lunes, 29 de junio de 2009

La parábola de la Caja de Ahorros pródiga

Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse a los que se agitan, esto es dominar el corazón.
El viernes 19 de junio de 2009 el Consejo de Ministros aprobó una dotación máxima de 90.000 millones de euros (la dotación inicial son 9000 millones) para el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). El objetivo es reorganizar el Sistema Financiero español dado que algunas entidades, fundamentalmente Cajas de Ahorros, están atravesando graves dificultades. Hasta aquí todos conformes si no nos hacemos algunas preguntas como las siguientes: ¿es preciso salvar el Sistema Financiero?, de serlo ¿es esta la medida adecuada? Y si respondemos afirmativamente a estas dos preguntas nos quedan aún otras dos más: ¿por qué este comportamiento asimétrico salvando a unas empresas, los Bancos y Cajas no son en definitiva más que empresas, y dejando caer a otras y a particulares? Y, por último, ¿alguien va a responder de las graves irresponsabilidades cometidas en esas instituciones financieras?
Vayamos por partes. La respuesta a la primera pregunta es evidente: cualquier economía desarrollada necesita un sistema financiero solvente para funcionar. Es imposible, salvo que volviésemos a una economía de trueque, llevar a cabo los intercambios que regulan la economía capitalista sin mantener un sistema financiero cuya misión es precisamente la intermediación entre los que poseen recursos y los que los necesitan. Así que, en ese sentido, nada que objetar, salvemos el Sistema.
La segunda de las preguntas formuladas requiere una contestación muy matizada, ya que el gobierno podría haber optado por multitud de soluciones. Una es, lógicamente, la que ha adoptado, prestarle dinero público, es decir de todos, a unas instituciones que lo utilizarán para sanear sus balances –privados- y luego probablemente para volver a su negocio inicial, vendérselo a usted y a nosotros –nunca prestar y si no miren la definición de este término en el Diccionario de la Real Academia- muy caro. El gobierno podría también haber optado por otra un poco más radical y probablemente más socialista y eficiente, que ya an puesto en práctica en Estados Unidos y el Reino Unido: nacionalizar las entidades financieras en dificultades a partir de su situación de balance actual y crear una banca pública que incluso una vez saneada podría haber sido vendida nuevamente al sector privado. Eso habría estado más en consonancia con el origen del dinero, público, pudiéndose haber obtenido incluso un beneficio a medio y largo plazo. Y entre medias hay toda una pléyade de soluciones que se podrían haber aceptado.
Porque, y este es el quid de la cuestión que hace que los ciudadanos contemplemos con estupor la actitud del gobierno, la situación es totalmente asimétrica. Si es usted un empresario/particular que en la época de las vacas gordas y el dinero fácil decidió acometer inversiones arriesgadas ahora debe hacer frente a su locura y pagar sus deudas o bien perder el negocio/casa. Pero si es usted una entidad financiera, y en concreto una Caja de Ahorros, no se preocupe, su negocio está a salvo porque entre todos, con los 90.000 millones, vamos a pagar su nefasta gestión económica. Dicho con un ejemplo, si usted compró una casa por valor de 300.000 euros financiada en su totalidad por una Caja de Ahorros y ahora solo vale 250.000 nada le ha cambiado, porque usted debe seguir asumiendo su deuda total. Pero la Caja no, la Caja puede descontar esa operación fallida y acudir al dinero público para solventarla.
Y llegamos así a la última de las preguntas. Las Cajas de Ahorro en España tienen una morosidad más elevada que los Bancos (5,05 frente a 3,85) debida a su alta relación con el sector inmobiliario. Además, son entidades que no se rigen exactamente por los criterios de buena gestión económica, obtención de beneficios, sino que tienen un componente social y político muy importante. Y si bien en una empresa la dirección responde de sus actos ante los accionistas, en las Cajas de Ahorros parecen no responder ante nadie. Y nosotros nos preguntamos: ¿ante quién responden los directivos poco eficientes de las Cajas problemáticas?, ¿cómo justificarán los elevados sueldos que tienen?, ¿qué grado de responsabilidad deben asumir en el desarrollo de la crisis en España? Porque si se justifica el empleo de dinero público para el rescate de las entidades con dificultades, habrá que exigir, como ha hecho el Presidente Obama, una respuesta clara a estas preguntas. ¿Lo hará aquí también el Sr. Zapatero?
De hecho uno de los grandes caballos de batalla del FROB era conseguir una profesionalización de la actividad de las Cajas que supusiera la salida, o al menos una pérdida sustancial de poder, de los representantes políticos en sus Consejos de Administración. Esta batalla la ha perdido el gobierno, principalmente contra dos de las autonomías en las que gobierna, Andalucía y Cataluña.
Y es que, al final, las Cajas de Ahorros van a ser como el hijo pródigo de la parábola: una vez dilapidada su fortuna retornan al hogar donde el padre le devuelve todos los bienes que ha malgastado. Eso sí, a costa del otro hijo que se quedó en casa, y al que se le debió quedar la misma cara de tonto con la que nos hemos quedado todos los españoles que seguimos teniendo que pagar religiosamente nuestra hipoteca cada mes. O como dice Jesucristo en el Evangelio de Mateo: “Al que tiene se le dará y al que no tiene por eso mismo se le quitará”. Definición afortunada que ha tenido notable reflejo en la literatura económica sobre redistribución de la renta, el Efecto Mateo, y que el gobierno socialista está aplicando a rajatabla.

© J. A. Martínez y J. L. Calvo

jueves, 11 de junio de 2009

La esperanza es verde...

Y así es como de tres maneras el soberano acarrea la adversidad al ejército: No saber que el ejército es incapaz de avanzar y, sin embargo, ordenar el avance. No saber que el ejército es incapaz de retirarse y, sin embargo, ordenar la retirada. Esto es lo que se entiende por “poner trabas al ejército”.
En los últimos días estamos asistiendo a un debate que muestra tanto las esperanzas –en positivo y negativo- como la altura intelectual del discurso de los dirigentes de las dos grandes formaciones políticas españolas. Mientras que el gobierno se esfuerza en ver signos de que la crisis está remitiendo en los brotes verdes que surgen en Estados Unidos y en los últimos datos del paro, la oposición niega esa recuperación sin introducir prácticamente argumentos, asumiendo que la mejoría va en contra de sus intereses; y mientras el Ministro de Industria afirma que la oposición solo ve verdes los billetes –en referencia suponemos al dólar y no al euro- el PP de Madrid afirma que el gobierno se fuma los brotes verdes, -haciendo alusión a que “está fumao”-.
Pero lo realmente relevante del análisis de ese verdor no es tanto si se está produciendo sino si es realmente el síntoma de la salida de la crisis y de cuál ha de ser la actitud ante esa posibilidad. Para empezar hemos de decir que los síntomas de una recuperación verdadera se están dando en Estados Unidos, pero no son ni mucho menos claros en Europa y España. Porque si bien es cierto que la economía española ha creado empleo en el último mes y los indicadores de la confianza de los consumidores mejoran, no lo es menos que el coste de dicha creación es muy elevado: un déficit público que en tan solo un año se ha situado en el 8 por ciento. No parece posible seguir creando puestos de trabajo si la única política que se aplica para ello son obras públicas que además no suponen inversión sino gasto corriente.
Además, a nuestro país le faltan todavía al menos dos vueltas de tuerca de la actual crisis: la recapitalización de algunas cajas de ahorros, para las que el gobierno ya está aportando dinero de todos con el consiguiente malestar entre los ciudadanos que ven cómo a algunas entidades financieras se les perdona su actuación irresponsable previa a la crisis; y la reducción de los ingresos por turismo que lógicamente se producirá en el verano, derivada de los ajustes que se están realizando en los países que son el origen de nuestros visitantes.
Pero lo más preocupante, a nuestro juicio, es la actitud que está adoptando el gobierno. Con ese optimismo ya tradicional el Sr. Zapatero y sus ministros parecen haber dado la crisis por prácticamente finiquitada. Y esto parece indicar que para ellos los ajustes que tanto se han demandado por todos los sectores ya no son necesarios. El presidente y su equipo están adoptando lo que ya antes hemos denominado la estrategia del surfista: esperar a que la ola de recuperación proveniente del exterior –Estados Unidos o Europa- nos lance hacia una nueva senda de crecimiento. Y mientras tanto no cambiar nada, simplemente mantenerse a flote.
Esa es una actitud irresponsable. Como hemos manifestado varias veces, lo importante de esta crisis no es tanto cuándo se salga sino cómo se haga. El modelo de crecimiento económico español basado en el ladrillo está agotado; el déficit público tiene un límite ligado a su sostenibilidad al que prácticamente ya hemos llegado; nuestro mercado de trabajo presenta una estructura arcaica y excesivamente rígida, y la inversión en capital humano, innovación, TICs y nuevas tecnologías es insuficiente. Esas son realidades a las que hay que hacer frente si queremos tener una posición sólida en el nuevo concierto económico que surgirá tras la crisis.
De acuerdo, hay síntomas de esperanza. Pero esos brotes hay que regarlos porque no crecerán solos. Esperemos que el gobierno no caiga en la trampa de ver la botella medio llena. Porque si no es probable que se cumpla un viejo dicho: la esperanza era verde...y se la comió un burro.

© J. L. Calvo y J. A. Martínez

jueves, 4 de junio de 2009

Lecciones de economía del F.C. Barcelona

Aquél que es el primero en tomar posición en el campo de batalla y espera al enemigo se siente cómodo. Aquél que es el último en tomar posición en el campo de batalla y se apresura a pelear, se agota.
El miércoles 27 de mayo el F.C. Barcelona completaba un hito histórico consiguiendo por primera vez en nuestro país la victoria en las tres competiciones en las que ha participado: liga, Copa del Rey y Copa de Europa. Ese día sus jugadores levantaban en Roma la copa que les acreditaba como el mejor equipo europeo, recibiendo las felicitaciones de todos los amantes del fútbol.
Dentro de los comentarios deportivos que se han realizado en estos días sobre este triunfo barcelonista hay un dato que si bien se ha destacado creo que no se ha analizado en profundidad: el hecho de que esta victoria sea el resultado de una política de club perfectamente estructurada y planificada. Una política de la que se puede aprender mucho, y cuyos conceptos pueden ser fácilmente trasladados a la crisis económica actual. Y que dicho sea de paso es diametralmente opuesta a la de su eterno rival, el Real Madrid. Analizaré brevemente ambas.
El día 27 hasta nueve canteranos (ocho del propio Barcelona y uno del Real Madrid) levantaban la copa de la Liga de Campeones. A los que habría que sumar un entrenador también surgido de la Masía. En una competición donde priman las estrellas que se importan desde diferentes países, la columna vertebral del equipo campeón ha surgido dentro de la propia entidad a través de una política de planificación de medio y largo plazo. Política que puede ser traducida en términos económicos como de acumulación de capital humano (de capital futbolístico sería más preciso) surgida de una inversión continuada en formación. Si a ello se suma una gestión eficiente de los recursos, con compras muy selectivas de jugadores, nos encontramos con lo que todos desearíamos tanto para una entidad deportiva como para una empresa o un país: una economía saneada y la máxima competitividad. Que conste que esta política no es nueva y la llevan haciendo las universidades estadounidenses en sus programas de postgrado casi desde su comienzo, pero sorprende en una entidad futbolística más aún en el estado español.
¿Qué ocurre en la acera de enfrente, en la casa del eterno rival? Justo todo lo contrario. El Real Madrid, que también posee una cantera propia, vive acosado por la necesidad de obtener resultados a corto plazo y utiliza permanentemente una política que podríamos denominar de abrir la billetera. No planifica más allá de una temporada, por lo que cada año debe acudir al mercado en busca de los mejores futbolistas para hacer frente a las demandas de títulos de sus socios. Y con esta política esos resultados solo se pueden conseguir de una forma, pagándolos. Así, vemos todos los años los fuertes desembolsos que realiza. Es lo que podríamos llamar una política económica de gasto corriente a corto plazo. ¿Ven el símil entre el Plan E y la llegada de Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid? Dinero fácil y fácilmente gastable en bienes/jugadores a veces innecesarios. Y ¿qué ocurre con la cantera madridista? Pues que esta política les deja sin hueco en el equipo y se produce una fuga de cerebros hacia otros donde puedan demostrar su valía. En definitiva, falta de previsión, dinero dedicado a formación/cantera derrochado y exceso de recursos gastados en la compra de cracks que se traduce en un elevado déficit económico.
El Presidente del Gobierno es un declarado culé. Pero parece serlo solo en los sentimientos, ya que en su comportamiento como gestor económico es manifiestamente madridista: porque en vez planificar a medio y largo plazo una salida de la crisis con un nuevo modelo creíble de crecimiento económico –los modelos no se establecen por ley- vive inmerso en la necesidad de aplicar políticas de corto plazo.
Sr. Zapatero, mi consejo es sencillo: despida a un buen número de sus asesores y contrate para definir la política económica española a las personas que gestionan los presupuestos y la cantera del Barcelona. Es probable que la economía no se recupere tan rápidamente como desea y pase algunas temporadas deambulando en la “zona media” de la tabla de clasificación europea. Pero con una política dedicada a la formación, a la creación de capital humano, a la utilización eficiente de las TICs y la innovación es más que probable que en unos años nos situemos dentro del grupo de cabeza y que incluso podamos llegar a ser una auténtica potencia económica. Pero si insiste en gastar sin dirección, en incrementar el déficit hasta límites difícilmente sostenibles, en no resolver los auténticos problemas de competitividad acometiendo las reformas estructurales que desde todos los foros se reclaman, en definitiva si sigue afrontando la crisis con políticas de corto plazo será imposible situarnos dentro del grupo de países que dirigen la economía mundial. Usted elige, o el Barcelona o el Real Madrid, pero mire qué diferente situación viven ambos.
Mi enhorabuena al F. C. Barcelona y mi agradecimiento por el año de fútbol que nos ha hecho disfrutar. Y que conste que yo soy del Atleti.
© J. L. Calvo

martes, 26 de mayo de 2009

Las pensiones en España y la financiación pública de las herencias

El sabio general busca alimento en el enemigo. Un barril de comida del enemigo equivale a veinte barriles de los propios. Un fardo de forraje del enemigo equivale a veinte fardos del propio.

Las pensiones públicas han saltado al terreno de la discusión político-económica en las últimas semanas. Primero fue el Gobernador del Banco de España el que señaló la necesidad de modificar el actual sistema. A sus comentarios le respondió, airadamente, el Ministro de Trabajo. Posteriormente se añadieron a la polémica nuevos políticos, economistas e incluso empresarios. Pero ¿qué hay realmente detrás de este debate?
En primer lugar, es difícil que alguien discuta la necesidad de una modificación del actual sistema de pensiones. Aunque sea por simple lógica matemática, el aumento de la esperanza de vida junto con el mantenimiento de la edad de jubilación han hecho que aumente muy sustancialmente su coste. Como decimos, en este caso la lógica es aplastante: si antes el español medio se jubilaba a los 65 años y vivía hasta los 70 (5 cobrando la jubilación) ahora se jubila a la misma edad pero su esperanza de vida ha llegado hasta los 85 (20 años cobrando). Esto supone un doble incremento: el de las personas a las que hay que pagar una pensión y el del período por el que la cobran. Insostenible salvo que la población ocupada crezca en la misma proporción, algo que no está teniendo lugar. Es por ello que incluso desde el propio Ministerio de Trabajo han surgido propuestas que tratan de ligar la edad de jubilación y la esperanza de vida, o la jubilación voluntaria en algunas profesiones.
Pero hay otro argumento que justifica la reforma y que no ha sido empleado en esta discusión: el actual sistema de pensiones permite a los jubilados vivir sin afectar a su patrimonio. Dicho clara y llanamente, las constantes demandas de mejora de las pensiones pretenden que estas cubran una calidad de vida aceptable sin que los jubilados hagan uso de sus recursos privados, que intentan que pasen íntegros a sus herederos. Es decir, en muchos casos lo que se está demandando es una financiación pública de las herencias privadas. Lo que supone una absoluta contradicción con la racionalidad económica y con lo que sucede en nuestro entorno.
Según la Teoría del Ciclo Vital de Franco Modigliani (1918-2003,) Premio Nobel de Economía en 1985, los ahorros de los individuos son los que posibilitan que estos mantengan una corriente de consumo estable. Para este autor los ingresos presentan una forma de U invertida, de manera que en los primeros y últimos años de su vida los agentes desahorran, mientras que en el período de en medio, el de máxima productividad y en consecuencia mayores ingresos, ahorran. Lo que aplicado al caso que estamos considerando significa que cuando llegamos a la edad de jubilación utilizamos los recursos que hemos estado ahorrando a lo largo de nuestra vida laboral con el objeto de tener un retiro confortable. Un razonamiento económico impecable.
Esto, como decimos, también se puede apreciar si vemos lo que hacen los jubilados americanos o nuestros socios británicos, alemanes, franceses,… que tienden a vender sus posesiones (casas, acciones,…) con el fin de disfrutar de una jubilación cómoda, muchas veces en nuestro país. Eso supone, obviamente, que los herederos deben buscarse sus propios recursos, ya que el patrimonio heredable va disminuyendo a medida que aumenta la esperanza de vida.
Pero, ¿qué se hace en España? En nuestro país por el contrario, se protege la herencia. Veámoslo con un ejemplo. Supongamos un agricultor jubilado que a lo largo de su vida ha acumulado un patrimonio por su trabajo. En este sector por regla general las pensiones son bajas, por lo que siguiendo la lógica que domina en nuestro país demandará una subida de su pensión y todos consideraremos justa su petición, ya que el dinero público que obtiene en la actualidad no le permite llevar una vida especialmente desahogada. Pero ¿qué ocurre con su patrimonio?, pues que se mantendrá intacto. En consecuencia, ¿a quién estaremos realmente beneficiando si aumentamos su pensión? Claramente a sus herederos. Es decir, que el aumento de la pensión de este agricultor adinerado a partir del erario púbico generará un beneficio privado a sus herederos.
Es evidente que no todos los jubilados están en la situación antes descrita. Pero sí lo es que un buen número de ellos tienen unos recursos que han generado a lo largo de su vida laboral. Lo que nosotros proponemos es que disfruten de esa riqueza y que no sea el Estado; es decir todos nosotros, los que financiemos el traspaso de ese patrimonio a sus herederos. En definitiva, aplicar la Teoría del Ciclo Vital de Modigliani. Y eso se puede conseguir por muy diferentes vías: se ha hablado de pensiones privadas, de hipotecas inversas, etc., incluso se ha propuesto un sistema mixto de reparto y capitalización. Pero a lo mejor la solución es más simple y más justa: un sistema de pensiones públicas en el que cobren menos los que más capital poseen. Medida que posibilitará que el sistema sea sostenible y que nuestros mayores disfruten realmente de aquello que tanto esfuerzo les costó conseguir.

© J. A. Martínez y J. L. Calvo 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

La no desgravación de 2011 o cómo hablar sin haber revisado los números suficientemente

La victoria en la guerra no es repetitiva, sino que adapta su forma continuamente

En el debate del Estado de la nación del día 12 de mayo de 2009 el Presidente Zapatero planteó una medida arriesgada: se trata de que a partir de 2011 desaparezca la desgravación por la compra de vivienda para aquellas rentas superiores a 24.000 euros anuales. Esta medida es, a nuestro juicio, un propuesta poco meditada porque hay al menos dos preguntas que no han sido respondidas por la intervención del Sr. Zapatero: ¿está el Presidente realmente convencido de que con ella en menos de dos años se va a absorber el excedente de viviendas de nuestro país?; la segunda es de mucha más profundidad, porque afecta a esa política social de la que tanto ha hecho gala: ¿está seguro el gobierno que una unidad familiar con unos ingresos brutos de 24.000 euros es rica? En los siguientes apartados justificamos nuestra discrepancia.

Primero. La realidad del parque inmobiliario.
Existe en la actualidad en España un parque de viviendas a la venta próximo al millón. No parece sensato pensar que con la actual atonía del mercado inmobiliario, con una economía con crecimiento cero, con más de cuatro millones de parados y la gran mayoría de las economías domésticas tocadas por la crisis, la amenaza de no poder acceder a una desgravación fiscal futurible vaya a reactivar la demanda. De hecho puede producir un efecto contrario, ya que aquellos especuladores que están jugando a la baja en el mercado esperando que los precios de los bienes inmuebles caigan todavía más, van a seguir esperando a una caída adicional que a buen seguro se producirá a partir de 2011. En esa fecha fatídica los consumidores descontarán del precio que estaban dispuestos a pagar la desgravación que deberían haber obtenido, y, en consecuencia, limitarán más aún su capacidad de endeudamiento y solo estarán dispuestos a pagar los precios que incorporen ese descuento adicional.

Segundo. Contradicciones de la improvisación
El límite que se ha impuesto para eliminar la desgravación es muy discutible. Preguntamos nuevamente: ¿qué asesor del Presidente le ha dicho que una unidad familiar con 24.000 euros anuales es rica? Desde luego no uno que conozca los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del INE.
Aunque tengamos que romper nuestra tradición, debemos en este caso introducir algunos conceptos técnicos. En los estudios de distribución de la renta, y, en concreto, en los análisis de pobreza, se emplea habitualmente el concepto de Renta por Unidad de Consumo Equivalente (RUCE), que viene a ser una especie de renta neta de cada miembro de la unidad familiar. Para calcularla se coge la renta neta de la familia y se divide en función de los miembros teniendo en cuenta que existen escalas de equivalencia; es decir, que no todos gastan lo mismo y que de hecho hay gastos que por ser comunes producen economías de escala en su consumo. Las escalas de equivalencia más empleadas son las de la OCDE corregidas, que asignan el valor 1 al primer miembro del hogar, 0,7 al segundo adulto y 0,5 a cada uno de los miembros menores de 16 años. A partir de aquí se calcula la RUCE y se establece la línea de la pobreza como el 60% de la mediana.
Salvado el escollo teórico volvamos a la práctica. Según la ECV de 2007 la RUCE se situaba en España en los 14.700 euros anuales, alquiler imputado de la vivienda incluido, por lo que la línea de la pobreza estaba en los 8.834 euros. Cojamos ahora un ejemplo de la propuesta del Sr. Zapatero. Supongamos una familia de cuatro miembros, padre, madre y dos hijos menores, con unos ingresos de 24.000 euros anuales. Aplicando la escala de la OCDE (2,7) nos encontramos con que la RUCE de cada miembro de esa familia es de 889 euros, escasamente por encima de la línea de la pobreza. Y eso que hemos utilizado los ingresos brutos y no los netos, ya que si hubiésemos empleado estos últimos la familia caería dentro del colectivo de pobres.
Es decir, que nadie puede defender que una familia compuesta por personas que apenas superan la línea de la pobreza es lo suficientemente rica como para eliminarla del grupo con derecho a desgravación. Por el contrario, un individuo que vive solo y tiene unos ingresos de 23.900 euros (y en consecuencia una RUCE de 23.900) sí tiene derecho a desgravar en sus impuestos la futura hipoteca de la casa que se compre. Estas medidas hay que pensarlas mucho antes de tomarlas porque si no incurriremos en contradicciones estratégicas de política económica.

Tercero. La economía es sencilla pero no simple.
Queremos dejar constancia de que estamos a favor de que exista una relación inversa entre las deducciones fiscales por la compra de vivienda y los ingresos de las familias, de forma que desgraven menos quienes más rentas obtienen. Pero antes de hacer una propuesta concreta hay que tomar en cuenta muchos aspectos.
De todas formas, estamos prácticamente seguros de que esta medida no se llevará a efecto. Dos consideraciones avalan este supuesto: en 2011 estaremos a menos de un año de las nuevas elecciones, y no creemos que se aplique una medida tan impopular entre las clases medias; y en segundo lugar que ni siquiera estamos hablando de clases medias, sino de familias que están rozando la línea de la pobreza.

Conclusión

Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en su novela El gatopardo ponía en boca de Fabricio Corbera, príncipe de Salina, la siguiente máxima: "Si queremos que todo siga como está, algo debe cambiar".O lo que es lo mismo: si algo funciona no lo cambies. Porque o hablamos de una revisión profunda, justa, equitativa y con sentido del IRPF, o mejor no tocarlo.

©Martínez y Calvo

lunes, 11 de mayo de 2009

Cuidado con la ley del péndulo

Método de atacar las ciudades fortificadas: en disponer de las torres de asedio y de los vehículos armados se tardará tres meses…. Si el general no logra vencer su ira y les obliga a que trepen como hormigas, morirá un tercio de los soldados y de los oficiales, pero no se logrará tomar la ciudad. Será un ataque desgraciado.
Las últimas noticias aparecidas en la prensa parecen dar un respiro a la economía española: el EURIBOR se ha situado en el 1 por ciento, su nivel más bajo desde su nacimiento, con lo que ello supone de reducción de la presión que las hipotecas ejercen sobre los presupuestos de las economías domésticas; se ha reducido el crecimiento del desempleo, que en el último mes de abril fue de algo más de 39.000 personas, lo que supone un tercio del incremento que se produjo en el mes de marzo, y la confianza de los consumidores mejora, con más de la mitad de las familias españolas considerando su situación económica buena o muy buena, según una encuesta publicada el fin de semana pasado. Todos estos síntomas, como decimos, parecen señalar en la dirección de que la crisis económica empieza a perder ese tinte apocalíptico que algunos medios de comunicación y partidos políticos le adjudicaban.
Pero si bien la mejoría es real, nos da miedo, auténtico pánico, que tanto las economías domésticas como el gobierno caigan en el optimismo. Que el péndulo oscile ahora hacia el otro extremo y que esos brotes verdes que el Presidente anuncia sean interpretados como el comienzo de una cosecha sana y muy productiva, como el fin de la crisis. Porque, utilizando un símil médico, el enfermo/España ha experimentado una ligerísima mejoría, pero su situación sigue siendo muy grave y sus posibilidades de abandonar la UCI son, por ahora, prácticamente nulas.
La reducción del EURIBOR hasta sus límites históricos sumado a la caída del precio de la vivienda experimentado en el último año y medio podrían hacer pensar a las economías domésticas y a los bancos que lo más grave ha pasado y que ha llegado el momento de volver a nuestra práctica tradicional: adquirir una vivienda para unos; y prestar y obtener pingües beneficios a partir de las hipotecas para los otros. La justificación es clara: las viviendas han disminuido su precio con lo que se han convertido en más accesibles; y la capacidad de endeudamiento ha mejorado, porque la cuota que hay que pagar por el mismo capital es muy inferior a la que se debía abonar hace, por ejemplo, un año.
Seguir este razonamiento supondría cometer un error gravísimo. Como señalan tanto Friedman con su teoría de la Renta Permanente como Modigliani con la del Ciclo Vital, lo importante para determinar la capacidad de consumo de los individuos no son las rentas corrientes sino la actualización de la corriente de rentas pasadas y futuras al momento actual. Dicho claramente, que no es bueno basarse en los tipos de interés actuales para endeudarse, porque a poco que la situación mejore y que la economía española empiece a despegar nos vamos a encontrar con tipos de interés que volverán a situarse en el entorno del 5-6 por ciento, a lo que habrá que sumar el efecto que tenga el déficit público que vamos a heredar, que probablemente esté próximo al 10 por ciento del PIB. Es decir, que si nuestra cuota actual es de 1.000 euros debemos pensar que en dos o tres años será de 1.500
El otro gran temor es la actitud del gobierno. Como ya hemos dicho anteriormente, creemos que la posición del actual gobierno del Sr. Zapatero es la del “surfista”. Es decir, está con la tabla esperando la “gran ola de recuperación” que llegará de EE.UU o del resto de Europa y que nos permitirá remontar la crisis subiéndonos en ella. En esa medida cualquier dato positivo le permitiría reforzar esa idea y no acometer las reformas que tanto necesita nuestra economía: la genérica de cambio de mentalidad; la de la transformación del modelo de crecimiento desde el periclitado del “ladrillo” a otro basado en la innovación y las TICs; la flexibilización del mercado de trabajo –que nuevamente no quiere decir despido libre sino libre contratación entre trabajadores y pequeños empresarios, sin necesidad de la intervención de unos sindicatos obsoletos que desde luego no son sindicatos de clase como pretenden hacer creer-; y la reforma de la educación para adecuarla a las necesidades del mercado, entre otras.
En definitiva, agradecemos las noticias que nos hacen ver con cierto optimismo el futuro. Pero esperamos que tanto las economías domésticas como el sistema financiero y el gobierno no sucumban a la alegría y piensen que lo peor de la crisis ya ha pasado. Volviendo al símil médico: al enfermo le hace falta todavía mucha cirugía.

viernes, 10 de abril de 2009

Un gobierno fajador

El ejército victorioso vence antes y después de que tenga lugar la batalla. El ejército derrotado primero lucha y después busca la victoria.
Finalmente el Presidente Zapatero parece haber hecho caso a todos aquellos, incluidos nosotros, que demandaban un cambio de gobierno. Sin capacidad de reacción, con el margen de maniobra agotado –dicho por el propio Vicepresidente Solbes-, con la imagen destrozada por su incoherencia e incapaz de infundir confianza a los españoles, el Gobierno del Sr. Zapatero parecía un boxeador sonado que pululaba por el ring a la espera de que sonase la campana. Por ello, aplaudimos que el Presidente haya decidido introducir modificaciones en su gabinete.
Pero lo sorprendente es la estrategia que ha adoptado. En vez de aprovechar esta oportunidad para introducir un cambio verdadero y apostar por una actitud proactiva y de futuro, por un equipo ágil y joven, por favorecer un cambio de mentalidad y sobre todo de modelo de crecimiento económico, ha decidido blindarse. Ha puesto sobre el ring político-económico un gobierno que podríamos denominar del tipo boxeador fajador.
Suponemos que la gran mayoría de ustedes conocen el argot pugilístico. Si no es así, sepan que un fajador es ese boxeador que se sube al ring con una única misión: aguantar los golpes de un rival más poderoso, a la espera de un golpe de suerte o de que el combate finalice. Por eso cubre su cuerpo y cabeza con los brazos y los puños, se mete en su rincón y resiste, resiste,…
Esa es justamente la imagen que transmite el nuevo gobierno: los ministros han sido elegidos dentro de la ortodoxia más estricta del aparato del PSOE con un objetivo claro: aguantar los envites que le lance el PP hasta que o bien la recuperación económica de Estados Unidos nos permita subirnos en la ola y así comience también la mejora de nuestra economía, o bien llegar lo más lejos posible en la actual legislatura –ya casi nadie apuesta porque el gobierno llegue a 2012, sino más bien por elecciones anticipadas en cuanto se note el menor síntoma de revitalización-. Lo dicho, esconder la cabeza y el cuerpo y aguantar un golpe, dos, tres, cien,…
Dado que nuestra especialidad es la economía, consideramos que solo nos compete analizar los cambios de orientación que se han producido en esta. Y la conclusión no puede ser más clara: ninguno. En primer lugar porque muchos de los antiguos ministros económicos permanecen en sus carteras, y no parece lógico que den ahora un golpe de timón, ya que eso demostraría que durante el último año han seguido una estrategia equivocada. Así, no se puede esperar la imprescindible reforma del mercado de trabajo para hacerlo más ágil y flexible, ya que el titular de la cartera se mantiene. Ni tampoco parecen probables nuevas políticas industriales, energéticas, de la vivienda o de innovación, fundamentales a nuestro juicio para poder afrontar la crisis y sobre todo para definir un nuevo modelo de crecimiento que nos permita salir de ella en mejores condiciones de las que entramos.
Tan solo dos cambios sustanciales: el ministerio de Fomento y la Vicepresidencia del Gobierno. Y en ambos casos las declaraciones de los titulares nos abocan a algo que ya conocíamos: gasto en obra pública como única línea de actuación y petición –suponemos que pía que para eso estamos en Semana Santa- a los bancos para que hagan fluir el crédito a empresas y particulares. Coherente con una política de corte keynesiano pero que tiene una limitación muy clara en el tope máximo que la UE permita al déficit público y que se olvida de toda una batería de políticas microeconómicas –las ya citadas políticas industriales, energéticas, innovadoras, de reforma del mercado de trabajo, de introducción de las nuevas tecnologías, de cambios en el sistema de intermediación,…- imprescindibles si queremos adoptar un modelo de desarrollo económico acorde con el siglo XXI.
A nuestro parecer el Sr. Zapatero ha desperdiciado una gran oportunidad para haber optado por una actitud mucho más proactiva y valiente. Debería, a nuestro juicio, haber apostado por una propuesta mucho más ecléctica desde el punto de vista político –incluso proponiendo un gran pacto de estado que en un ejercicio de soberbia ha rechazado-, eligiendo a personas que fueran capaces de enfrentarse al gran reto que tiene nuestro país en estos momentos: más de tres millones y medio de parados, un sector industrial falto de competitividad, un modelo de crecimiento quebrado y sin sustituto, y un sistema financiero sano pero que puede sufrir mucho si el pánico se contagia desde las Cajas a los bancos.
Pero esto no parece importarle al Presidente, que ha optado por resistir. Lo dicho, un gobierno fajador dispuesto a aguantar golpes y con muy escasa capacidad de reacción económica. Lo malo es que no cuenta con que se han subido nuevos enemigos al cuadrilátero: Convergencia y Unió y el PNV. Y estos no son el PP, proceden de Comunidades donde existe una tradición empresarial, saben de economía y conocen dónde golpear.

© J.A. Martínez y J.L. Calvo 2009