan otros socios europeos. Eso es clave para nuestro sector exterior y para dar salida a nuestras exportaciones.
Se debe establecer un gran Plan de Política Económica (PPE) para España, con objetivos e instrumentos adecuados para lograrlos y, sobre todo, basado en un gran pacto nacional. Hay que volver al escenario de los Pactos de la Moncloa y del consenso porque la situación lo requiere. Hay que huir de los extremos y estar centrados en la toma de decisiones económicas: eso quiere decir ser prudentes y hábiles y hacer cosas que otros países no hacen. Ser diferentes para ser mejores. Los remedios económicos al uso no valen en esta crisis. Ni en este escenario internacional mutante, donde los amigos y los enemigos mutan, donde las reglas del juego son las del  todo vale.
Los bancos tienen miedo: el crédito no fluye porque no se prestan en el interbancario. No se fían unos de otros. Pero no lo hacen porque nadie sabe donde está el contagio del negocio. La parte comercial y la tóxica. Eso debe arreglarlo España inmediatamente. Separar en los bancos, el negocio comercial del de inversión. Establecer cortafuegos claros que impidan la exposición al riesgo. Los bancos de inversión no pueden estar mezclados con los comerciales. Y a partir de ahí volverá el crédito, se quitarán las restricciones y se animará la economía.
Finalmente, España tiene en su Constitución el compromiso de lograr el equilibrio presupuestario: pero lo debe tener en su ADN. Debemos ir más allá y creer en la regla de oro presupuestaria.  Y eso no quiere decir renunciar a los logros del estado del Bienestar. Antes bien, significa hacerlos posibles. Y garantizarlos. Y significa hacer inversiones (pero sólo las productivas) públicas que produzcan externalidades positivas: es decir, efectos económicos a terceros, efectivos para la población española, generadores de crecimiento, riqueza y capital humano. El Fondo Presupuestario Contracíclico (FPC) no lo tiene ningún país en este momento.
Como ya hemos dicho, la tarea a la que se enfrenta el señor Rajoy es ingente. Y como el general Sun necesita tomarse tiempo en la planificación y coordinación. Pero todavía queda un mes para ser investido como Presidente del Gobierno,  tiempo en el que deberá concretar sus planes económicos, estructurar su equipo y formalizar una estrategia clara, precisa y contundente de política económica. Que España se recupere puede parecer difícil. Pero veamos cómo está la situación de los EEUU: según datos de la CBO ,la Oficina de Presupuestos del Congreso y del FMI, el déficit público americano supera ampliamente el 10% del PIB y tiene una deuda pública de más del 90% del PIB, más de 14 billones de dólares. España que partía del 9,3% en el cierre de 2010 está alrededor del 7% y su deuda es más de 20 puntos menos. Parece que la economía estadounidense entrará en recesión con motivo del desacuerdo en el Thanksgiving. Sin embargo, Obama no ha parado de señalar a la eurozona y al euro como culpables de la crisis, cuando esta surge en EEUU y se recrudece por los costes del rescate a la banca. ¿Hay maniobras de distracción americanas hacia Europa?

© José A. Martínez, 2011.