lunes, 26 de octubre de 2009

Existe una política económica progresista (y no es la del Gobierno)

Al haber valorado las ventajas, atiéndelas. Después dótalas de shih para que ayuden a las fuerzas exteriores. El shih gobierna el equilibrio de acuerdo con las ventajas.

En las últimas décadas del Siglo XX surgió una corriente denominada pensamiento único cuyo postulado básico era que la humanidad había caminado durante siglos hasta encontrar la sociedad óptima, aquella que definía el modelo económico-social del cuál no debería ya apartarse: la democracia capitalista.
En España la izquierda ideológica ha seguido una trayectoria muy similar a la comentada en el párrafo anterior: a partir de 2004 se postuló que la única política de izquierdas era la que proponía el PSOE y que, en consecuencia, todo lo que hacía este partido tenía un contenido social-progresista y las críticas a sus actuaciones debían calificarse de derechas. En ese pensamiento se han basado los comentarios de nuestros “compañeros de izquierdas” a muchos de nuestros artículos.
Y sin embargo nada más lejos de la realidad: el gobierno del PSOE ha adoptado una política económica que sería plenamente suscrita por el PP si no fuera por su necesidad de oposición para lograr la victoria en las urnas. Y desde luego, existe una opción mucho más progresista de la que este está impulsando. Algunos de los elementos que a nuestro juicio la compondrían ya los hemos expuesto en otros artículos, pero los resumiremos en este.
1. La creación de una banca pública habría evitado el fracaso del Plan ICO. Además, y siguiendo la trayectoria de dirigentes tan poco izquierdistas como George Bush o Gordon Brown, se podrían haber nacionalizado algunas entidades financieras en lugar de facilitarles dinero de todos los contribuyentes –oficial y extraoficialmente- para solventar su mala gestión. Una banca pública dotada de recursos y compitiendo en la financiación de pequeñas empresas, autónomos y particulares en dificultades habría permitido que todos ellos afrontasen la crisis con una perspectiva bastante más optimista de la que tienen cuando se enfrentan a las restricciones de crédito de la banca privada. Y con muchas más posibilidades de mantener los empleos en el caso de las empresas.
2. Generación de un parque de vivienda pública de alquiler con parte de los recursos que se han malgastado en el Plan E. De esta forma se habría hecho frente a varios problemas: en primer lugar, se habría mantenido el actual modelo de crecimiento o al menos se habría frenado su caída, dado que no existe una alternativa –de la inversión en I+D+i mejor no hablar-. Con ello, además, la crisis de confianza habría sido mucho menor; en segundo lugar se habría dedicado el dinero público a inversión en vez de a gasto corriente como ha ocurrido con el Plan E. Y en un futuro, cuando la economía se recupere, incluso se podrían haber vendido algunas de esas viviendas consiguiendo unas plusvalías para el Estado, es decir, para todos; en tercer lugar, su dedicación al alquiler habría facilitado la política social, ya que podrían haberse destinado a personas con pocos recursos o a jóvenes; y por último, habrían facilitado la movilidad laboral tan necesaria en nuestro país y que sin embargo está cercenada por un mercado inmobiliario dedicado únicamente a la compraventa.
3. Subida de los impuestos directos y mejora de la lucha contra el fraude. De esto último el gobierno no ha querido ni oír hablar, y eso que se lo han manifestado muy claramente los inspectores de hacienda en su congreso: se podrían recaudar más de 100.000 millones de euros con una mejora en la lucha contra el fraude. Y sobre la subida de los impuestos directos ya lo hemos comentado: no se trata tanto de un objetivo recaudatorio como de que los españoles tengan la sensación de que son tratados con equidad. De que la crisis la vamos a pagar todos, incluidos los que más tienen.
4. Reformas en el mercado de trabajo. Es evidente que un mercado que mantiene 2 millones de parados cuando la economía está creciendo a más del 3% anual y que es capaz de perder 1 millón de empleos en un año es totalmente ineficiente y necesita ser reformado. Y uno de los elementos en los que se ha de basar esa reforma es en el cambio de actitud hacia el empresariado. No es posible que en el siglo XXI el Gobierno y los sindicatos sigan con el discurso obrerista, lanzando el mensaje de que el empresario es un explotador y que los trabajadores no reciben una retribución justa, más aún cuando en España el tamaño medio de la empresa no supera los 5 trabajadores. Porque como dicen Akerlof y Shiller “…si (los trabajadores) creen que los tratan con poca equidad, su sentido del deber será nulo y trabajarán lo mínimo para cubrir el expediente”. Esto generará una reacción contrapuesta de los empresarios que no tendrán ningún inconveniente en despedirlos ante las primeras dificultades. Y lo más sorprendente es que este discurso oficial y sindical nunca va dirigida contra las grandes empresas y grupos económicos –al menos no conocemos ningún comentario negativo hacia la actitud empresarial del difunto Sr. Polanco o de D. Emilio Botín-. El empleo, como todo el mundo sabe en Europa, se crea en las PYMES y en los autónomos, y es a ellos a quien hay que apoyar.
5. Por último, una política de pensiones ligada al patrimonio de los individuos. Existe una tradición anglosajona encabezada por John Stuart Mill en contra de las herencias. Pero sin ir tan lejos, no parece que tenga sentido que en España se estén financiando éstas a través del sistema público de pensiones. Porque si un pensionista es capaz de vivir de los ingresos de su pensión todo su patrimonio pasará a sus herederos, con lo que se produce la financiación mencionada. Y no vale decir que lo pagaron antes ya que el sistema español de pensiones no es de capitalización sino contributivo.
Estos son solo unos ejemplos de actuaciones de política económica con un shih mucho más progresista. Y eso que en ningún momento hemos querido sobrepasar el listón que la Constitución establece para la sociedad española. Más allá están el comunismo o la anarquía, que tal y como van las cosas no se deberían descartar como referencia.

© José L. Calvo

martes, 13 de octubre de 2009

Animal Spirits en España: equidad e impuestos

Si las tropas no se sienten fielmente unidas a ti y, sin embargo, las castigas, no te obedecerán. Si no te obedecen difícilmente podrás manejarlas….De modo que debes unirlas mediante la camaradería, mantenerlas firmes mediante la disciplina. Esto es lo que se entiende por ‘conquista segura’ ”.
Se ha publicado este año en nuestro país un libro de George Akerlof –premio Nobel de Economía en 2001- y Robert Shiller titulado Animal Spirits¸cómo influye la psicología humana en la economía. Su argumento viene perfectamente definido en su título, y se puede resumir como sigue: la Teoría Económica tradicional en la que se basan en gran medida las decisiones económicas de nuestros dirigentes parte de un supuesto básico no plenamente correcto: el individuo es racional y toma sus decisiones sobre la base de esa racionalidad. Por el contrario, argumentan Akerlof y Shiller, los individuos muchas veces actuamos de forma irracional, dejándonos llevar por lo que ellos denominan animal spirits, que bien podría traducirse por emociones, sentimientos,… En definitiva, que los factores psicológicos afectan a las decisiones económicas mucho más de lo que los economistas pretendemos.
Uno de los conceptos que Akerlof y Shiller emplean para justificar su argumentación es el de equidad, término que según el DRAE significa disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que se merece. Lo que defienden estos autores y otros muchos es que “…la equidad precisa la introducción en la economía de conceptos sobre el modo en que la gente cree que los demás deben comportarse”, ya que tomamos decisiones económicas en función de cómo nos sentimos tratados, justa o injustamente.
Una contrastación de la teoría de la equidad la tendremos en nuestro país el próximo año. Si, como vaticinábamos nosotros en otro artículo, la subida del IVA no va a tener el efecto recaudatorio que el gobierno prevé entonces habrá argumentos que sustenten la influencia de la equidad; por el contrario, si la recaudación es la prevista sobre la base de proyecciones de ingresos y gastos entonces la racionalidad habrá imperado.
Nuestro argumento es el siguiente: la gran mayoría de la sociedad española considera que los principales responsables de la actual crisis económica han sido los bancos y los especuladores, coloquialmente, los ricos. Y tras la subida de impuestos incluida en los Presupuestos Generales del Estado la sensación que nos ha quedado a todos es que estos se van a ir de rositas: no han subido los impuestos directos y si los que afectan fundamentalmente a las clases medias y bajas. Es decir, la elevación de impuestos es a todas luces injusta.
Ante esto ¿qué se puede hacer? Desde la racionalidad económica nada, ya que los impuestos son los que son y hay que pagarlos. Pero si aplicamos la teoría de la equidad la respuesta es muy distinta: ante un tratamiento injusto los individuos se rebelarán y harán todo lo posible por pagar menos impuestos; una parte importante de la economía se sumergirá y volverán las dobles facturas con IVA y sin IVA. Resultado, la recaudación no aumenta lo previsto e incluso es posible que caiga como ya hizo en la anterior subida de impuestos.
¿Existía alguna posibilidad de haber evitado esto? Creemos que sí. Aplicando nuevamente la teoría de la equidad el gobierno debería haber aumentado la imposición indirecta para recaudar, el IVA, pero también la directa, el IRPF, de las rentas más altas. Incluso podría haber introducido un impuesto a los bonus como el de José Ignacio Goirigolzarri o seguido la propuesta de Nicolás Sarkozy de un impuesto sobre las grandes fortunas. Es probable que la recaudación no fuese muy elevada, pero sí habría producido un efecto psicológico, generando un sentimiento de que todos debemos pagar y muy especialmente los más ricos. Y de esta forma la gente no se sentiría injustamente tratada.
Pero no ha sido así. El gobierno ha optado por aplicar la Teoría Económica en su sentido más estricto, sin tener en cuenta el principio de equidad que tan bien funciona, a nuestro juicio, en España. Y al final veremos si los españoles somos tan solidarios como dice el Sr. Zapatero y estamos dispuestos a colaborar pagando más impuestos o por el contrario nos sentimos defraudados por un Gobierno que se autodenomina de izquierdas pero deja las rentas de los ricos intocadas.

@José L. Calvo y José A. Martínez

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La subida de impuestos: irremediable, regresiva y previsiblemente poco recaudatoria

Valora las ventajas de pedir consejo, y después estructura tus fuerzas en consecuencia, para añadir tácticas suplementarias extraordinarias. Las fuerzas han de ser estructuradas estratégicamente, basándose en lo que es ventajoso.

La subida de impuestos que el Gobierno ha incluido en los Presupuestos Generales del Estado para 2010 es, a nuestro juicio, irremediable, regresiva y más que probablemente no cumpla con los objetivos recaudatorios para los que ha sido creada. Explicaremos brevemente nuestros argumentos.
Que había que subir los impuestos era algo previsible para todo aquel que sepa no ya de Economía, sino de matemáticas. La economía de cualquiera se rige por el mismo principio: si gastas más de lo que ingresas debes pedir prestado. En el caso de los particulares habitualmente “tirando” de la Visa y en el del Estado emitiendo Deuda. Pues bien, el actual Gobierno ha gastado de forma irracional y, al mismo tiempo, los ingresos no solo no se han mantenido sino que han decrecido debido a la caída de la actividad económica. Resultado: un déficit público que se acerca peligrosamente al 10% del PIB. Al igual que nos pasa a los particulares, que en algún momento te llega la “factura de la Visa” y hay que pagar, le ha pasado al Estado español,que debe hacer frente no solo al pago de la Deuda sino al de sus intereses. Y para ello sólo le quedan dos opciones: recortar el gasto, lo que el Gobierno solo está dispuesto a hacer en lo que justamente sustentaría el cacareado nuevo modelo de crecimiento, la I+D+i, o bien aumentar los ingresos. Y la forma más factible y sencilla es incrementar los impuestos. Lo que nos lleva a la siguiente cuestión.
El Sr. Zapatero y su equipo económico se debieron “fumar” la clase de Economía de la Facultad en la que se hablaba de que los impuestos directos son progresivos y los indirectos regresivos. Los impuestos directos como el IRPF, al tener tramos en los que el tipo impositivo crece con los ingresos, son progresivos, es decir, paga más quien más ingresa, no sólo en valor absoluto sino también en términos relativos. Por el contrario, los impuestos indirectos como el IVA, al basarse sobre el consumo de determinados bienes, son regresivos ya que se recauda más de aquellos que realizan mayores gastos en esos bienes. Un ejemplo aclarará esto último. Si una familia media dedica la mitad de sus ingresos a los productos cuyo IVA ha subido del 16 al 18% su presión fiscal habrá aumentando en 1 punto porcentual -0,5 multiplicado por 2 puntos que es la subida-; por el contrario, para una familia rica que dedique el 10% de su presupuesto a esos productos –el resto lo puede meter en una SICAV- entonces su presión fiscal habrá crecido tan solo en 2 décimas. En definitiva, un nuevo “error de apreciación” del Presidente, ya que si bien es posible que vayan a ser los ricos los que más paguen en términos absolutos, a quien más va a afectar en su presupuesto, es decir en términos relativos, es a las clases medias y bajas. Es decir, el Gobierno se comporta como Robin Hood pero al revés, porque beneficia a los ricos y perjudica a los pobres. Sin comentarios sobre el carácter socialista y de izquierdas de la propuesta.
Por último, es más que posible que la subida de impuestos lleve a una reducción de la recaudación, como ya ocurrió en los años 90. Esto se puede deber a dos motivos: que como decimos los economistas la demanda sea elástica; y a algo que sabemos hacer muy bien los mediterráneos: sumergirnos.
Otra clase a la que faltaron los responsables económicos del Gobierno es la que explica qué es una elasticidad y cómo se relacionan la elasticidad y los ingresos. La elasticidad-precio es la reacción (sensibilidad) de la cantidad demandada ante la variación del precio, y cuando la demanda es elástica aumentos de los precios llevan a reducciones de los ingresos. Quitemos la pedantería profesional y expliquémoslo con un ejemplo: si una familia gastaba en 2009 pongamos 2000€ al año en ocio, la recaudación del Estado al tipo de IVA del 16% era de 320€. Pero si por la crisis y por la subida de impuestos reducen su gasto en 2010 a 1.500€, la recaudación al 18% cae hasta los 270€. Es decir, los impuestos suben y la recaudación del Estado disminuye porque la demanda es elástica.
La otra “iniciativa popular” contra la subida de impuestos va a ser la de sumergir parte de la actividad económica –algo que ya debe estar ocurriendo, porque con 4 millones de parados reales habría revueltas populares-. Así que volveremos a la pregunta que se hizo famosa en nuestra economía: “¿lo quiere con IVA o sin IVA?”.
Irremediable, regresiva, que no garantiza el incremento de ingresos del Estado y tremendamente impopular. Una buena ración de talante.

@José L. Calvo y José A. Martínez

lunes, 21 de septiembre de 2009

La función de utilidad de los políticos. Una pequeña lección de Teoría Económica

No avances con aire marcial. Basta con que seas fuerte, te enfrentes al enemigo y lo derrotes; eso es todo
Dentro de la profesión aquellos que nos dedicamos a la Teoría Económica tenemos fama de raritos. Probablemente a ello contribuya que difícilmente salimos de nuestros despachos, que trabajamos con modelos muy sofisticados y, sobre todo, que en general hacemos y decimos cosas muy alejadas de la realidad que vive la mayoría de la gente. Pero a veces nuestras teorías sí pueden ser aplicadas al análisis del día a día. Un ejemplo es la Teoría de la Utilidad.
Según esta teoría, los individuos –léase usted o yo- nos comportamos racionalmente y tratamos de maximizar nuestra utilidad sujetos a una restricción presupuestaria. Dicho para todos, tratamos de alcanzar el máximo bienestar condicionados por nuestros ingresos. Algo lógico ¿no?
Añadamos el segundo elemento de este artículo, los políticos profesionales. Existe un supuesto erróneo sobre las personas que se dedican a la actividad política: habitualmente se considera que son gente que sacrifica una vida personal y sobre todo profesional intensa para dedicarse al servicio de los demás. Y nada más lejos de la realidad en muchos casos. Existe un buen número de cargos de todos los partidos cuya vida profesional fuera de la política ha sido muy escasa e incluso nula.
Si aplicamos la Teoría de la Utilidad a los políticos profesionales nos encontramos con los argumentos que sustentan este artículo: estos intentarán maximizar su bienestar y asegurar los ingresos necesarios para conseguirlo. O dicho de una forma más directa, harán lo que sea necesario con tal de continuar en el poder y así mantener su empleo y sus rentas.
La actuación del Gobierno ante la crisis económica es un buen ejemplo de aplicación de la Teoría de la Utilidad a los políticos profesionales. Tanto el Sr. Zapatero como Dña Leyre Pajín o la Ministra de Igualdad Bibiana Aido han tenido una escasísima actividad profesional fuera del ámbito de la política –algunas clases en la Universidad de León es el bagaje profesional del Presidente-, por lo que se les puede considerar integrantes de ese colectivo en su acepción más estricta. Y su comportamiento, y muy especialmente la forma de enfrentarse a la crisis, demuestran que se están guiando mucho más por intereses personales y de partido –volver a ganar las elecciones y seguir en el poder- que por el interés común de aplicar políticas que solucionen los problemas reales de nuestra economía.
El argumento es inmediato: mientras que desde todos los foros profesionales y las instituciones nacionales e internacionales se demanda un cambio de modelo de crecimiento hacia uno basado en la I+D+i, la formación y la reforma de un mercado de trabajo ineficiente, esto no se aborda, ya que supondría tomar medidas impopulares y sobre todo con una visión política de largo plazo, sin réditos a corto, que permita transformar el modelo productivo en otro que sea capaz de absorber la población activa española –que conste que esto no es patrimonio únicamente del PSOE, ya que el Sr. Aznar primó también los intereses de partido, al asentar el crecimiento español en el modelo del ladrillo que tan buenos resultados electorales le dio pero que tan nefasto ha sido para España-.
Por el contrario, y en la medida en que cada vez más gente se queda en el paro y lo que desea es que su nivel de vida no se vea muy afectado, el Gobierno opta por una política populista: la deducción de los 400 euros; los 420 actuales para los que han finalizado las prestaciones por desempleo, obra pública para garantizar empleo a corto plazo, y gasto y más gasto público improductivo a medio y largo plazo. ¿Qué misión cumple esto? No perder las elecciones, contentar a las masas –el viejo pan y circo romano- y en esa medida seguir cobrando del erario público.
¿Quiere esto decir que son mala gente? Ni mucho menos. Son personas como usted o yo que en una situación tan complicada como la actual lo único que desean es mantener su empleo y el nivel de vida de su familia. La Teoría de la Utilidad en estado puro.

© José L. Calvo

jueves, 10 de septiembre de 2009

Algunas perlas de la política económica zapatista

Hazte estas preguntas: ¿qué gobernante tiene el Tao? ¿Qué general posee capacidad? ¿Quién consigue el cielo y la tierra? ¿Quién cumple el método y las órdenes? ¿Qué ejércitos y tropas son fuertes? ¿Qué oficiales y soldados están capacitados? ¿Qué recompensas y castigos deben producirse? A través de todo ello puedo conocer la victoria y la derrota
El Gobierno, y muy especialmente su Presidente, parecen haber vuelto de las vacaciones de verano con fuerzas renovadas para hacer frente a la crisis económica. Tanto en la comparecencia tras el primer Consejo de Ministros como en su intervención el 9 de septiembre en las Cortes Generales, el Sr. Zapatero ha dejado varias perlas de su peculiar forma de entender la economía –más bien no entender. ¡Qué lástima que no asistiese a las clases que quería darle Jordi Sevilla!-. Repasaremos brevemente algunos de sus comentarios.
Tras la reunión del Consejo de Ministros el Presidente defendió que lo peor de la crisis ya ha pasado porque “ya no se va destruir empleo a la misma tasa que en períodos anteriores”. Esto es, sencillamente, una perogrullada estadística. Es evidente que si en un año hemos pasado de 2 millones de parados a 4 millones la tasa de crecimiento ha sido del 100 por cien. Pero si ahora pasamos de 4 a 6 millones –mismo incremento absoluto- la tasa de crecimiento se habrá reducido a la mitad, el 50 por ciento. Pero ¿quiere esto decir que la situación ha mejorado o por lo menos que los ajustes necesarios ya se han producido? Con solo ese dato ningún economista se atrevería afirmarlo.
Segunda de las perlas, que además ha tenido su continuación en la intervención en las Cortes Generales: el déficit público se situará en 2012 por debajo del 3 por ciento del PIB. Algunos datos y un comentario. Con las cifras que maneja el Gobierno un déficit del 3 por ciento supondría unos 30.000 millones de euros; pero en la actualidad dicho déficit es de 100.000 millones, y la nueva presión fiscal que el Presidente prometió ayer va a suponer unos 15.000 millones de ingresos. Dado que la gran mayoría de los gastos ya están comprometidos y los ingresos sólo van a crecer en ese 1,5 por ciento del PIB, con una simple operación matemática podemos ver cómo en 2010 el déficit se situará, en la mejor de las posibilidades es decir si no tenemos en cuenta el pago de los intereses de esa deuda, en unos 85.000 millones de euros (8,5% del PIB). Dicho de otra forma, para que en 2012 las finanzas públicas españolas se situasen en el objetivo del Presidente sería necesario recaudar, como mínimo, 55.000 millones adicionales. Más que difícil prácticamente imposible, salvo que crezcamos a tasas que no conocimos ni en nuestras mejores épocas.
Tercera: el culpable de todo es el sector inmobiliario. Por fin el Presidente y la oposición están de acuerdo en algo y convienen en que un parte fundamental de la crisis que padecemos es interna y no impuesta internacionalmente. Pero lo sorprendente es que ni el PP ni el PSOE asumen ninguna culpa. Es como si toda la responsabilidad fuera de los bancos, de las inmobiliarias y de los ciudadanos que pretendimos enriquecernos rápidamente. Nadie se acuerda ya de que fue el Sr. Aznar el que creó e impulsó una política de crecimiento basada en el ladrillo y que el partido socialista, si bien llegó al poder en 2004 con la promesa de desmotar la burbuja inmobiliaria, se asentó en la bonanza que ésta proporcionaba a las finanzas públicas y no hizo nada para combatirla. Probablemente todos debemos entonar el mea culpa, pero muy especialmente los políticos que no ejercieron el control para el que fueron elegidos.
La última de las incoherencias del Gobierno en su lucha contra la crisis la hemos visto esta mañana, jueves 10 de septiembre, en la prensa: se reducirán las ayudas a la investigación en un 37 por ciento. Es decir, que mientras que se defiende que el nuevo modelo de crecimiento económico tiene que estar basado en la formación y la innovación, lo primero que se hace es disminuir los recursos destinados a estas actividades. Difícilmente se podrá crear ese nuevo modelo cuando se reducen los fondos destinados a su desarrollo, que probablemente se emplearán en la política social-populista.
En definitiva, el Presidente Zapatero sigue absolutamente fuera de la realidad económica, instalado en ese optimismo patológico tan suyo, con una política económica que tan solo puede ser calificada de errática e incoherente. Y todo por no querer ver la lo que efectivamente sucede: que la economía española necesita ajustes fundamentales en muchas áreas, y muy especialmente en el mercado de trabajo, para ganar productividad y competitividad; que la mejor política pública consiste en sentar las bases para que las empresas puedan crear empleo y de ésta forma se incremente la recaudación impositiva, permitiendo conjugar el déficit en un período no especialmente largo; y que desde luego no es sostenible aplicar aquella vieja propuesta keynesiana de que unos hagan agujeros para que otros los tapen –obra pública- conjugada con una política social que cada vez se parece más a la que ejercían las damas de la caridad del siglo XIX.
La salida de la crisis sólo puede surgir de la actividad productiva del sector privado apoyada por una acción coherente y complementaria del sector público. Algo de lo que hoy por hoy carecemos.

© José L. Calvo

lunes, 24 de agosto de 2009

El Gobierno juega al Monopoly

De este modo, se avanza sin pretender la fama. Se retrocede, sin preocuparse por la crítica. Solo se busca el beneficio de los hombres, y conseguir unas ventajas acordes con las del gobernante. Porque solo se pretende enriquecer al estado

Las últimas declaraciones del Ministro de Fomento no dejan lugar a dudas sobre cuál es la política económica del Gobierno: “Yo creo en la utilización del gasto público para fomentar la actividad económica y mantener la protección social”. Esto, que desde un punto de vista académico podría parecer una política keynesiana ortodoxa, a mi me produce la sensación, sin embargo, de que el Gobierno está dilapidando los fondos públicos utilizándolos como si del dinero del Monopoly se tratase. Dos sencillas preguntas están detrás de esta percepción: Sr. Ministro ¿de dónde ha de salir ese dinero que con tanta alegría están distribuyendo? y ¿cuántas generaciones van a ser necesarias para pagar las deudas que se generen con su política?
La prodigalidad con la que el Gobierno está gastando los recursos públicos, y el hecho de que esta sea la única medida real de política económica puesta en marcha, me hace pensar que nuestras máximas autoridades están creyendo que el dinero público es lo mismo que el que se recibe cuando se comienza el juego del Monopoly, y que no tiene coste alguno. Repasemos algunas de sus decisiones de inversión: el plan de financiación de las Comunidades Autónomas que incrementa la dotación a estas cuando se le está pidiendo a todo el mundo que se apriete el cinturón; el Plan E, con gastos en infraestructuras en algunos casos redundantes pero sin inversión real en un cambio del modelo de crecimiento; el FROB para salvar bancos y cajas de ahorro que si fuesen otro tipo de empresas deberían haber quebrado; los demagógicos 400 euros por contribuyente que se repartieron antes de las elecciones o los 420 euros actuales para los parados que han agotado las prestaciones por desempleo. Dinero puesto en circulación sin un estricto control de su rentabilidad social, y que ha dado como resultado que en un año y medio hayamos pasado de un superávit en las cuentas públicas a un déficit superior al 9 por ciento.
Como decía, se puede argumentar que esta es una política de corte keynesiano que en su momento incluso nosotros reclamamos, pero esto no es cierto por varios motivos: en primer lugar, porque lo primero que defendía Keynes es que había que ajustar los mercados a la realidad económica, y eso no se ha hecho; en segundo lugar, porque una cosa es realizar una política de gasto público para reactivar el consumo y la economía, y otra muy distinta un reparto indiscriminado de dinero, exento de toda lógica económica en su distribución; y por último, y este es quizás el argumento de más peso en referencia a este artículo, porque las reglas del juego no son las del Monopoly, y en algún momento habrá que devolver el dinero que ahora se está gastando.
Sobre las necesarias reformas de la economía española no voy a insistir nuevamente, ya que hemos dejado clara nuestra posición en este blog. Es urgente e imprescindible una reforma del mercado de trabajo que pase por actualizar su regulación. Nuevamente aclarar que no abogamos por el despido libre, pero sí por un nuevo tipo de gestión que tenga en cuenta los cambios que se han producido en el mercado global, introduciendo conceptos como la flexiseguridad. Esto es algo en lo que por cierto coincidimos la mayoría de los profesionales de la Economía y tan solo están en desacuerdo los sindicatos –cuyo comportamiento es digno de estudio, muy especialmente si como es mi caso se cree que los grandes sindicatos han perdido su carácter de sindicato de clase obrera y defienden sólo los intereses de sus afiliados- y el Ministro de Trabajo, de cuyos conocimientos en otras áreas no dudo pero que como economista no me parece de una gran solvencia. O la adaptación a la nueva Sociedad del Conocimiento, lo que supone cambiar el modelo de crecimiento hacia otro basado en las TICS y la innovación, algo pregonado por el propio Gobierno pero a lo que no se han aplicado medidas prácticas reales.
Pero el argumento más importante que quiero defender en el artículo es que el dinero público no es el de Monopoly. Es decir, que en la realidad no sucede como en ese juego, que cuando se acaba si has perdido y te has quedado sin dinero no pasa nada, porque cuando comience una nueva partida te lo darán otra vez. En la economía real el dinero que te has gastado genera una deuda que debes devolver en el futuro. Y si seguimos con la política de gasto actual es bastante probable que en 2012, cuando acabe el juego del Sr. Zapatero –desde aquí una apuesta: el Presidente no se presentará a la reelección- nos encontremos con que España no ha resuelto ninguno de sus problemas de crecimiento y competitividad y sin embargo tenemos una deuda difícilmente asumible, que deberán pagar las futuras generaciones.
Un último comentario sarcástico también dirigido a las declaraciones del Ministro de Fomento. Ahora parece que quiere también convertirse en Robin Pepiño Hood, queriendo quitarle el dinero a la clase media –desengáñese Sr. Ministro los ricos saben cómo proteger sus fortunas- para dárselo a los pobres…bancos.

© José L. Calvo

viernes, 21 de agosto de 2009

Vicente Ferrer: una vida ejemplar. O cómo sacar con su propio esfuerzo a millones de personas del club de la miseria

No se requiere mucha fuerza para levantar un cabello, no es necesario tener una vista aguda para poder ver el sol y la luna, ni se necesita mucho oído para escuchar el retumbar del trueno.

Anantapur la región de Andra Pradesh (al sureste de la India) más parecida a un desierto, es una tierra pobre, suplicante de agua y vida. Allí fue Vicente Ferrer después de una primera experiencia en Mumbai donde enseñaba a los campesinos las herramientas básicas de la subsistencia. Parece que eso no gustaba demasiado a las autoridades en aquel momento así que se decidió a ir a Anantapur. Por aquellas tierras actúa la Fundación Vicente Ferrer que en 40 años ha logrado paliar la miseria de los más necesitados. Nació Vicente el 9 de abril de 1920 en Barcelona y pronto sintió la llamada espiritual y vistió el hábito jesuita que luego dejaría porque era especial y no le gustaba demasiado la sujeción a las normas. Su única norma, en ese sentido, era la ayuda a los demás y eso es la verdadera espiritualidad. Por eso Vicente no podía pasar desapercibido. Hizo mucho y lo hizo bien. Vicente se casó con Anna Ferrer y tuvieron tres hijos. En 1969 comenzó un proyecto de vida, ayudando a los descastados y a los desesperados con el objetivo de sacar al mayor número de personas de la pobreza: salvó a 2,5 millones de personas en esos años. Su labor, hoy en día, la continúa su hijo Moncho.
Cuenta Paul Collier que “el desafío del desarrollo consistió en el enfrentamiento entre un mundo rico de mil millones de personas y otro pobre de cinco mil millones: un auténtico club de la miseria convive con el siglo XXI, pero su realidad es la del siglo XIV; esto es, guerras civiles, epidemias e ignorancia”(The Bottom Billion,2007).
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) más de 5 millones de niños mueren anualmente de hambre en el mundo. La OIT (Organización mundial del trabajo) afirma que más de 1400 millones de trabajadores ganan menos de dos dólares al día, el hambre real, el sufrimiento verdadero afecta a 850 millones de personas en todo el mundo. La UNICEF (Fondo de la ONU para la infancia) relata que más de 1000 millones de niños carecen de servicios básicos para su desarrollo. La esperanza de vida en el tercer Mundo es de 30 años. Como bien ha señalado Jeffrey Sachs, los Objetivos del Milenio han supuesto un avance: las Naciones Unidas se han propuesto para 2015 progresar en el desarrollo humano. Pero eso no es suficiente. Nosotros pensamos que cualquier propuesta de política económica que se haga en el primer mundo debe dar o proponer alternativas a la pobreza y a la exclusión social en todo el mundo. La pobreza es un fenómeno complejo y que incluye una multitud de factores, pero cuando se habla de pobreza en el Tercer mundo se hace referencia a la lucha por la supervivencia.
Para Coates, del día de hoy al 2025 habrá importantes innovaciones tecnológicas en muchos campos de investigación como la genética, la energía, los nuevos materiales, el cerebro humano, etc. Pero nos preguntamos si se ha avanzado realmente en uno de los problemas capitales de la humanidad como es la forma de paliar la pobreza.
Y sí creemos que es posible. En ese sentido tiene mucho valor la figura de Vicente Ferrer. El 19 de mayo de 2009 falleció un español universal. Un santo en vida, un ejemplo para todos lo que tengan corazón y crean que la pobreza no se arregla sólo con crecimiento económico: son necesarias unas grandes dosis de voluntad y otras no menores de pasión y alegría. Eso es lo que hizo Vicente: pasar por la vida haciendo el bien.

© José A. Martinez y José L. Calvo