viernes, 17 de octubre de 2008

Una crisis microeconómica. Cuestión de detalle

En suma, he aquí el método para el empleo de la milicia. Se necesitan más de mil li para aprovisionar un millar de carros rápidos, un millar de carros cubiertos y cien mil soldados…Tan solo después de haber contado con todo esto se pueden reclutar cien mil soldados.
Esta religión del siglo XX y principios del XXI que había sido hasta ahora la Economía, se puede dividir ‘groso modo’ en dos grandes “especies”: los macroeconomistas y los microeconomistas. A los primeros ya los conocen, porque son los que aparecen habitualmente en los medios de comunicación explicando la evolución de los “grandes agregados”: PIB, inflación, tipos de interés,… En este grupo se dan además subespecies: los neocon, los liberales, los neokeynesianos y un largo etcétera dependiendo de su orientación ideológica
Los microeconomistas son por lo general más discretos y están habitualmente en segunda línea, enfrascados en sus estudios sobre cómo se comportan los consumidores como individuos, las empresas, las industrias,… Se dedican, en definitiva, a analizar “el detalle”, lo pequeño.
Esto viene a cuento porque a la actual crisis financiera le han salido todo tipo de explicaciones y respuestas hechas por especímenes macroeconomistas. Incluso las políticas adoptadas por los gobiernos han seguido esa pauta, enfrentándose a “los grandes problemas económico-financieros”. Pero ha habido poco interés por “el detalle”. Y justamente es en el detalle de donde ha surgido esta crisis y de donde deben venir muchas de las soluciones.
El origen de la actual situación económica hay que buscarlo en esa tendencia a considerar los grandes agregados y no fijarse en los detalles. No lo hicieron quienes prestaban dinero, es decir el sistema financiero, que no se preguntaba si aquellos a los que les prestaba podían pagar el préstamo y si lo que utilizaban para avalarlo, habitualmente su vivienda, valía el montante prestado. Tampoco se fijaron en el detalle los inversores de los fondos de riesgo -hedge funds-, no interesándose por los diferentes productos que integraban los paquetes titulizados, cegados por los beneficios. Y mucho menos atendieron a esos pequeños detalles aquellos que recibían dinero con facilidad y a precios bajos: no pensaron que lo tenían que devolver y que los tipos de interés variables varían tanto a la baja como al alza; que no se podía ‘estirar el pie más de lo que da la manta’. Simples detalles.
También tiene una perspectiva “micro” los efectos de esta crisis. Porque más allá de la bancarrota de algunos bancos, del hundimiento de la Bolsa y de las acciones y préstamos de los gobiernos hay personas. Personas que van a perder parte de sus ahorros, no los depósitos que no están en riesgo en España sino lo que invirtieron sin fijarse en los detalles; gentes que van a quedarse en el paro; hombres y mujeres con hipotecas e hijos a su cargo; minoristas que están viendo cómo se reducen las ventas en su tienda porque se desconfía del futuro,…
Creemos que también se deben aportar soluciones microeconómicas. La refinanciación de las hipotecas o la dotación de créditos blandos a pequeñas empresas y a particulares en dificultades son algunas de las medidas que deben ser acometidas. Propuestas por el gobierno pero llevadas a cabo por el sistema financiero, cuya misión última, recordemos, es la canalización de los recursos allá donde se necesitan.
Todos debemos mirar a los detalles si queremos superar las "dificultades económicas". El gobierno aportando los recursos y proponiendo soluciones para los más afectados; el sistema financiero haciendo circular el dinero con más racionalidad, fijándose más en a quién se lo presta y conteniendo su voracidad; los inversores analizando mejor la seguridad de dónde invierten aunque la rentabilidad sea menor; y los consumidores ajustando nuestras necesidades a nuestra capacidad de generación de recursos. Porque al final, y como dice Gunnar Myrdal, premio Nobel de Economía en 1974, las ciencias sociales, y la nuestra es una de ellas, no son más que sentido común con un grado de sofisticación.

viernes, 10 de octubre de 2008

John Maynard Keynes. Un muerto muy vivo

Los buenos estrategas de la antigüedad forjaban su propia invulnerabilidad, porque esta depende de uno mismo. Así es la maestría del estratega, ajena a todo principio de antemano
La situación que atraviesa la economía mundial no es nueva. John Maynard Keynes, economista vilipendiado hasta la saciedad en los últimos veinte años por los neoliberales y cuya doctrina ha sido dada por muerta tantas veces, la denominaba situación intermedia: no es desesperada pero sí preocupante. Pero lo que de verdad son nuevos son los factores que la rodean.
El principal factor diferencial lo encontramos en la tendencia que ha seguido nuestra sociedad. Llevamos un par décadas caminando por un capitalismo salvaje. Hasta 1989 el mundo estuvo dividido en dos sistemas políticos, sociales y económicos antagónicos. Uno, el basado en las teorías de Marx y cuyo principal adalid era la URSS, de planificación centralizada. El otro, implantado en los países autodenominados occidentales es el de economía de mercado, también conocido como capitalismo. Este permanece vigente en la actualidad y se ha extendido a todo el globo. De hecho, hace ya unos años que surgió una corriente de pensamiento –el pensamiento único- que sin hacerlo explícito da a entender que el sistema capitalista es la mejor situación que podría alcanzar la humanidad, y que, por lo tanto, hemos terminado nuestro largo periplo en busca del grial económico.
La desaparición del denominado bloque del este introdujo cambios positivos para los países que lo integraban, pero también provocó efectos negativos en las sociedades occidentales. Estas perdieron el referente que en gran medida había condicionado la construcción y el mantenimiento del Estado del bienestar, y poco a poco, al principio de manera oculta y últimamente de forma descarada, comenzaron a desmontarlo. En aras de la competitividad, del aumento de las cuotas de mercado, y un largo etcétera de términos ‘economicistas’ hemos visto como se ha procedido a la privatización de la sanidad o al aumento de la jornada laboral hasta las 65 horas. El resultado, un modelo económico regido por la mano invisible del mercado sin necesidad de la intervención del estado y donde todo valía para obtener beneficios.
A este modelo ideal del pensamiento único le ha surgido una gran grieta. En el verano de 2007 comenzó una crisis financiera en Estados Unidos que se ha trasladado al resto del mundo. Grandes bancos como el inglés Northern Rock o el americano Lehman Brothers, entidades hipotecarias tipo Fanni Mae y Freddie Mac, o aseguradoras como AIG han atravesado graves dificultades e incluso la quiebra, lo que ha obligado a nacionalizarlas.
En esta coyuntura los gobiernos han optado por intervenir en la economía: el de Estados Unidos ha lanzado un plan de rescate de unos 480.000 millones de euros para la compra de activos basura; el español ha inyectado 30.000 millones de euros en el sistema financiero con la compra de activos sin riesgo; el británico ha nacionalizado parte de su sistema financiero,… y el FED, el BCE y otros bancos centrales han acordado, por primera vez en la historia, una bajada conjunta de medio punto de los tipos de interés.
Y es que cuando algunos predijeron el fin de la búsqueda del grial y el enterramiento de la doctrina de Keynes, parece que no tuvieron muy en cuenta las enseñanzas del maestro Sun Tzu cuando señalaba que en la guerra no se es más fuerte por contar con más efectivos, ni cabe atacar por tener un mayor poderío militar, lo que importa es mantener la cohesión de las fuerzas, predecir con acierto y conservar la confianza en uno mismo.
Ahora resulta que el pensamiento único, el capitalismo salvaje, los amigos de Smith y Friedman no tienen más remedio que recurrir a Keynes y su intervencionismo del estado para superar esta crisis. Lo dicho, un muerto muy…muy vivo.

lunes, 6 de octubre de 2008

¿A quién llamarías a las tres de la mañana en España?

El general es la salvaguardia del estado. Si la salvaguardia es completa, el estado seguramente será fuerte. Si la salvaguardia se agrieta, el estado seguramente será débil


Los acontecimientos económico-financieros se están desarrollando a tal velocidad que cuando queremos ponernos a escribir sobre un tema rápidamente hay que saltar a otro. En los últimos días hemos visto cómo se anunciaba el final del capitalismo, o la necesaria ‘refundación del sistema financiero’.
El presidente francés Sarkozy ha convocado este fin de semana (4-5 de octubre) una reunión de los países europeos del G-8 para buscar una posición conjunta de la UE ante las ‘turbulencias’ del sistema financiero, que cada día se parecen más a una caída en picado. La reunión ha demostrado que la UE es una entelequia en cuanto las cosas se ponen feas, y también quienes son los que realmente cuentan a la hora de tomar decisiones: España no es uno de ellos por mucho que nos empeñemos. Nueva lección de la diplomacia francesa que nos debería hacer pensar sobre nuestro papel y nuestros aliados dentro de la Unión.
Pero lo que más nos ha gustado de este fin de semana ha sido un artículo de Paul Krugman publicado en El País. En él se pregunta a cuál de los dos líderes, Obama o McCain, le gustaría que llamasen a las tres de la madrugada para, como presidente de los Estados Unidos, buscar una solución a la crisis financiera. Esto le permite comparar los programas económicos de los dos candidatos y su posición ideológico-económica.
Eso mismo nos hemos planteado nosotros en el caso español. ¿A quién o a qué partido nos gustaría tener en el gobierno ante esta crisis económica? La respuesta en los siguientes párrafos.
Es cierto que el gobierno ha sido incapaz de reconocer la existencia de una crisis económica hasta que era evidente para todos salvo para él. ‘Leoncio’ Zapatero y ‘Tristón’ Solbes no parecen el mejor dúo para afrontar una crisis. Ni el primero, con su optimismo irracional que ha rayado en la osadía económica en algunas de sus actuaciones como los famosos 400€, ni y el segundo por la tristeza de su personalidad y forma de comunicar han sido muy eficaces a la hora de transmitir confianza a los mercados y los consumidores. Estos últimos a la vista de la incapacidad del gobierno para reconocer la gravedad de la situación económica han hecho algo muy español, sobrerreaccionar, haciendo caer la confianza hasta su mínimo histórico.
Pero aún así, hay que reconocerle al gobierno que ha actuado. Nos pueden gustar más o menos las acciones que ha acometido, nos puede parecer que quitarse la corbata no es una gran política energética, pero su capacidad de reacción ha estado ahí y ha puesto en marcha todas las medidas de política económica a su alcance.
Y mientras tanto ¿qué ha hecho el PP? Criticar, criticar y no aportar ninguna solución. No recordamos ni una sola vez en que el señor Rajoy o su equipo hayan aportado ideas para hacer frente a la crisis económica. Y cuando lo han hecho han sido las de siempre, reformas estructurales, es decir, despido libre, o de risa: le recordamos a la Sra. Saéz de Santamaría que España no tiene capacidad de actuación en política monetaria. El PP parece haber cambiado el terrorismo de la pasada legislatura por la economía en esta, pero sin haber variado su estrategia: todo está muy mal, todo es culpa del gobierno, y todo va a ir a peor si no nos votan a nosotros.
Hemos repetido varias veces en este blog lo que creemos que debe ser el principio básico para superar una crisis sin precedentes que va a alterar el modelo económico en el que hemos vivido: todos, gobierno, oposición, sistema financiero y ciudadanos debemos remar en la misma dirección. Esto es lo que han hecho en Estados Unidos, donde recordemos una propuesta de un presidente republicano ha sido aprobada con el apoyo mayoritario de los demócratas, y lo que pronto veremos en un buen número de países de la UE. Pero el PP sigue empeñado en abrir vías de agua. Recapaciten señores del PP, porque con esa actitud sería suicida que los españoles les concediésemos el timón. Sean sensatos y arrimen el hombro por el bien de todos.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La formación universitaria española. ¿Va el EEES a cerrar el gap entre educación y mercado o son los grados los mismos perros con distintos collares?

En el ejército la cantidad no implica calidad. No avances con aire marcial. Basta con que seas fuerte, te enfrentes al enemigo y lo derrotes; eso es todo.
No obstante, si uno no planifica y no presta consideración al enemigo, con seguridad será vencido por él.
La semana pasada un Informe de la OCDE sobre educación señalaba que España era el país con mayor porcentaje de estudiantes universitarios de la Organización. Esta información tan positiva permitió incluso la aparición de nuestra Ministra de Educación enfatizando las bonanzas del sistema educativo español.
Pero dos días después recibimos la cara negativa de ese mismo Informe, ya que España es también el país de la OCDE con mayor porcentaje de sobreeducación. En realidad el Informe corrobora lo que vemos todos los días: muchos universitarios de nuestro país trabajan en profesiones que nada tienen que ver con su capacitación.
¿Cuál es el motivo de que tengamos tantos universitarios y que, sin embargo, no encuentren trabajo en la profesión para la que se ha cualificado? La respuesta es casi obvia: las titulaciones universitarias actuales no se ajustan a las demandas del mercado.
Una propuesta teórica de solución a este desajuste entre la oferta educativa y la demanda del mercado es el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Pero ¿son los nuevos grados una solución real a la actual situación? ¿se ajustan de verdad a las cualificaciones que demanda la realidad ? Por lo visto hasta ahora ni mucho menos.
El EEES nos ha pillado a todos, Ministerio, Universidades y profesores, ‘fuera de juego’. Nadie esperaba que se fuera a aplicar y si a eso añadimos esa costumbre tan española de dejarlo todo hasta el último momento, era lógico que llegásemos a su implantación y nadie hubiese hecho nada. Los gobiernos de ambos partidos se sucedían, y nadie se ponía manos a la obra porque o bien no creían en el proyecto de Bolonia o bien porque la Universidad es una patata caliente a la que nadie quiere meter mano. Durante muchos años ha existido un compromiso tácito entre la Universidad española y los diferentes Ministerios: yo os pago poco, una miseria si nos atenemos a los sueldos de otras universidades europeas y a la cualificación exigida, pero os dejo hacer lo que os dé la gana. Incluso en algunas universidades se ha permitido "montar chiringuitos" para compensar esos ingresos reducidos.
Pero llegó el momento de la implantación del EEES, el Ministerio se vio con el agua al cuello y decidió tirar hacia delante rompiendo su propio esquema (yo pongo el 80% de las materias) y dejando que las Universidades hicieran lo que quisieran pero con una restricción: ni un solo euro más de presupuesto. Dicho en román paladino: haced el cesto con los mismos mimbres.
Esta era la situación de partida para la oferta educativa universitaria: ni un euro más; un porcentaje importante del profesorado desincentivado económicamente, funcionario, es decir que se le puede presionar lo justo, que lleva años impartiendo la misma materia y al que lo único que se le ofrece es más trabajo por el mismo sueldo; plena libertad a las Universidades para que elaboren sus grados; y todo cubierto por un lenguaje ininteligible, digno muchas veces de los diálogos de los hermanos Marx.
¿Cuál podía ser el resultado de esta mezcla explosiva? Unos grados que se ajustan no a las necesidades de la demanda, sino a lo que existe en la oferta. Nuevos grados que no se orientan al mercado sino que se ajustan al profesorado actual que tienen las universidades y a los conocimientos que estos poseen. Es decir, los mismos perros con distintos collares.
Nosotros estamos convencidos que este esfuerzo del EEES es necesario e incluso imprescindible y que en el futuro funcionará. Pero es probable que haga falta que la actual generación de profesores que "cerramos" la Universidad nos jubilemos y que entre savia nueva para regenerarla, a la que, por otra parte, habrá que pagar de acuerdo a su cualificación. Pero hasta entonces seguiremos saliendo en los rankings de la OCDE en las mismas posiciones. Eso si la ANECA y el gobierno no lo remedian.

lunes, 15 de septiembre de 2008

A vueltas con las financiación autonómica. Una sencilla propuesta federalista

Si actúas de forma consecuente para entrenar a tus hombres, ellos te obedecerán. Si actúas de forma inconsecuente para entrenarlos, no te obedecerán. Aquel que actúa de forma consecuente se halla en sintonía con la tropa.
En las últimas semanas se ha reabierto el debate sobre la financiación autonómica. Nada nuevo si no fuera porque en esta ocasión quienes amenazan al gobierno con ponerle las cosas difíciles son aquellas autonomías en las que gobiernan sus ‘hermanos’ de federación, fundamentalmente catalanes y gallegos. Pero ¿qué modelo tenemos ahora?, ¿cuál es la nueva propuesta? y ¿qué modelo debería ser utilizado a nuestro juicio? Trataremos de responder a estas preguntas con un sencillo ejemplo.
En la actualidad España es una familia que tiene una madre, la Administración Central regentada en alternancia por los dos grandes partidos, y 17 hijos (las autonomías) que trabajan y se ganan la vida (a través de los impuestos directos). El modelo lo podríamos catalogar de madre controladora o dominante, ya que la madre/estado recoge el sueldo de todos sus hijos y lo distribuye entre ellos en función de su criterio. Es un criterio eminentemente comunista: de cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades (que determina, eso sí, el partido en el gobierno). Evidentemente esto supone un alto grado de arbitrariedad.
Arbitrariedad en la recolección de los ingresos, ya que el trato no el mismo para todos: Patxi se queda con lo que ingresa y da solo una parte, el cupo, a la madre; Fermín siempre tuvo un trato diferencial, incluso cuando vivía el abuelo Francisco; y al resto poco a poco ha ido cediéndole parte de sus ingresos, si bien todavía controla un porcentaje elevado.
Pero donde se demuestra más la arbitrariedad es en el reparto: Rocío, Guadalupe, Suso y Caco tienen un trato preferencial, probablemente porque son un semillero de votos que hay que cuidar especialmente y de los que depende la elección del partido que ejerce de madre; Marcos se da por perdido, porque con su edad no es probable que cambie de opinión ni dándole más dinero; de Jordi siempre se ha desconfiado y a Isidro le han cortado el grifo estos últimos años por rebelde y castizo.
Ante esta situación algunos hijos se han rebelado y han pedido un cambio de modelo. Jordi ha exigido ser tratado como Patxi, y la actual madre, en una de esas promesas que luego es incapaz de cumplir, le dijo que sí. Pero ¿es sensato lo que piden los catalanes? Desde nuestra perspectiva sí y no.
Comencemos por el sí. La propuesta catalana sería plenamente asumible si se aplicase a todas las CC.AA. Es, en definitiva, un modelo federal al que podríamos denominar de madre administradora. En él cada Comunidad se haría responsable de sus ingresos (impuestos directos) y gastos (transferencias), aportando un porcentaje para los gastos comunes y para ayudar a aquellos hermanos que están en peor situación. Esto reduciría significativamente la arbitrariedad, que no existiría en los ingresos y que sería mucho más controlable en los gastos. Pero además introduciría disciplina en estos últimos en algunos hijos que llevan años ‘tirando de largo’ apoyados por la madre/estado para gastar mucho más de lo que ingresan.
Nuestro rechazo a la propuesta catalana viene por su demanda de ‘asimetría’. Es decir, que se me deje a mí mantener mis ingresos pero que los demás contribuyan al fondo común como hasta ahora. A esta propuesta se le puede aplicar el dicho español de ‘lo mío mío y lo de los demás a medias”, y suena demasiado a un intento de aprovechar ese fondo común para saldar la deuda que el actual gobierno contrajo con Catalunya en las pasadas elecciones. Ello a costa de las demás CC.AA. que aportan mucho más de lo que gastan (sobre todo Madrid y la Comunidad Valenciana que, por azares del destino, están gobernadas por la oposición) y permitiendo que Rocío, Guadalupe, Suso y Caco se sigan llevando la ‘parte del león’ de los ingresos comunes.
Nuestra propuesta en este caso es clara: España está hoy madura para un modelo federal, cuando menos en lo económico, que permita a todas las CC.AA. manejar sus ingresos y gastos. Y luego, obviamente, un fondo para los gastos comunes y para ayudar a quien lo necesita. Pero también es importante que aquél da la ayuda sepa lo que se está haciendo con su dinero, y que quien la recibe sea también consciente de que parte de lo que está gastando se lo debe a sus hermanos. Solidaridad sí, pero también responsabilidad e igualdad de trato.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La crisis española. ¿Para cuándo una respuesta realista de los grandes partidos?

Si el general se dirige a sus hombres de forma repetida y suave, en tono mesurado, es que ha perdido el respeto de su tropa, si se otorgan muchas recompensas es que necesita mucha ayuda… si el ejército enemigo se muestra airado y se enfrenta a ti durante mucho tiempo, sin llegar al ataque o proceder a la retirada, deberás examinar cuidadosamente la situación.
Desgraciadamente, lo que augurábamos muchos de los profesionales de la economía hace unos meses ha sido corroborado por los últimos datos: la recesión económica está a la vuelta de la esquina. Con el segundo trimestre de este año en un crecimiento prácticamente nulo, 0,1%, y unas previsiones para el actual que no mejoran, la recesión en su más estricta definición, dos períodos sin crecimiento, es un hecho por mucho que el gobierno se empeñe en seguir enmascarándolo con una terminología que movería a la risa si no fuera por la gravedad de la situación – el presidente ha pasado de los informativos a los programas de humor -.
Dos hechos políticos empeoran, además, los problemas económicos a los que se enfrenta nuestro país: la actitud del gobierno de seguir ‘negando la mayor’, utilizando eufemismos para algo que otros países de nuestro entorno ya han reconocido: el fin de semana pasado el ministro de economía británico afirmaba que era la peor crisis de los últimos 60 años; y la de la oposición, empeñada en utilizar cualquier arma para criticar la política gubernamental, pero sin aportar ninguna idea positiva y sin ningún ofrecimiento de colaboración.
El que el gobierno no reconozca la crisis plantea a su vez un doble problema: hace menos creíbles las medidas de política económica que trata de aplicar, ya que si la situación no es tan grave no tiene sentido emplear medidas enérgicas. Es como dar quimioterapia sin haber reconocido antes que existe un cáncer sino una ‘enfermedad complicada’; y por otro lado, posibilita el resurgimiento de la vieja mentalidad española que nos dice que si alguien niega el problema debes buscar ya mismo una solución, porque este es mucho más grave de lo que se afirma –siguiendo con el símil, si el médico nos dice que la enfermedad es grave pero que seremos capaces de superarla ya ‘sabemos’ que es mortal-. De esta forma, el gobierno ha reforzado la pérdida de confianza de los consumidores, elemento clave en la actual crisis económica española. Porque no olvidemos que una parte importante de esta crisis se encuentra en la confianza de los consumidores de nuestro país que han decidido retraer su gasto previendo un futuro que se vislumbra mucho más negro de lo que probablemente vaya a ser. Somos españoles, y por ello dados a sobrerreaccionar: hace un año éramos los más ricos de Europa –recuerden que habíamos superado en renta per cápita a Italia y en algún medio se llegó a afirmar que éramos la locomotora de Europa- y ahora somos pobres de solemnidad.
Por su parte, el PP vuelve a aplicar la misma política que ya le hizo fracasar en la pasada legislatura, si bien esta vez en lugar de utilizar el terrorismo ha elegido la crisis económica. Su táctica: echarle la culpa al gobierno de todo lo que pasa, no colaborar y, sobre todo, no ofrecer ninguna alternativa. En este comienzo de curso no hemos visto en ningún momento al señor Rajoy y a su partido hacer ni una sola propuesta positiva que sea aplicable en la solución de la crisis. Como decimos, esta estrategia le llevó a perder las pasadas elecciones y aunque la crisis le pasará factura al partido en el gobierno, la oposición no transmite ninguna capacidad para abordar esos mismos problemas económicos.
Como nosotros no deseamos actuar como la oposición, queremos seguir ofreciendo algunas ideas en este blog. La primera es obvia a partir de lo aquí expuesto: el gobierno debe explicar a los ciudadanos la gravedad real de la crisis económica española, los márgenes de actuación, y las medidas que está aplicando para cambiar un modelo de crecimiento ya agotado, basado en la construcción, por otro que debería estar sustentando por la creatividad y la innovación. Con seriedad, sin brindis al sol, llamando a las cosas por su nombre y haciéndose creer. Y por favor, una política de austeridad en el gasto público corriente y en las promesas electorales y los pactos de financiación autonómica: no estamos para dilapidar nuevamente 10.000 millones de euros por una ocurrencia.
Y a la oposición le recomendamos lo de siempre: colaborar. La situación económica es lo suficientemente grave como para requerir un pacto de estado. Ya se hizo una vez incluso por políticos que se habían enfrentado en una guerra civil. Eso si fue un acto de patriotismo.

martes, 8 de julio de 2008

¿Es el petróleo un bien de lujo en España?

"...Los planes de los sabios incluyen necesariamente ventaja y daño. Incluyen ventajas. Por eso puede confiarse en el servicio. Incluyen daño. Por eso se puede deshacer la adversidad".

La actual situación energética, con unos precios del petróleo cercanos a los 150$ el barril, no parece que vaya a remitir sino que con mucha probabilidad tenderá a complicarse aún más. Y ello porque ni las demandas de los países desarrollados van a disminuir a corto plazo –la demanda es muy inelástica a corto y medio plazo- , ni mucho menos las de otros países como China o la India, ya que sus altas tasas de crecimiento están asentadas en necesidades crecientes de combustible.
Esto plantea un problema muy grave a economías como la española, totalmente dependientes de las importaciones de crudo. Pero, y sobre todo, plantea un problema conceptual que ni desde los foros económicos ni mucho menos desde los políticos hemos visto confrontar: ¿se ha convertido el petróleo en un bien de lujo para los consumidores finales españoles?, lo que se traduce en otra pregunta: si es así, si es un bien escaso y de consumo suntuoso para ese colectivo, ¿no sería bueno adoptar una política económica que reconociera nuestra dependencia energética y que actuase con firmeza para reducir el consumo especialmente ese no necesario?. Nosotros creemos que sí, pero vayamos por partes.
Dentro de los consumidores españoles pueden distinguirse claramente dos grupos: aquellos que necesitan el petróleo para desarrollar sus actividades productivas –empresas y autónomos, fundamentalmente- y aquellos otros que utilizamos los combustibles para actividades no necesarias para nuestro sustento –transporte al trabajo, disfrute privado, ocio,…-. La actual política energética no distingue entre estos dos colectivos, de forma que el precio de las gasolinas es el mismo para todos los consumidores, independientemente de su destino final si descontamos el gasóleo agrícola y pesquero.
Pero como acabamos de señalar, la misión del combustible en uno u otro caso es muy dispar. Mientras que para los primeros, los que lo emplean para actividades productivas, es una necesidad, para los otros, los que lo empleamos para satisfacer nuestro consumo final, es un producto no necesario, sustituible por otros como los transportes públicos.
Pues bien, si es un producto escaso, si España no puede pagar la factura energética al precio al que ahora se ha situado el barril, si para ese segundo grupo de consumidores que comentamos los combustibles son un producto que no está dedicado a satisfacer necesidades básicas ¿por qué no desincentivar el consumo privado finalista del petróleo? ¿Por qué no modificar el sistema impositivo introduciendo una tarifa en dos tramos como se hace con la electricidad?
Nuestra proposición es sencilla: supongamos que hay 10 consumidores 6 de los cuales son empresas o autónomos y 4 son consumidores finales (como usted o como yo que utilizamos el coche para el ocio) y que el precio del litro de gasoil es de 1€ (¡ojalá!) de lo que 0,50€ son impuestos por lo que la recaudación es de 5€. Introduzcamos un sistema de tarifa por tramos: si no queremos cargar el precio de las empresas y hacemos desaparecer el impuesto para ellas pagarán 0,50€ el litro, mientras que la recaudación total recaerá sobre los 4 consumidores finales que deberán pagar el litro de gasoil a 1,75€ (0,50 del precio más 5€ de recaudación impositiva distribuida entre 4 consumidores finales).
Es evidente que la propuesta necesita múltiples matizaciones y, sobre todo, de la implantación de un sistema de vigilancia que elimine la posibilidad de un mercado negro. Pero como ya hemos dicho está vigente en otros productos energéticos como la electricidad. ¿Por qué no las gasolinas?
Una última cuestión. Se nos ha acusado de que esta propuesta favorece a los ricos. Pero ¿incrementar los impuestos en los yates para que solo los utilicen aquellos que quieren navegar en condiciones suntuosas favorece también a los ricos? Pues piensen que es lo mismo: los combustibles son ya, hoy por hoy, un bien de lujo para los consumidores españoles. Y es hora de que lo asumamos y actuemos en consecuencia.